Reconsiderar el enfoque multidisciplinario en la educación en derechos humanos

A través de una educación sólida en derechos humanos, el mundo académico puede materializar su potencial para contribuir a un cambio social significativo.



La educación en derechos humanos es esencial para preparar a la nueva generación de profesionales de derechos humanos, pero rara vez se reconoce a los derechos humanos por sí solos como una disciplina académica autónoma. En este artículo, ofrecemos una reflexión crítica sobre la educación en derechos humanos (EDH) en la educación superior.  

La mayoría de los programas académicos de derechos humanos fuera del ámbito jurídico incorporan la multidisciplinariedad o interdisciplinariedad; a menudo afirmando ser interdisciplinarios cuando, en la práctica, son multidisciplinarios. (La interdisciplinariedad requiere la integración de métodos de diferentes disciplinas en una sola asignatura. La multidisciplinariedad solo indica que se enseña a los alumnos de múltiples disciplinas en asignaturas distintas). Muchos de los programas de derechos humanos de licenciatura y posgrado que se ofrecen en los EE. UU. y a nivel internacional proclaman ser interdisciplinarios en sus sitios web. Si bien muchos programas multidisciplinarios son de gran calidad, otros están incompletos porque su énfasis en la multidisciplinariedad va en detrimento de un plan de estudios de derechos humanos focalizado.  

En primer lugar, los programas de derechos humanos se deben diseñar en torno a un plan de estudios troncal centrado en desarrollar conocimientos, habilidades, comprensión, actitudes y comportamientos para capacitar a los estudiantes para que respeten y promuevan los derechos humanos (Declaración de la ONU sobre Educación y Formación en materia de Derechos Humanos). La multidisciplinariedad debe ser una preocupación secundaria.

Los programas de derechos humanos se deben diseñar en torno a un plan de estudios troncal centrado en desarrollar conocimientos, habilidades, comprensión, actitudes y comportamientos para capacitar a los estudiantes para que respeten y promuevan los derechos humanos. 

Existen razones conceptuales y prácticas por las que los programas de derechos humanos suelen estructurarse desde una perspectiva multidisciplinaria. Las disciplinas académicas tradicionales tienen mucho que aportar. Desde la antropología y la economía hasta el derecho y la ciencia política, cada una ha aportado conocimientos e información sobre diversos aspectos de los derechos humanos. Además, las personas que diseñan los programas de derechos humanos en el ámbito académico usualmente aprendieron sobre los derechos humanos a partir de una de estas perspectivas disciplinarias tradicionales. (Hay muy pocos doctorados de derechos humanos en sí). Por tanto, es probable que los docentes se sientan más cómodos con un enfoque multidisciplinario basado en disciplinas “tradicionales” que con uno que adopte los derechos humanos como su propia disciplina. Por supuesto, las instituciones de educación superior están estructuradas en torno a disciplinas y departamentos. En consecuencia, programas como los de derechos humanos, estudios de la mujer o estudios étnicos, que no están vinculados con un departamento, enfrentan dificultades para conseguir la contratación de profesores y el financiamiento adecuado. Los programas dependen de los recursos disponibles. Al establecer los requisitos del programa, muchas veces se basan en las asignaturas que ofrecen otros departamentos.  

Sin embargo, el hecho de cursar asignaturas de múltiples departamentos disciplinarios —una de ciencia política, otra de antropología, otra de economía, etc.— no se traduce necesariamente en una formación adecuada en materia de derechos humanos. Reificar y priorizar la multidisciplinariedad puede restar valor al pensamiento estratégico sobre los elementos fundamentales de una educación sólida en derechos humanos y puede dar lugar a un plan de estudios disperso. Además, el carácter interdisciplinario de un programa a veces se utiliza como justificación para aprobar asignaturas que no tienen un enfoque específico en los derechos humanos. Por ejemplo, las asignaturas de nivel licenciatura que se han aprobado en los planes de estudio de universidades estadounidenses incluyen títulos como los siguientes: “Pandillas en los EE. UU.”, “Pensamiento Francés”, “Ética en la Atención Médica” y “La Visión Hindú de la Guerra”. Si bien reconocemos que pueden tener un importante enfoque de derechos humanos que no se revela en el título, estas no parecen ser asignaturas de derechos humanos. Al aprobar estas asignaturas en lugar de otras que se centren específicamente en los derechos humanos, la educación de los alumnos en materia de derechos humanos se ve perjudicada. 

