Cómo sentar las bases de la resiliencia: 11 lecciones para los instructores y supervisores de derechos humanos

La creación de resiliencia en los defensores de derechos humanos debe comenzar desde el principio: con los instructores y supervisores de la próxima generación resilientes.


By: Sarah Knuckey & Su Anne Lee
March 7, 2018

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Flickr -Some rights reserved -  (CC BY-SA 2.0) 

Teachers or managers bear a particular responsibility for fostering a culture of open communication.


Muchos defensores llegan al campo de los derechos humanos con poca o ninguna capacitación sobre cómo mitigar los daños de la exposición al trauma y cómo fomentar la resiliencia en sí mismos, sus colegas y su comunidad. En los últimos años, nuestra clínica de derechos humanos —en donde los estudiantes aprenden a ser defensores trabajando en investigaciones y actividades de promoción y defensa de derechos humanos— ha formado parte de una comunidad cada vez más amplia de defensores, instructores y sicólogos que buscan aumentar el bienestar y mejorar la manera en que educamos a la próxima generación de defensores de derechos humanos sobre el activismo resiliente y sostenible. Este artículo se basa en nuestras experiencias compartidas como supervisores y estudiantes y ofrece 11 lecciones aprendidas para quienes se desempeñan como instructores o gerentes.

1. Desarrollar objetivos y estrategias compartidos a través de procesos participativos

Una medida importante para mejorar el enfoque de una organización con respecto a la salud mental es crear un proceso incluyente para desarrollar estrategias y compromisos compartidos. En nuestra clínica, los profesores y estudiantes redactaron en colaboración una política escrita sobre resiliencia, trauma y bienestar, la cual estableció nuestros valores y metas y produjo una serie de compromisos encaminados a fomentar la salud mental positiva y una labor de defensa y promoción resiliente.

2. No hay una fórmula única que funcione para todos

Según nuestra experiencia, respaldada por la investigación académica, las personas reaccionan de maneras diversas a la exposición al trauma; por ende, las estrategias de gestión de riesgos deben responder a las diferentes necesidades de cada defensor de derechos humanos. Los supervisores pueden crear estructuras para capacitar a cada individuo para que identifique y exprese sus necesidades. Un año, por ejemplo, un estudiante ingresó a nuestra clínica con un trastorno de estrés postraumático (TEPT) preexistente. En unos pocos meses, el estudiante pasó de la identificación individual del problema, a la colaboración con los supervisores para entender las posibles interacciones del mismo con el trabajo de derechos humanos y, finalmente, al diseño de un plan personal de resiliencia con un supervisor, un sicólogo externo y otro estudiante.

3. Adoptar un enfoque holístico

Un error que cometimos al principio fue centrarnos demasiado en los efectos de la “exposición al trauma”, a expensas de atender otras formas de estrés o daño, como el estrés laboral o los conflictos interpersonales. Con el objetivo de fomentar un enfoque más holístico, un grupo de trabajo estudiantil administró una encuesta a otros estudiantes acerca de las fuentes de estrés, seguida de discusiones sobre recomendaciones al respecto. Esto nos ayudó a entender mejor las experiencias de los estudiantes y las prioridades de respuesta.

4. Desarrollar redes de apoyo entre pares

Las redes de apoyo entre pares pueden contribuir en gran medida al bienestar, y ser una protección contra los efectos sicológicos adversos de los acontecimientos negativos. Los gerentes y supervisores pueden contribuir al desarrollo del apoyo entre pares creando programas y actividades destinados a fomentar la comunidad, la confianza, el trabajo en equipo y el apoyo mutuo, y poniendo a disposición del grupo recursos y capacitaciones sobre esta clase de apoyo.

5. Concentrarse en la resiliencia y las capacidades, y celebrar las victorias

Las estrategias que no solo se centran en “mitigar los daños”, sino también en “promover la resiliencia y el bienestar” dirigen la atención hacia las herramientas y experiencias positivas, así como las capacidades existentes. Ahora, cuando nos preparamos para emprender un trabajo que puede ser estresante, incorporamos reflexiones explícitas, personales y en equipo, sobre probables experiencias positivas y fuentes de alegría y esperanza. Uno de los aspectos más beneficiosos de este ejercicio ha sido aprender sobre la infinidad de maneras en que los defensores encuentran felicidad y significado en el trabajo de derechos humanos.

6. Crear múltiples canales de comunicación abierta

Los maestros o gerentes tienen una responsabilidad particular en el fomento de una cultura de comunicación abierta. Sin embargo, hay muchos obstáculos que impiden que los estudiantes o el personal sientan que pueden expresar sus inquietudes. Es importante crear múltiples vías de comunicación y mensajes claros sobre la disponibilidad y apertura en torno a problemas de salud mental. Es esencial adoptar un enfoque proactivo: uno donde los supervisores realicen un esfuerzo activo para vigilar la salud mental de los estudiantes, especialmente cuando estos últimos se dediquen a labores de mayor riesgo; donde otras personas en la escuela que no tengan responsabilidades de supervisión o capacitación también emprendan este tipo de esfuerzos; donde los grupos de estudiantes organicen reuniones informativas solo para estudiantes, y donde haya información disponible sobre cómo ponerse en contacto con consejeros y mentores de derechos humanos externos.

