La falta de acción sobre la igualdad de género pone en riesgo los ODS

Si no hay un cambio fundamental y transformador en la manera en que se trata la igualdad de género como parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, toda la agenda de los ODS está en riesgo.


By: Marte Hellema & Hannie Meesters
March 7, 2019

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Foto: EPA/EPA Jarome Favre


La desigualdad de género tiene un costo para y en todo el mundo, no solo para las mujeres y las niñas, sino también para sus familias, comunidades y sociedades en general. Aunque los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han puesto un gran énfasis en la igualdad de género, la realidad de la implementación hasta el momento no augura nada bueno para la consecución de estas ambiciones. Esto no solo podría resultar perjudicial para los ODS en sí, también volvería a confirmar que la falta de esfuerzos concertados y transformadores para combatir la brecha de género obstaculiza la realización de los derechos humanos y el desarrollo sostenible.

El reconocimiento de la importancia de hacer frente a la desigualdad de género ha ido en constante aumento en las últimas décadas. Esto se ha reflejado en varias resoluciones, convenciones y agendas globales. Cabe afirmar que las referencias anteriores no llegaron a poner la igualdad de género en primer plano.

Sin embargo, la Agenda 2030 y los ODS sí lo hacen. La igualdad de género y la incorporación de una perspectiva de género se mencionan a lo largo del Preámbulo y en el texto narrativo de la Declaración. Más importante aún, el Objetivo 5 pretende “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”. Además, hay metas explícitas relacionadas con la igualdad de género en nueve de los 17 objetivos.

Nuestra experiencia con los Objetivos de Desarrollo del Milenio nos ha demostrado la dificultad de alcanzar objetivos mucho menos ambiciosos. Muchas personas en el ámbito del desarrollo y más allá de este creen que género equivale a mujeres o reducen la igualdad de género al argumento de que como las mujeres y las niñas representan el 50 % de la población mundial, no debemos dejarlas atrás. Sin embargo, la realidad es mucho más compleja. No incluir a los hombres y los niños en las conversaciones y acciones relacionadas con el género, además de aumentar el riesgo de respuestas defensivas y obstructoras, también inhibe la posibilidad de combatir las formas tóxicas de masculinidad que son perjudiciales para todos.

Por ejemplo, los estereotipos de género nocivos sobre lo que significa ser un “hombre de verdad” pueden causar que los niños y los hombres se sientan obligados a no mostrar sus emociones; pueden fomentar comportamientos violentos; y pueden desalentarlos de buscar ayuda cuando la necesitan. Entre otras cosas, esto ha llevado a que, a nivel mundial, las tasas de suicidio sean más altas entre los hombres que entre las mujeres.

La imagen se vuelve aún más compleja cuando se considera un espectro más amplio de género. Alejarnos de un entendimiento binario tradicional del género nos obliga a ser aún más críticos en nuestro análisis de los roles y las expectativas de género tradicionales y restrictivos. Curiosamente, uno de los países más católicos del mundo, Timor-Leste, se ha convertido en un faro de esperanza para las personas LGBTIQ en Asia y celebró su segundo Desfile del Orgullo en 2018.

Si bien los informes de progreso sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2017 y 2018 muestran avances en áreas relacionadas con la educación, la mortalidad materna y la participación de las mujeres en la política, lograr avances generales ha sido un desafío. Uno de los principales obstáculos es la falta de inversiones destinadas específicamente a combatir la desigualdad de género de manera integral y transformadora. Con demasiada frecuencia, la igualdad de género se agrega a proyectos de derechos humanos o desarrollo más amplios, muchas veces a última hora. Esto significa que se convierte en un objetivo secundario frente a los objetivos principales de la actividad.

En los programas de respuesta en casos de desastre, a pesar de que los expertos saben que el género es importante, se suelen pasar por alto estas consideraciones en la práctica. Cuando ocurren desastres naturales, hay más muertes de mujeres que de hombres, las mujeres corren mayores riesgos de malnutrición, se convierten en víctimas de violencia de género y tienen necesidades específicas de atención médica y saneamiento. Además, los desastres a menudo agravan las desigualdades de género preexistentes. Esta información no es nueva; sin embargo, aunque en teoría muchos mecanismos de respuesta en caso de desastre incorporan una perspectiva de género, estas lecciones muchas veces se olvidan en la práctica.

