Los derechos humanos y el desarrollo: ¿se ha asimilado la conexión?

La conexión entre los derechos humanos y el desarrollo no es algo nuevo. Pero a pesar de que las ONG de derechos humanos cada vez trabajan más con los derechos ESC, muy pocos actores de desarrollo han tomado medidas reales al respecto.


By: Paul Nelson & Ellen Dorsey
May 9, 2018

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EFE/Farooq Khan

En el caso de muchos donantes y algunas ONG, la implementación limitada del EBD puede atribuirse al éxito extraordinario de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).


Durante el cambio de siglo, se produjo un cambio en el trabajo de defensa y promoción de las ONG; un cambio que tiene el potencial de desencadenar una mayor colaboración, un activismo más poderoso y efectos más profundos. Las organizaciones de desarrollo comenzaron a aplicar las normas internacionales de derechos humanos a su trabajo de defensa y promoción y a sus programas, mientras que las agrupaciones de derechos humanos ampliaban su trabajo sobre derechos económicos y sociales. Además, el enfoque basado en los derechos para el desarrollo (EBD) cambió la prioridad tradicional de las organizaciones de desarrollo: de alcanzar objetivos de ayuda caritativa a exigir que los gobiernos cumplan sus obligaciones internacionales en materia de derechos humanos.

¿Qué tan importantes y duraderas son las acciones de los organismos de derechos humanos y desarrollo para aplicar la fuerza del activismo de derechos humanos a los problemas de desarrollo económico y social? En 2003, sostuvimos que había razones para esperar que la creciente interacción entre los sectores de derechos humanos y desarrollo pudiera transformar ambos campos e impulsar las luchas contra la pobreza extrema y la desigualdad. Quince años después, ¿cómo ha progresado este nexo entre los derechos humanos y el desarrollo? La respuesta es mixta: decepcionante en algunos aspectos, pero con avances genuinos también.

Llevamos a cabo una extensa investigación y, en un artículo reciente, sacamos una serie de conclusiones. Primero, no hay un acuerdo claro sobre qué significa “basado en los derechos”. En nuestra opinión, incluye tanto un conjunto de objetivos políticos (promover la justicia, la igualdad y la libertad), como la programación básica sobre normas y principios como la no discriminación y el deber de proteger y respetar los derechos humanos económicos y sociales. Es necesario evaluar las iniciativas planeadas en función de estos principios y normas. Además, el EBD debería tomar en serio las obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos e impulsarlas mediante programas de promoción y cooperación en los que participen las ONG. Esta interpretación del enfoque basado en los derechos implica que no basta con solo utilizar el “lenguaje de derechos humanos”. Sin embargo, hacerlo sigue siendo una práctica demasiado común.

"El EBD debería tomar en serio las obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos e impulsarlas mediante programas de promoción y cooperación en los que participen las ONG".

En segundo lugar, es difícil precisar los efectos reales del EBD entre los organismos de desarrollo y este solo se acerca a la sistematización en un puñado de ONG. La ONG Care documentó medidas prácticas y detalladas que puede tomar el personal para adoptar un enfoque basado en los derechos. Continúa esforzándose por traducir los principios de derechos humanos en programas de desarrollo, como en el trabajo del organismo sobre la salud y los derechos reproductivos de las mujeres en Perú. Muchas filiales nacionales de Save the Children se han arraigado más profundamente en las normas y los principios de derechos humanos, como evidencia la actualización de los documentos de la organización sobre la defensa de los derechos de los niños para incluir experiencia y orientación basadas en el campo. Plan International y American Jewish World Service (AJWS), ONG con sede en los EE. UU., han adoptado variantes del enfoque basado en los derechos que contrastan entre sí. 

Sin embargo, en lo que respecta a la mayoría de los donantes de desarrollo grandes e influyentes, existe poca evidencia de trabajo de programación o análisis basado en los derechos. Incluso han ido desapareciendo las afirmaciones retóricas sobre enfoques basados en los derechos en el DFID, OSDI, PNUD y otros donantes importantes que fueron los primeros defensores del EBD. El “Entendimiento común” de la Organización de las Naciones Unidas de 2003 instó a la adopción de enfoques basados en los derechos en los organismos de la ONU e inspiró una retórica basada en los derechos en todo el sistema de la ONU. Pero la evidencia de cambios en la programación es ocasional más que sistemática, con algunas excepciones importantes en los organismos de la ONU que trabajan para promover los derechos de las mujeres y los niños.

