Una lucha con humor por los derechos fundamentales de los trabajadores y las trabajadoras sexuales en Sudáfrica

El humor es una de las herramientas más eficaces de nuestro arsenal como activistas, porque tiene la capacidad de unir a las personas desde un espacio de conexión compartida en lugar de miedo.


By: Ishtar Lakhani
June 12, 2019

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Photo: Ishtar Lakhani (all rights reserved)


Me cuesta trabajo enfocar la vista. Me encuentro en otra sala de conferencias con luces fluorescentes. Aunque es verano, llevo puesto un suéter porque aparentemente alguien piensa que los activistas causan menos problemas con el aire acondicionado bajo cero. Escucho transmisiones interminables de paneles (algunos exclusivamente masculinos), informes innumerables basados en datos empíricos y conversaciones incesantes con burócratas bienintencionados que supongo son visitantes extranjeros, dado su idioma extraño y basado en siglas. Me escucho diciendo: “Acabamos de lanzar el NSP sobre VIH para SW con SANAC, pero el DPME no lo incluyó en sus KPI’s para el DoH o DoJ o DSD”. Resulta que sí puedo hablar en acrónimo.

Esta situación se ha vuelto demasiado común en nuestra forma de pensar, como activistas de derechos humanos, sobre las plataformas y los mecanismos para cambiar las políticas perjudiciales. Pero esta no tiene que ser la única manera. Hemos olvidado que, a través del tiempo, los activistas han utilizado la creatividad para llegar a las audiencias desde un nivel emocional y provocar sentimientos de alegría en lugar de ira. Mi experiencia en el movimiento por los derechos de los trabajadores sexuales en Sudáfrica muestra cómo la creatividad, la imaginación y (¡Dios nos libre!) la diversión pueden influir y atrapar las mentes y los corazones del público.

No hace mucho, nuestro movimiento tuvo que aceptar que lo que hacíamos no estaba funcionando. Como activista por los derechos de los trabajadores sexuales, luchando por la despenalización total del trabajo sexual en Sudáfrica, había poco espacio para la frivolidad. La realidad que viven los trabajadores sexuales en un contexto criminalizado es una de exclusión, ostracismo y violencia brutal, con poco acceso a los derechos humanos fundamentales. Estas experiencias han saturado nuestras estrategias, narrativas y tácticas con el lenguaje de la opresión y la impotencia.

Así que nos preguntamos: ¿cuál es la historia que queremos contar y cómo queremos contarla?

Queremos contar la historia de la humanidad, la fuerza, la capacidad de acción y el poder colectivo de los trabajadores sexuales. Sudáfrica alberga el mayor movimiento independiente dirigido por trabajadores sexuales en el continente: Sisonke. La existencia misma de Sisonke es algo que debemos celebrar. Desafortunadamente, esto no encaja en la narrativa generalizada por Hollywood del “sector oculto, oscuro y sórdido de la prostitución”. Entonces, decidimos que, si queríamos que la gente nos escuchara, teníamos que probar algo distinto.

Nuestro primer intento de conseguir un vehículo más accesible y festivo para nuestro muy serio mensaje fue un stand color naranja brillante con la invitación: “Pregúntale a un(a) trabajador(a) sexual”, creado junto con el Centre for Artistic Activism.

El stand estuvo acompañado por un ambiente carnavalesco de música, premios y masajes de manos sin costo (porque una vez que tienes las manos de alguien, tiene que escucharte). Este nuevo enfoque mejoró enormemente nuestra relación con el público, al cambiar la manera en que las personas ven el trabajo sexual y, lo que es más importante, lo que sienten al respecto. Ahora, las personas se acercan a nosotros para averiguar cómo pueden colaborar con nuestro trabajo. Hay periodistas que cubren nuestros eventos porque les ofrecemos una imagen más atractiva. Otro resultado sorprendente fue que el gobierno nacional se puso en contacto con nosotros para que instaláramos nuestro stand en el parlamento.

