La exclusión de la odontología de los sistemas de diagnóstico a nivel mundial constituye una violación de los derechos humanos

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Los diagnósticos definen cada vez más la equidad en los sistemas de salud mundiales. Las pruebas rápidas del VIH ampliaron el acceso a tratamientos que salvan vidas. Los marcos de detección de la tuberculosis reforzaron la vigilancia y la rendición de cuentas. El control de la presión arterial y la glucosa redefinió las estrategias de prevención de las enfermedades no transmisibles. Los diagnósticos ya no son meras herramientas técnicas; son mecanismos a través de los cuales los sistemas de salud reconocen el sufrimiento y asumen la responsabilidad de abordarlo.

Sin embargo, una de las categorías de enfermedades más prevalentes a nivel mundial sigue sin verse afectada en gran medida por esta transformación diagnóstica. Las enfermedades bucodentales afectan a unos 3.500 millones de personas en todo el mundo, y las caries dentales no tratadas son la afección de salud más común a nivel mundial. La enfermedad de las encías grave afecta a casi uno de cada diez adultos y está fuertemente asociada con complicaciones de la diabetes, enfermedades cardiovasculares y resultados adversos del embarazo. Los problemas bucodentales suelen servir como indicadores tempranos de enfermedades sistémicas, incluido el SIDA.

A pesar de todo ello, la odontología sigue ocupando un lugar estructuralmente periférico en los marcos de diagnóstico nacionales, los paquetes de prestaciones sanitarias esenciales y los sistemas de vigilancia rutinaria.

El acceso a la atención dental es un derecho humano

Esta omisión no es una simple laguna técnica; tiene implicaciones en materia de derechos humanos. El derecho internacional de los derechos humanos exige a los Estados que garanticen que los servicios de salud estén disponibles, sean accesibles y tengan una calidad aceptable. La detección precoz y los exámenes preventivos son fundamentales para cumplir esta obligación, y los diagnósticos disponibles determinan qué afecciones se identifican, supervisan, financian y evalúan de forma sistemática. Las enfermedades excluidas de los sistemas de vigilancia no son objeto de recopilación rutinaria de datos ni de seguimiento de tendencias, ni se benefician de una financiación sostenida. Como resultado, la atención de urgencia individual sustituye a las estrategias de prevención coordinadas. La responsabilidad pasa de las instituciones a los individuos, y las deficiencias sistémicas permanecen invisibles.

En muchos países, los servicios de salud bucodental funcionan en paralelo a los sistemas de atención primaria. Los indicadores dentales suelen estar ausentes de las plataformas nacionales de información sanitaria, y las listas de diagnósticos esenciales rara vez incluyen protocolos estandarizados de cribado bucodental. Incluso las reformas de la cobertura sanitaria universal (CSU) suelen clasificar la salud bucodental como complementaria en lugar de fundamental.

Las consecuencias de todo esto son tanto prácticas como injustas. Las enfermedades bucodentales no tratadas contribuyen al dolor crónico, a problemas de nutrición, a dificultades del habla, al absentismo escolar y a una menor productividad económica. En casos graves, las infecciones pueden provocar hospitalizaciones evitables. Para las personas que controlan la diabetes, la inflamación de las encías complica el control glucémico. En el caso de los pacientes inmunodeprimidos, las infecciones bucodentales no tratadas pueden acelerar el deterioro sistémico.

Cuando los diagnósticos excluyen la salud bucodental, las personas suelen acudir a la atención sanitaria solo en fases avanzadas de la enfermedad y, con frecuencia, a través de servicios de urgencias que implican importantes gastos de su propio bolsillo. Este modelo reactivo afecta de manera desproporcionada a las comunidades de bajos ingresos, a los migrantes, a los refugiados y a las poblaciones rurales, que ya se enfrentan a barreras estructurales para acceder a la atención preventiva.

La cobertura sanitaria universal no puede alcanzar todo su potencial si algunas enfermedades o poblaciones permanecen invisibles. Las políticas y la financiación basadas en el seguimiento selectivo de las necesidades de salud no protegen a todo el mundo. La verdadera universalidad requiere que la planificación y los servicios incluyan sistemáticamente todas las afecciones y comunidades.

Reconocer la importancia de la salud bucodental

La Estrategia Mundial de la OMS sobre Salud Bucodental supuso un paso importante en el reconocimiento de la salud bucodental como parte integral del bienestar general. Sin embargo, el reconocimiento por sí solo no garantiza mejoras reales en la cobertura y el tratamiento. El progreso genuino requiere inclusión estructural: incorporar indicadores bucodentales en los sistemas de información sanitaria, integrar el cribado básico en las visitas de atención primaria, formar a los trabajadores sanitarios comunitarios en la identificación precoz y alinear los modelos de financiación con los servicios bucodentales preventivos.

Es importante destacar que este proceso no compite con las prioridades existentes, sino que las refuerza. Abordar la enfermedad de las encías mejora el control de la diabetes. La detección precoz de caries reduce las costosas intervenciones de urgencia. Incorporar evaluaciones bucodentales en los programas de salud materno-infantil refuerza la atención continua desde el embarazo hasta la infancia.

La cuestión más amplia es cómo definen los sistemas de salud lo que cuenta. Los diagnósticos generan rendición de cuentas. Lo que se mide se hace visible para los responsables políticos, los donantes y las instituciones. Y lo que es visible se convierte en susceptible de inversión y reforma. Cuando las enfermedades bucodentales quedan fuera de los marcos de diagnóstico rutinarios, su carga sigue subestimándose y sus desigualdades no se abordan suficientemente. Las implicaciones en materia de derechos humanos son claras: el sufrimiento evitable, predecible, pero no medido, refleja una brecha entre el compromiso con las normas humanitarias internacionales y la realidad sobre el terreno.

La salud mundial ya ha ampliado su alcance anteriormente. La salud mental, antes marginada, logró su inclusión mediante la integración en los objetivos de vigilancia y los marcos de políticas. Los indicadores globales medibles hicieron que las enfermedades no transmisibles pasaran de ser una preocupación periférica a un tema central de la agenda. Estos cambios requirieron replantear no solo las prioridades de financiación, sino también las responsabilidades de los sistemas de salud esenciales.

La salud bucodental se encuentra ahora en un punto de inflexión similar.

Hacia una equidad real

La boca no está separada del cuerpo, y las enfermedades dentales no están separadas de la salud sistémica. Los sistemas de salud que aspiran a la resiliencia y la equidad deben reflejar la realidad biológica en su diseño diagnóstico.

Integrar la odontología en los marcos de diagnóstico globales no consiste en elevar una especialidad. Se trata de hacer realidad los compromisos declarados por los propios sistemas de salud con la universalidad, la prevención y la dignidad. El diagnóstico es la puerta de entrada a la atención sanitaria, y la exclusión de esa puerta tiene consecuencias. La cobertura sanitaria universal no puede alcanzarse plenamente mientras miles de millones de personas que padecen enfermedades bucodentales tratables sigan siendo invisibles desde el punto de vista diagnóstico.

Abordar esta brecha no es una mera reforma técnica: es un paso hacia el cumplimiento de la promesa del derecho a la salud en su sentido más amplio.