Algunos de los motivos de esta implementación decepcionante son evidentes. En el caso de muchos donantes y algunas ONG, la implementación limitada del EBD puede atribuirse al éxito extraordinario de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que se convirtieron en la pieza central del financiamiento de ayuda para el desarrollo de 2000 a 2015. Los ODM tuvieron un éxito casi inusitado en la movilización de apoyo de los donantes, y el énfasis en los derechos humanos por parte de los grandes donantes fue víctima de ese éxito. Pero los ODM ignoraron las obligaciones y los principios de derechos humanos que rigen los derechos económicos y sociales. Las metas y los indicadores numéricos de los ODM también ignoraron prioridades fundamentales de derechos humanos como el combate de la desigualdad y la creación de sistemas de salud receptivos.

También contribuyeron algunos factores organizacionales de los organismos de desarrollo. Estos ya estaban inmersos en el lenguaje y la práctica de la participación y la consulta, así que hicieron hincapié en los derechos procesales. Sin embargo, debido a que no se vincularon los derechos sustanciales de los individuos y las comunidades con bienes y servicios tangibles y específicos —vivienda, alimentación y educación, entre otros—, los EBD de algunos organismos equivalen a volver a enfatizar los principios de participación comunitaria que han estado vigentes en los círculos de desarrollo durante 20 años o más.

¿Y las ONG de derechos humanos? Su trabajo en materia de pobreza y desarrollo ha crecido de forma espectacular desde la década de 1990. Es evidente que existe más interés, innovación y cambios organizacionales entre las grandes ONG internacionales de derechos humanos, el número cada vez mayor de ONG más pequeñas especializadas en derechos económicos y sociales, y las organizaciones locales de defensa y promoción de los derechos humanos. La participación de Human Rights Watch y Amnistía Internacional no comenzó con el lanzamiento de iniciativas vinculadas con los derechos humanos ESC en sí; en cambio, primero utilizaron sus metodologías básicas para afirmar y proteger los derechos civiles y políticos de quienes realizan activismo laboral, medioambiental y de derechos de salud. Con el tiempo, Amnistía adoptó una defensa más agresiva y directa de algunos derechos económicos y sociales específicos. Sin embargo, gran parte del trabajo más significativo e innovador que también podría moldear la práctica del desarrollo ha sido realizado por ONG internacionales que se especializan en la defensa y promoción de los derechos ESC, y por ONG, movimientos y campañas nacionales.

La defensa y promoción de los derechos humanos ha llevado al reconocimiento de nuevos e importantes derechos que pueden dar forma a la práctica del desarrollo, incluido el derecho humano al agua y el derecho al “consentimiento libre, previo e informado”. En el proceso, el trabajo centrado en los derechos humanos ha introducido nuevas herramientas y fuentes de influencia, incluida la aplicación de obligaciones de derechos humanos más allá de las fronteras, las campañas para erradicar la corrupción como Publiquen lo que Pagan, y un trabajo de defensa y promoción mucho más amplio en torno a los derechos económicos de las mujeres, incluida la propiedad de la tierra y la herencia. Se han desarrollado índices para vigilar el avance de los derechos ESC y los esfuerzos gubernamentales. Estos serán importantes en los próximos años, cuando los defensores de derechos humanos participen en el proceso de vigilar los avances con respecto a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Los ODS crean más oportunidades para impulsar los derechos humanos que los ODM anteriores y pueden vincularse fácilmente con las obligaciones de los Estados en materia de derechos humanos.

No todas las tendencias de “nuevos derechos” que identificamos a principios de la década de los 2000 han hecho realidad su potencial. En ese tiempo, advertimos sobre la posibilidad de que el EBD se convirtiera en una moda más dentro de la práctica del desarrollo. Nos tememos que así fue, ya que alteró algunos métodos de las ONG sin producir un cambio sistémico. Sin embargo, la atención que han dado las organizaciones de derechos humanos a los derechos económicos y sociales ha transformado la práctica del sector de forma permanente y ha abierto nuevas áreas para el trabajo de defensa y promoción. Finalmente, los nuevos derechos que surgen del trabajo en la intersección de la defensa del medio ambiente, los derechos humanos y el desarrollo en respuesta a las condiciones cambiantes seguirán evolucionando en las próximas décadas.


Paul Nelson es el decano asociado de la Facultad de Posgrado de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Pittsburgh; anteriormente, fue director del Programa de Desarrollo Internacional de la universidad.

Ellen Dorsey es la directora ejecutiva de Wallace Global Fund, una fundación privada centrada en el cambio social progresivo en los ámbitos del medio ambiente, la democracia, los derechos humanos y la responsabilidad empresarial.


 

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