El principio rector del diseño de planes de estudios debe ser garantizar que los estudiantes reciban una formación en conceptos, críticas, leyes, cuestiones, normas, valores y habilidades que los preparen específicamente para dedicarse a los derechos humanos, ya sea en el sector académico, ONG, gobiernos, centros de investigación o empresas. Las materias troncales pueden centrarse en el derecho, la teoría, los métodos de investigación, la promoción y la documentación de derechos humanos, por ejemplo. El plan de estudios también debe centrarse en los alumnos y basarse en una pedagogía crítica de los derechos humanos, lo que significa incluir voces no dominantes, múltiples perspectivas y críticas. La educación en derechos humanos debe ser pertinente para las experiencias de vida de los estudiantes e inspirarse en las perspectivas de activistas, sobrevivientes y ONG de base. Debe reflejar una diversidad de perspectivas, sin que las perspectivas masculinas occidentales dominen los programas de estudios. Debe cuestionar las instituciones de poder de las élites y tener en cuenta las críticas al campo de derechos humanos en sí.  

En el mundo académico, algunos sostenemos incluso que los derechos humanos deberían constituir su propia disciplina, porque las ofertas académicas y los programas de derechos humanos fuera del ámbito jurídico creados a nivel mundial durante las últimas décadas han madurado y han focalizado el campo. Es decir, existe cierto consenso global sobre muchos aspectos del campo que son exclusivos de los derechos humanos (en contraposición con la ciencia política, las relaciones internacionales o los estudios sobre la paz). Estas características incluyen tener su propio vocabulario y conceptos centrales, textos seminales, comunidad docente y publicaciones académicas. Estos son los requisitos para constituir una disciplina académica; sin embargo, no se reconocerá a los derechos humanos como disciplina sin la existencia de departamentos y doctorados de derechos humanos.

 La educación en derechos humanos debe ser pertinente para las experiencias de vida de los estudiantes e inspirarse en las perspectivas de activistas, sobrevivientes y ONG de base.

Creemos que tratar los derechos humanos como una disciplina en sí misma fomenta el diseño deliberado y, en el largo plazo, podría ayudar a resolver algunos de los retos prácticos que enfrentan algunos programas porque no se les trata de la misma manera que a las disciplinas establecidas. (Por ejemplo, los programas no siempre reciben el mismo apoyo financiero, deben negociar las plazas docentes y tienen que depender de los departamentos académicos para satisfacer una variedad de necesidades administrativas, como el nombramiento del profesorado adjunto). Al mismo tiempo, es importante señalar que las universidades tienen que ser descolonizadas y estar más dispuestas a aceptar nuevos campos de estudio y formas alternativas de conocimiento.  

Dicho lo anterior, tratar los derechos humanos como una disciplina autónoma fomentará la educación en derechos humanos y la investigación. Estructurar las competencias básicas de derechos humanos sobre la base de los estudios y, sobre todo, las realidades de las luchas y los éxitos en materia de derechos humanos en todo el mundo fortalece los programas de derechos humanos. Esta claridad no solo puede facilitar que más universidades ofrezcan programas de derechos humanos, sino que también puede aumentar la calidad de la educación que reciben los alumnos en la materia. Es a través de una educación sólida en derechos humanos que el mundo académico puede materializar su potencial para contribuir a un cambio social significativo.

 


Esta serie se desarrolló en colaboración con el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Dayton como parte de la Conferencia sobre Práctica Social de los Derechos Humanos de 2019. Para leer más, visite nuestra página de socios.

 

ORIGINALLY PUBLISHED: September 3, 2020

Sarita Cargas (DPhil) es profesora asociada del Colegio de Honores de la Universidad de Nuevo México. Su enseñanza se centra en los derechos humanos y el pensamiento crítico. Su nuevo libro, Human Rights Education: Forging an Academic Discipline (Educación en derechos humanos: la creación de una disciplina académica), University of Pennsylvania Press (2020), sostiene que el campo de los derechos humanos reúne los requisitos para convertirse en una disciplina de educación superior.

Kristina Eberbach es subdirectora del Instituto para el Estudio de los Derechos Humanos y profesora auxiliar adjunta de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia. De 2010 a 2019, se desempeñó como directora de educación del Instituto. Es miembro del comité directivo de Human Rights Educators USA, así como cofundadora y miembro del comité directivo del University and College Consortium for Human Rights Education.


 

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