La colaboración con las organizaciones en el contexto internacional: lecciones del personal de las ONG en África Oriental

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El Laboratorio de Derechos Humanos de la Universidad de Minnesota fomenta la colaboración entre los investigadores académicos y las organizaciones que apoyan a beneficiarios. Estos esfuerzos de colaboración pueden enriquecer el estudio al vincular el pensamiento teórico y académico con la experiencia práctica en el terreno. Pero no todas las organizaciones tienen la capacidad, o siquiera el interés, de colaborar. ¿A qué organizaciones es mejor que se dirijan los investigadores? ¿Cuáles factores facilitan la colaboración y cuáles la obstaculizan?

Nuestro trabajo de campo patrocinado por el Laboratorio sugiere que muchas ONG aprecian las asociaciones de investigación colaborativa solo en circunstancias específicas y a menudo con base en la subcontratación. Sin embargo, descubrimos que hay organizaciones a las que les entusiasma trabajar con investigadores externos. Los investigadores en busca de una organización que pueda ofrecerles contactos y legitimidad a cambio de su trabajo pueden formar una alianza fructífera con una ONG local y pequeña. Si los investigadores desean colaborar con miembros de una organización en un tema de importancia mutua, recomendamos que se pongan en contacto con ONG locales e internacionales con una misión de investigación. 

Nuestra investigación también destacó la importancia de analizar detenidamente los costos que asumen las organizaciones al colaborar con investigadores. Dado que el tiempo dedicado a una iniciativa de investigación conjunta implica dedicar menos tiempo a los programas de la organización, ¿se necesita alguna clase de compensación —trabajo voluntario, dinero en efectivo, etc.— para garantizar que las alianzas sean equitativas? ¿Hay posibles costos reputacionales para la organización en caso de que, posteriormente, los investigadores publiquen contenido que critique a la organización o su labor? En contextos con instituciones jurídicas débiles, donde es posible que los contratos no ofrezcan garantías firmes, los investigadores tienen que hacer un esfuerzo deliberado para cultivar confianza y encontrar maneras de asegurarse de que las organizaciones se sientan protegidas contra estos riesgos. 

Nuestra investigación

A principios de 2019, solicitamos una beca del Laboratorio de Derechos Humanos para proyectos dirigidos por profesores y estudiantes, para financiar nuestro trabajo en curso sobre el desplazamiento forzado. Nuestro proyecto se centraba en cómo los actores gubernamentales y del sector sin fines de lucro identifican los terrenos para los campamentos de refugiados y de qué manera influye esa asignación de terrenos en el acceso de los refugiados a los mercados y servicios. Sin embargo, no pudimos identificar una organización con la cual colaborar, así que no nos fue posible aplicar en su totalidad el Modelo de Minnesota en nuestro estudio sobre los campamentos de refugiados y el uso de la tierra. Por lo tanto, aprovechamos las aportaciones colectivas del profesorado y el asesoramiento dentro del Laboratorio para ampliar nuestro proyecto y permitir la colaboración y el aprendizaje significativos sobre el terreno. Durante su trabajo de campo patrocinado por el Laboratorio en el verano de 2019, Colette también se puso en contacto con algunas ONG para saber cuándo les resulta más beneficioso colaborar.

Colette entrevistó a 10 informantes clave que trabajaban en organizaciones no gubernamentales internacionales (ONGI), locales y regionales en Uganda, Ruanda, Kenia y Tanzania. En estas entrevistas, hablamos sobre las colaboraciones en las que habían participado las organizaciones y por qué estas colaboraciones fueron fructíferas. Describimos nuestros principales hallazgos a continuación.

Las asociaciones exitosas entre académicos y organizaciones suelen ser de larga duración

En muchos casos, las ONG con las que nos encontramos tenían relaciones de largo plazo con universidades con las que colaboraban periódicamente para hacer investigaciones. Por ejemplo, una ONGI en Kigali tiene una relación estrecha con la Universidad de Ruanda. Colabora frecuentemente con sus estudiantes de doctorado en campos como la salud pública, la economía y la educación para evaluar programas. En Uganda, muchas de las ONGI colaboran de forma habitual con los departamentos de la Universidad de Makarere, en Kampala. Los miembros entrevistados de una ONGI cristiana en Uganda mencionaron sus alianzas con universidades cristianas de la misma denominación en los Estados Unidos. En estos ejemplos, las colaboraciones están sustentadas en una característica compartida, por ejemplo, una identidad religiosa o nacional compartida entre los investigadores y las organizaciones. 

