El financiamiento no puede detener los abusos de derechos humanos

El trabajo de las organizaciones de derechos humanos en los territorios palestinos ocupados nunca podrá acabar con los abusos. Eso sólo puede lograrse mediante una solución política que termine con la ocupación israelí. Mientras tanto, los donantes que apoyan el trabajo de derechos humanos en Palestina deberían reducir sus exigencias burocráticas. 


By: Lori Allen
November 12, 2013

En julio, liberaron de una prisión israelí al sobrino de 23 años de edad de un amigo mío. El joven, un periodista palestino proveniente de un campamento de refugiados de la zona de Belén, fue detenido en casa de su tío a la mitad de la noche. Después de herir a varios de sus familiares durante la incursión, los soldados israelíes se llevaron al muchacho y lo golpearon a tal grado que casi no podía caminar. Fue acusado de incitar protestas con sus fotografías y fue liberado de la prisión once días más tarde, después de pagar una fianza de 1,500 nuevos shéqueles israelíes (aproximadamente $417 dólares).

Este tipo de situaciones suceden todo el tiempo a lo largo de los territorios ocupados. Han estado ocurriendo por décadas. Alrededor de 50 organizaciones de derechos humanos de Palestina se encuentran en los territorios ocupados registrando estos abusos o trabajando de alguna manera en cuestiones de derechos humanos. 

Nir Alon/Demotix. All rights reserved.

A lo largo de los años, estas organizaciones han desarrollado una gran experiencia en la documentación de todas las maneras en que la ocupación israelí viola los derechos de los 3.5 millones de palestinos que viven en los territorios ocupados. Al igual que,registran las formas en que la ocupación viola los derechos de los palestinos a la vida, a la educación, a la libertad de movimiento, al desarrollo económico y a no ser torturados. Analizan cómo el bloqueo de la Franja de Gaza viola el derecho a la libre circulación de 1.5 millones de palestinos que viven allí, muestran cómo se viola la libertad de prensa cuando Israel hostiga a los periodistas palestinos como el sobrino de mi amigo, y así sucesivamente.

Los donantes internacionales, de Europa y más allá, donan millones de euros cada año para que los grupos de derechos palestinos puedan continuar con su trabajo. Estas organizaciones tienen como objetivo garantizar la aplicación de los derechos humanos internacionales y el derecho humanitario, y abogar por los derechos de los palestinos. Sin embargo, es claro que no hay posibilidad alguna de que estas organizaciones eviten los abusos que realiza Israel hasta que haya una solución política que acabe con la ocupación israelí.

Mientras que la defensa de los derechos en otros lugares puede presionar a un gobierno para que respete sus propias leyes, en Israel esas leyes son, en sí mismas, fundamentalmente discriminatorias. La violación de los derechos de los palestinos es una característica inseparable de la ocupación. Las únicas fuentes de influencia sobre las autoridades israelíes son los votantes israelíes, para quienes los derechos de los palestinos no son una prioridad, y la comunidad internacional de Estados y negocios globales. La evidencia irrefutable del continuo abuso de los derechos palestinos no ha sido suficiente para convencer a estas potencias de penalizar a Israel de alguna manera significativa que pudiera restringir los abusos o poner fin a la ocupación.

La burocracia de los derechos humanos

Los donantes creen que sus contribuciones pueden ayudar a acabar con los abusos contra los palestinos. Lo que realmente están haciendo es financiar una industria que proporciona empleo en un lugar en donde hay muy pocas oportunidades de trabajo. 