7. Invertir en tutorías

Los supervisores pueden poner a sus colegas en contacto con mentores de la comunidad mundial de defensores de derechos humanos, quienes pueden compartir sus propias experiencias y estrategias para impulsar la resiliencia. Sentirse aislado es uno de los elementos más dolorosos de padecer TEPT, depresión o ansiedad, y los mentores pueden proporcionar una fuente importante de vinculación, normalización y validación Una de nuestras estudiantes nos contó que recibir tutoría de varios defensores de derechos humanos, todos con una experiencia considerable en su campo de interés, fue extremadamente valioso para ayudarle a aprender a lidiar con el trauma en su trabajo.

8. Priorizar la preparación y la normalización

Proporcionar capacitación y educación tempranas, regulares y generalizadas sobre salud mental contribuye a que todos los estudiantes o miembros del personal tengan una base compartida de conocimientos, y puede eliminar el estigma. También hemos descubierto que es útil combinar las sesiones sobre el bienestar de los defensores con sesiones sobre el bienestar de las víctimas, los sobrevivientes y los aliados y sesiones sobre cómo minimizar la repetición del trauma durante las entrevistas. Por lo general, los defensores se resisten menos a concentrarse en su propio bienestar si ven cómo afecta su trabajo de defensa y promoción.

Una preparación anticipada y regularizada antes de realizar tareas con niveles elevados de estrés puede respaldar el desarrollo de prácticas para una defensa de derechos sostenible y ayudar a fomentar la propia eficacia. Hemos observado que una forma de preparación particularmente útil es incorporar temas de salud mental en las evaluaciones de riesgo convencionales. El enfoque en la preparación también ayuda a enviar el mensaje importante de que la salud mental y el bienestar no son algo que solo se debe atender cuando las cosas salen mal. En cambio, pueden ser parte de un trabajo positivo y centrado en las capacidades que sirva de base para la defensa cotidiana de los derechos humanos.

9. No predicar con el ejemplo es un obstáculo para las reformas

El comportamiento de los supervisores envía señales y proporciona modelos a los estudiantes o el personal, además de marcar las pautas del enfoque organizacional con respecto a la salud mental y el bienestar. No obstante, muchos supervisores enfrentan obstáculos para atender su propio bienestar y les puede ser difícil facilitar conversaciones emocionalmente complejas con sus colegas. Hablar sobre sus propias experiencias de trauma es un reto para los supervisores, pero esto es precisamente lo que puede enviar un mensaje normalizador y de apoyo a los demás. Hemos implementado un proceso en el que todos los supervisores participan por igual en las evaluaciones de riesgo y las reflexiones del equipo de proyecto sobre las fuentes de estrés y estrategias de afrontamiento. Los supervisores también comparten con los estudiantes las medidas que toman para fomentar el bienestar y, lo más importante, les muestran cómo se ponen en práctica dichas medidas al referirse a casos específicos conforme suceden, por ejemplo: tomar un descanso del trabajo, realizar actividades físicas, asistir a eventos sociales y obtener el apoyo de los mentores o pares del propio supervisor.

10. Ser responsables

A medida que las organizaciones crean, reforman e implementan enfoques para mejorar el bienestar, debemos asegurarnos de que existan mecanismos eficaces para supervisar las políticas y acciones organizacionales. Después de redactar la política de resiliencia de la clínica, realizamos una prueba piloto durante un año, en la que un grupo de trabajo estudiantil estuvo a cargo de evaluar el borrador de la política. Nuestro comité dirigido por estudiantes, que se vuelve a conformar cada año escolar, garantiza que los estudiantes participen activamente en la evaluación y actualización de la política y las prácticas sobre salud mental de la clínica, contribuyendo a la vez al desarrollo de sus habilidades de liderazgo.

11. Reflexionar, aprender, revisar, reflexionar...

Nuestro campo tiene un largo camino por recorrer en la promoción de un activismo sostenible en materia de derechos humanos. A fin de mejorar, los instructores y supervisores deben adoptar una perspectiva de “enseñar y aprender”: crear un espacio para la reflexión y la evaluación de las estrategias de salud mental, y revisar y mejorar los métodos de forma continua con base en las lecciones aprendidas. Para mejorar nuestro campo, es necesario reflexionar con otros, estar dispuestos a reconocer los errores o deficiencias y aprender de ellos, corregir los enfoques en consecuencia, construir una comunidad global de defensores para aprender juntos y emprender un aprendizaje continuo sobre cómo crear un campo de defensores de derechos humanos resilientes.


Sarah Knuckey es defensora de derechos humanos y profesora de la Facultad de Derecho de Columbia. Es directora de la Clínica de Derechos Humanos y codirectora docente del Instituto de Derechos Humanos.

Su Anne Lee es una abogada malasia especializada en políticas y derecho sobre los refugiados, con amplia experiencia en la determinación del estatus de refugiado y la protección de refugiados. Tiene una Maestría en Derecho (LLM) de la Facultad de Derecho de Columbia y trabaja en iniciativas sobre refugiados y contra la trata de personas en Hong Kong.


 

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