En los casos en que la desigualdad de género ocupa un lugar central en una estrategia o programa determinados, con demasiada frecuencia hay un enfoque exclusivo en el empoderamiento de las mujeres. Si bien este es un factor crucial para combatir la brecha de género, estos proyectos se centran en el cambio con y entre las mujeres, en lugar del cambio estructural y transformador en las sociedades en general. 

Por ejemplo, es frecuente que los programas de microfinanciamiento que se centran específicamente en las mujeres no incluyan a los esposos u otros hombres en las comunidades. Aunque otorgar préstamos pequeños a las mujeres ha mejorado la situación económica de muchas de ellas, también puede tener el efecto contrario. Las investigaciones han demostrado que existe un vínculo entre el aumento en el acceso de las mujeres al crédito y la violencia intrafamiliar, a menudo debido a peleas por los fondos dentro del hogar o a la idea de que se están desafiando los roles de género. En otros casos, las mujeres se retiraron de los proyectos porque sus esposos o comunidades desaprobaban su creciente independencia.

También se ha identificado a la falta de datos que tengan en cuenta las cuestiones de género como un obstáculo clave. Esto se aplica tanto a la falta de datos desagregados por sexo, edad y otras características, como a la falta de vigilancia estratégica de las tendencias y los desafíos.

De los más de 230 indicadores que se desarrollaron para supervisar a nivel global la implementación de los ODS, 53 se refieren explícitamente a las mujeres, las niñas, el género o el sexo, incluidas las 14 metas del Objetivo 5. Pero no todas las metas tienen metodologías o normas establecidas a nivel internacional para la supervisión. Estas solo se han desarrollado para 30 de los 53 indicadores. Sin datos fiables y completos que tengan en cuenta las cuestiones de género, todos los esfuerzos por alcanzar el Objetivo 5 y otras metas relacionadas con la igualdad de género serán como arrojar dardos en la oscuridad.

Es crucial que todos los Estados miembros de la ONU y otras partes interesadas se centren en afrontar las barreras estructurales para la igualdad de género. La desigualdad de género está arraigada en nuestras familias, comunidades y sociedades. Es parte de nuestras normas culturales y sociales, leyes y tradiciones. La igualdad de género, tal como se persigue en todos y cada uno de los ODS, solo se podrá convertir en realidad a través de un cambio holístico, integral y transformador.

Para poder lograrlo, debemos responsabilizar a todas las partes interesadas, sobre todo a nivel nacional. Los Estados miembros de la ONU adoptaron por unanimidad los ODS y, al hacerlo, se comprometieron con la igualdad de género. No podemos aceptar los meros gestos o esfuerzos superficiales. Es preciso exigir a los Estados miembros, los donantes y las empresas que realicen inversiones y otorguen financiamiento dirigidos de forma mucho más específica a lograr la igualdad de género. No solo porque es lo correcto, sino porque los beneficios de cerrar la brecha de género al final nos afectarán a todos.

Por último, es necesario encarar la visión tradicional y binaria del género implícita en los ODS. Aunque la ONU cada vez da mayor reconocimiento a las personas LGBTIQ y los derechos de orientación sexual y expresión e identidad de género (SOGIE, por sus siglas en inglés), esto no se refleja en lo que posiblemente sea la agenda de desarrollo más importante del mundo. La falta de diversidad de género en los ODS no solo es poco ética, sino que socava la eficacia de todo el esfuerzo.

Los ODS son ambiciosos y holísticos. Esto es tanto su fortaleza como, potencialmente, su debilidad. La integración de la igualdad de género en todos los ODS es claro ejemplo de ello. El rol central que tiene la igualdad de género dentro de los ODS muestra su importancia como un requisito previo para lograr el desarrollo sostenible y los derechos humanos, pero también podría terminar siendo la ruina de los ODS si no se trata de manera adecuada e integral.

 

Una versión más larga de este artículo se publicó originalmente en ‘Working Paper Series 4: Sustainable Development Goals – A Human Rights Based Approach’ (Serie de documentos de trabajo 4: Objetivos de Desarrollo Sostenible – Un enfoque basado en los derechos humanos) de FORUM-ASIA en septiembre de 2018.

 


Marte Hellema es la administradora del programa de Comunicación y Medios del Foro Asiático para los Derechos Humanos y el Desarrollo (FORUM-ASIA) con sede en Bangkok, Tailandia.

Hannie Meesters es especialista en políticas del Centro Regional del PNUD en Bangkok, Tailandia.


 

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