Esta industria funciona de la siguiente manera. Las organizaciones de derechos humanos (Human Rights Organizations, HRO) palestinas documentan las violaciones, redactan informes, crean materiales de promoción, dan asistencia legal a los prisioneros políticos palestinos, proporcionan capacitación sobre derechos humanos a los agentes de seguridad palestinos, promueven el “buen gobierno” en la Autoridad Palestina (AP) y dan clases a los niños sobre su derecho a la educación y el esparcimiento, entre otras actividades. Las HRO palestinas están especialistas en analizar todas las formas en las que el derecho internacional humanitario y de derechos humanos prohíben que Israel confisque las tierras y aguas palestinas. Tienen práctica solicitando a los estados firmantes de la Cuarta Convención de Ginebra que cumplan con sus compromisos; y son expertas en la distribución de videos que capturan algunas de las muchas maneras en las que los colonos y soldados israelíes causan estragos, al tratar brutalmente a los agricultores y niños palestinos.

Al mismo tiempo, los donantes que financian esta labor exigen otros tipos de informes y registros. Piden informes con listas de resultados e impactos, como cuántas publicaciones se produjeron y cuántos folletos educativos se imprimieron. Las HRO deben registrar el número de beneficiarios, cuántas personas asistieron a los seminarios o cuántas acudieron a ellos para denunciar una violación. Parece que nadie mide si los soldados israelíes golpean menos a la gente, o si los colonos arrancan menos árboles. O, en relación con la Autoridad Palestina (AP), si los agentes de seguridad que asisten a los seminarios de derechos humanos ponen en práctica esas lecciones. La reciente brutalidad policial contra los manifestantes en Ramallah sugiere que no es así. Como me dijo un profesional de HRO que ha dado conferencias a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, con frecuencia la formación en derechos humanos es teórica, y permanece desligada de las experiencias reales. Pero mientras sea posible calcular ciertos “resultados” y se puedan contar algunos “beneficiarios”, los donantes están satisfechos. 

Recibir y leer todos estos informes es un trabajo tan arduo que las exigencias administrativas de los donantes han generado un nuevo campo de ONG intermediarias. Éstas son organizaciones dedicadas en su totalidad a la gestión de HRO; los donantes les transfieren su trabajo de papeleo y las HRO palestinas deben rendirles cuentas. Una HRO informó que, en un año, generó 114 informes independientes para sus patrocinadores y que gastó más de $70,000 dólares para “dar servicio a los donantes” con el fin de satisfacer sus demandas administrativas.

Lo anterior es una de las razones por las que los palestinos han adoptado una actitud más cínica hacia las ONG en general, ya que muchos creen que estas organizaciones son corruptas. Y la mayoría tiene pocas esperanzas de que las organizaciones de derechos humanos puedan mejorar las cosas en la práctica. Varias personas me dijeron que siguen denunciando los abusos ante las HRO porque es lo único que pueden hacer al respecto. Y del mismo modo, muchos palestinos que trabajan en las HRO reconocen que tienen una capacidad limitada para poner fin a los abusos, especialmente los que realiza Israel. Pero siguen realizando este trabajo porque, en su opinión, es mejor que no hacer nada.

La montaña de trabajo administrativo que los donantes les exigen a las HRO no es la razón por la que siguen existiendo las violaciones de derechos humanos. Pero sin duda nadie puede creer que gastar $70,000 dólares en informes trimestrales está ayudando en algo. La propensión de los donantes a pedir hojas de cálculo y estadísticas significa que los trabajadores de las HRO terminan pasando más tiempo haciendo papeleo que trabajando con la gente, o desarrollando estrategias a largo plazo para generar un verdadero cambio social y político.

