¿Incluye la “libertad religiosa” el derecho a convertir o embaucar a los demás?

¿Incluye la libertad religiosa el derecho a convertir a los demás o presionarlos para obtener dinero? 


By: José Zalaquett
October 12, 2014

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A menudo, la religión es clave para la identidad personal o colectiva. Tal como Cox y Morris ilustran, los activistas de los derechos humanos deben entender cómo, para muchas personas de a pie, la religión está intrínsecamente unida al sentido de sí mismo.

Además, la libertad religiosa está íestrechamente ligada  a principios básicos de derechos humanos. A finales del siglo XVIII, la Declaración francesa de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, de Francia,  así como la primera enmienda a la Constitución de  los Estados Unidos, establecieron  este derecho. Después de la Segunda Guerra Mundial, casi  todos los principales tratados de derechos humanos han  proclamado la libertad de pensamiento, consciencia y religión.

Sin embargo, ¿Qué hay de la “libertad para convertir” a los demás, o de la “libertad para persuadir a los demás” para dar dinero a cambio de la salvación? 

¿Dónde está el equilibrio entre la libertad religiosa total y la protección contra el abuso? ¿Cómo protegemos a unos sin limitar a otros? 

Un supuesto “derecho a convertir” es particularmente complicado. Hasta el advenimiento de la cristiandad, las conversiones eran excepcionales . Pocos sostenían  que sólo una religión ofrecía el verdadero camino a la salvación, y por lo tanto,  había escasos motivos para tratar de convencer a los demásque cambiasen sus creencias. Seis siglos después, el Islam llegó a la misma conclusión que los cristianos: sólo había un camino verdadero y la conversión a ese camino era, por lo tanto, deseable, e incluso hasta necesario.

Sin embargo, la libertad para intentar convertir a los demás llevó a casos extremos de abuso: las Cruzadas, la Inquisición y las guerras religiosas en Europa. Hoy en día, es una fuente de conflictos en África, en zonas de Latinoamérica, India, Estados Unidos y en gran parte del Medio Oriente .

Todos los tratados de derechos humanos distinguen entre el derecho a profesar una determinada religión  y el derecho a “manifestar” o expresar esa religión en una forma específica. El primero es un derecho absoluto que nunca se puede  suprimir o restringir. Sin embargo, el segundo podría estar sujeto a restricciones para preservar el orden público o para proteger los derechos de los demás.

¿Qué podría querer  decir “profesar” una religión sin “manifestarla”? Una diferencia entre ambas es que no es lo mismo  adherir a una religión que tratar de convencer o forzar a los demás a hacer lo mismo.

Esta  diferencia tiene implicaciones claras para las políticas públicas. En algunos países, la religión y el Estado son formalmente distintos, aunque los Estados a menudo reconocen la religión de la mayoría de su población en ceremonias públicas o en actuaciones oficiales. Las instituciones religiosas mayoritarias también suelen solicitar y recibir un trato favorable.Estas preferencias tácitas o explícitas para una religión sobre las demás, probablemente violan los derechos humanos y no se deben proteger bajo el “derecho a la libertad religiosa”.

Por ejemplo, en  países católicos como Bélgica, Chile o Perú, hay una separación formal de la iglesia y del Estado; sin embargo, en el día nacional de cada país se realiza el Te Deum (una ceremonia litúrgica cristiana de agradecimiento) al que asisten las principales autoridades del país. En Australia, la constitución establece el “principio de neutralidad del Estado”  en lugar de una separación  de iglesia y Estado. Sin embargo, grupos seculares y religiosos criticado este principio por no ser suficientemente claro. En los Estados Unidos, el país en que Thomas Jefferson acuñó el principio de  “separación de la iglesia y el Estado”, se ha desarrollado una especie de “religión civil” que esencialmente reverencia la forma de vida americana.


Boris G/Flickr (Some rights reserved) 

The Metropolitan Cathedral of Santiago, Chile. The site of Chile's annual Te Dium religious service.

 


 

Hay, también  activistas religiosos sin escrúpulos que buscan ganar dinero. Por ejemplo, algunos tele-predicadores evangélicos  piden dinero a sus espectadores  público, ofreciendo a cambio un pasaje directo al cielo u otros presuntos beneficios. ¿Deben estas figuras religiosas ser libres de expresar estos puntos de vista y hacer este tipo de peticiones? ¿Protege es derecho de libertad religiosa estas actividades?

Depende. En Estados Unidos estas peticiones son legales, porque los legisladores estadounidenses creen que no se puede distinguir entre los ministros “serios” y los “no serios”, y que no es tarea del estado proteger a las personas de su propia credulidad. Sin embargo, en otras jurisdicciones los legisladores ven las cosas de modo distinto. Por ejemplo, las leyes británicas de radiodifusión prohíben a las organizaciones religiosas operar estaciones analógicas nacionales, aunque sí pueden utilizar transmisiones digitales o satelitales.

Es difícil regular los discursos religiosos, incluso si son aparentemente fraudulentos, pero debería ser posible hacerlo. Eslovenia es un país que se ha acercado a una solución: la constitución separa la iglesia del Estado, y también garantiza la libertad de creencia y práctica religiosa. Cualquier incitación al odio religioso o a la intolerancia está prohibida, no se puede obligar a nadie a declarar su creencia religiosa, ni tampoco existe una  religión del Estado. Además, se prohiben  las reuniones para rezar o clases de religión en las escuelas públicas con licencias del estado. Aparte de estas leyes, las actividades de los grupos religiosos no están restringidas.

En  suma, ¿dónde está el equilibrio entre la libertad religiosa total y la protección contra el abuso? ¿Cómo protegemos a unos sin limitar a otros? La libertad religiosa sin restricciones abre las puertas a los abusos, pero también lo hace la falta de libertad religiosa. Encontrar el equilibrio es complicado. 


Zalaquett es abogado y catedrático de derecho, ética y gobierno en la Universidad de Chile.

 
 


 

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