Para las ONGI, las asociaciones de largo plazo también pueden obedecer a las decisiones tomadas en sus oficinas centrales. Un ejemplo es el caso de una ONGI establecida en Ruanda que tiene sus oficinas centrales en Europa y que ha mantenido una larga relación con una universidad europea cercana. A través de esta relación, la matriz de la ONGI envía estudiantes de posgrado a sus oficinas en Ruanda para hacer investigaciones. Para los casos de investigadores que deseen formar lazos internacionales con organizaciones, este ejemplo destaca la importancia de que los investigadores y las oficinas de la organización estén en la misma ubicación geográfica.

¿Cuándo resulta atractivo formar una nueva asociación?

Algunos informantes clave estaban muy abiertos a la idea de asociarse con investigadores. ¿Qué hacía que las asociaciones resultaran atractivas para estas organizaciones? 

1. Las organizaciones pequeñas pueden estar dispuestas a intercambiar contactos y legitimidad local por horas de trabajo voluntario: por ejemplo, en una ONG local de Kenia, había un estudiante de doctorado trabajando como “pasante” durante la visita de Colette. A cambio del contacto con los beneficiarios, le pidieron al estudiante de posgrado que dedicara horas de servicio voluntario a las actividades de la organización. Una ONG de Tanzania también dijo que con gusto apoyaría el trabajo de investigadores a cambio de trabajo voluntario. Estas modalidades de asociación no se ajustan al Modelo de Minnesota, ya que constituyen transferencias de recursos en lugar de esfuerzos colaborativos. Pero es posible que el intercambio genere un beneficio neto para las organizaciones con recursos limitados.

2. Organizaciones con misiones de investigación: la mayoría de las ONG con las que hablamos se dedican a prestar servicios a los beneficiarios. Sin embargo, una ONG regional ugandesa centrada en la investigación manifestó un claro interés por la colaboración. Esta clase de organizaciones investigativas valoran el trabajo encaminado a incidir en las políticas, que es un objetivo al que pueden contribuir muchos de los investigadores académicos. A diferencia de otras ONG dedicadas a la asistencia para el desarrollo o en caso de emergencias, la misión de una ONG de investigación es más compatible con los objetivos de los investigadores académicos. Por este motivo, el valor de asociarse puede ser más evidente.

3. Organizaciones protegidas contra los riesgos: una ONG regional en Uganda expresó su interés por colaborar con investigadores académicos y expertos del sector privado. Su personal consideraba que se pueden obtener enormes beneficios de los esfuerzos de colaboración que aprovechan la experiencia respectiva de esta tríada de participantes. Esto a pesar del riesgo percibido de que los investigadores pudieran publicar conclusiones que dañaran la reputación de la organización con los donantes. Los factores decisivos fueron la apertura general de la dirigencia de la organización y sus vínculos estrechos con una entidad de la ONU que constituía su fuente principal de financiamiento. Tener el financiamiento asegurado ofrece protección contra los riesgos para las ONG y les permite adoptar enfoques creativos para mejorar sus actividades. 

Algunas organizaciones solo relacionan las asociaciones con la subcontratación

Para muchos informantes clave, sobre todo los de las ONGI, formar asociaciones con académicos solo es valioso si estas contribuyen directamente a facilitar o fortalecer los programas actuales de la organización. Cuando se les pidió hablar sobre asociaciones académicas anteriores que tuvieron éxito, muchos representantes se refirieron de inmediato a algún caso en el que una consultora de investigación o un equipo afiliado a una universidad llevó a cabo una evaluación de las necesidades o de los programas. Esta interpretación de la asociación no coincide con el Modelo de Minnesota, ya que se parece más a la subcontratación que a la colaboración. 

Lecciones para el Modelo de Minnesota: fomentar la confianza con las organizaciones

Tomando en cuenta que las organizaciones pueden percibir las asociaciones como un riesgo, fomentar la confianza es absolutamente crucial. Las instituciones académicas deben actuar con deliberación al diseñar proyectos de colaboración y fomentar el saber institucional sobre cómo encontrar y conservar a sus  aliados. La confianza irá aumentando en función de la reputación del grupo como un actor confiable y transparente. 

Otra estrategia para crear confianza es asegurarse de que los investigadores cultiven relaciones de largo plazo con organizaciones pertinentes con sede local. Como señalamos, el hecho de que los equipos de investigación y una de las oficinas de la organización estén en la misma ubicación geográfica parece favorecer esta clase de asociación. Las relaciones duraderas generan más interacciones con el tiempo, con lo que aumenta la confianza y seguridad entre las partes asociadas. Además, la creación de este tipo de relaciones formales puede propiciar que los objetivos de los investigadores se incorporen en la planificación a largo plazo de las organizaciones.