Además, la mayoría de los donantes distribuyen sus fondos proyecto por proyecto. Así que para asegurar la supervivencia organizacional, las HRO deben pasar una cantidad importante de tiempo averiguando qué tipo de actividades querrán financiar los donantes y buscando patrocinadores para el siguiente proyecto. Y el siguiente, y el siguiente. Las HRO siempre dependerán de los caprichos de los donantes, quienes asignan su dinero a la violación de moda del mes. Antes de que la segunda intifada comenzará en el 2000, la sensibilización sobre el peligro de las minas terrestres era una causa popular. Durante la intifada, los proyectos de “intervención en caso de crisis” para niños traumatizados eran lo que todos tenían que hacer. De repente, todo el mundo estaba pintando los rostros de los niños para alegrarlos, o regalándoles crayones para que se expresaran y “airearan sus sentimientos”. Todas las anteriores pueden ser formas importantes y eficientes de aliviar algunos de los efectos de la violencia de la ocupación. Pero la naturaleza fragmentaria de la generosidad de los donantes hace que el enfoque se disperse y que la energía se disipe. Estos problemas tampoco se resuelven mediante la diversificación de las fuentes de financiamiento. En cualquier caso, las HRO tienen pocas probabilidades de conseguir patrocinadores entre los filántropos locales. Las exigencias sobre sus limitados recursos son enormes, incluso para los empresarios adinerados en Palestina y en la diáspora que pueden hacer contribuciones. Estos donantes suelen enfocar su ayuda en los esfuerzos de asistencia humanitaria durante las crisis agudas o en proyectos de desarrollo que tienen resultados más tangibles que los que tiene la promoción de derechos humanos.

El camino a seguir 

El financiamiento en materia de derechos humanos no debería otorgarse proyecto por proyecto, ya que esto requiere que las ONG gasten mucho de su tiempo armando propuestas de subvención para presentar aquí y allá. Las hace más propensas a actuar según lo que desean los donantes, lo cual impide que desarrollen y se dediquen a una visión propia y más amplia. Los patrocinadores deben confiar más en las personas con las que trabajan, reducir la burocracia y eliminar los formularios e informes que sólo sirven para satisfacer requisitos administrativos. Es posible que los donantes protesten, invocando los problemas de corrupción e ineficacia. Pero de todas maneras muchos esfuerzos para exigir la rendición de cuentas pueden resultar irrelevantes, ya que los tipos de cosas que las HRO son forzadas a calcular (número de publicaciones, número de beneficiarios, número de simposios impartidos, etc.) no revelan nada sobre su verdadero impacto o efectos.

Las organizaciones deberían recibir financiamiento en grandes bloques y éste debería incluir apoyo para infraestructura. A las ONG les es casi imposible obtener dinero para pagar por sus instalaciones, de manera que puedan contar con cierta estabilidad y centrar su atención en visiones y planes a largo plazo. Por ejemplo, un grupo con el que trabajo quería comprar un terreno para crear un parque con áreas verdes, para que los niños realmente pudieran ejercer su “derecho al esparcimiento”. Ni una sola de las decenas de organizaciones donantes a las que me acerqué estuvo dispuesta a contribuir. La infraestructura no es asunto suyo.

A pesar de los absurdos de este sistema, el financiamiento para el trabajo de derechos humanos no debe detenerse. Mientras la ocupación continúe, la fuente de los abusos sigue presente. Las HRO tratan de aliviar los síntomas, pero no pueden curar la enfermedad. Aunque las hipocresías de la industria de los derechos humanos son claras, los donantes no deberían retirarse.

Aunque los donantes están haciendo poco para detener la verdadera causa de las violaciones de derechos humanos, al menos generan trabajo en un lugar con niveles de desempleo extremadamente altos (20.1 por ciento en Cisjordania y 31.5 por ciento en la Franja de Gaza en 2012). La economía está en ruinas, y lo seguirá estando mientras Israel controle cuándo pueden o no pueden salir las personas de los territorios en los que viven; si los bienes, los materiales de construcción y la gente pueden llegar a sus destinos, y si los agricultores pueden acceder a sus campos ubicados en el lado israelí de la barrera de separación.

Lo que ya no debe suceder es que los donantes pregonen que su asistencia es un medio para limitar las violaciones de derechos humanos. La realidad es que solamente las soluciones políticas sistémicas pueden hacerlo.


Lori Allen is Lecturer in the Department of Middle Eastern Studies, University of Cambridge. Her book, The Rise and Fall of Human Rights: Cynicism and Politics in Occupied Palestine (Stanford University Press, 2013), examines the history of human rights activism in the occupied Palestinian territories.

 
 


 

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