No obstante, la gente pregunta cómo puede ayudar el activismo creativo y divertido con temas “serios” como la recaudación de fondos. En la Conferencia Internacional sobre el SIDA de 2016, la mayor conferencia mundial de salud, que por lo general se parece a la viñeta con la que comenzó este artículo, teníamos muchos objetivos típicos del activismo: “ser visibles”, “crear conciencia”, “garantizar la inclusión de los trabajadores sexuales”. Utilizamos varias intervenciones creativas para alcanzar estos objetivos. Lo más destacado fue un paraguas rojo, el símbolo internacional de los derechos de los trabajadores sexuales, iluminado por LED junto a un reloj digital corriendo que recordaba a los oradores cuánto tiempo llevaban hablando sin mencionar el trabajo sexual.

Otra táctica fue acosar, arrestar y “encarcelar” a los delegados de la conferencia en nuestra celda móvil por llevar condones, a fin de ilustrar una experiencia opresiva y sin sentido de los trabajadores sexuales a nivel mundial.

En medio de todo esto, teníamos un objetivo imposible: reunirnos con Sir Elton John.

En principio, esto se debió puramente a nuestro deseo de conocer a uno de los mejores músicos de todos los tiempos. Pero después de investigar más, reconocimos que The Elton John AIDS Foundation es una de las pocas fundaciones que apoya a los trabajadores sexuales y la despenalización del trabajo sexual. Pero ¿cómo podíamos reunirnos con alguien cuyos asistentes personales tienen asistentes personales? ¿Tratar de lograr este objetivo era realmente un uso eficiente de nuestro tiempo y recursos limitados?

Para acceder a esta superestrella mundial, inventamos el primer “Premio Asijiki de Valentía e Iniciativa”, porque ¿a quién no le gusta ser galardonado? Después de solicitudes incesantes, finalmente nos reunimos, cantamos y bailamos con Sir Elton John en el lobby de su hotel. Esta intervención lúdica aumentó de forma masiva nuestra cobertura y visibilidad ante los medios y nos puso oficialmente en el radar de la fundación. Más importante aún, este logro cambió fundamentalmente la forma en que hacemos lluvias de ideas, ya que ahora nos obligamos a ir más allá de lo que percibimos como “alcanzable”.

Estos experimentos con enfoques divertidos y creativos para la defensa de los derechos humanos nos enseñaron que el humor es una de las herramientas más eficaces de nuestro arsenal como activistas, porque tiene la capacidad de tranquilizar y unir a las personas desde un espacio de conexión compartida en lugar de miedo.

Nuestro enfoque ha puesto el trabajo sexual a la vanguardia de la agenda nacional. Recientemente, el presidente de nuestro país afirmó: “trabajaremos con todas las partes interesadas para desarrollar políticas relativas a la despenalización del trabajo sexual”; un triunfo enorme. Por primera vez en la historia de Sudáfrica, los partidos políticos han incluido el reconocimiento del trabajo sexual y la necesidad de una reforma jurídica en sus manifiestos para las Elecciones Generales de 2019.

Al igual que con todos los compromisos políticos, nos mantenemos cautelosamente optimistas, ya que sabemos que aún hay un arduo camino por recorrer. Pero este enfoque ha revitalizado nuestro trabajo y continúa fortaleciéndonos para lo que sabemos que será una larga batalla. Y que el humor nos acompañe en el camino hacia los derechos humanos fundamentales.           

 


Ishtar ha trabajado como feminista, activista y alborotadora en el campo de la promoción de la justicia social durante más de una década. Su carrera abarca desde la coordinación de redes de defensa y promoción feministas radicales hasta la fabricación de sándwiches revolucionarios. Su pasión radica en el activismo creativo y la combinación experimental de fantasía y realidad, de arte y activismo, en un intento por imaginar y representar cómo sería un mundo más igualitario y justo.     


 

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