Incorporar las voces de las mujeres en el diálogo sobre “ciudades inteligentes, ciudades justas”

¿Pueden los planificadores urbanos utilizar la tecnología de las “ciudades inteligentes” para crear ciudades que sean más justas, y seguras, para todos?


By: Natalie Gill
June 13, 2019

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Foto: Jakub Gorajek on Unsplash


¿Cómo se ve una “ciudad inteligente” desde una perspectiva de género?  ¿La manera en que las mujeres experimentan la ciudad es diferente? ¿La tecnología favorece u obstaculiza esa experiencia? ¿Y cómo puede aprovecharse la tecnología para afrontar con determinación los retos que más preocupan a las mujeres? 

En los últimos años, los gobiernos y las ONG han logrado avances hacia la plena igualdad entre los géneros, y el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5 de las Naciones Unidas (ODS 5) establece metas importantes, específicas y ambiciosas para lograr la igualdad de género para 2030. Si bien las metas y los logros del ODS 5 son importantes, en IHC (International Housing Coalition) Global creemos que para resolver los problemas que enfrentan las mujeres en todo el mundo y cerrar la brecha de género, debemos concentrarnos en la posición de las mujeres ante una de las dos principales tendencias mundiales de nuestros tiempos: la urbanización y la revolución de los datos.

Los desafíos de la urbanización son de sobra conocidos. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. Para 2050, los expertos prevén que esta cifra aumentará al 68 % y que mil millones de los residentes urbanos vivirán en asentamientos informales, los cuales se caracterizan por el hacinamiento, la falta de agua potable y saneamiento, la vivienda deficiente, la inseguridad en la tenencia de la tierra y la vulnerabilidad a los riesgos de salud y los desastres naturales. Si las ciudades no cuentan con políticas integrales e inclusivas, no están preparadas para hacer frente a estos graves problemas que a menudo afectan de manera desproporcionada a las mujeres. Las mujeres suelen constituir las poblaciones más vulnerables de las ciudades, en términos de seguridad, salud y planificación familiar e inseguridad económica. Sin embargo, a veces parece que las mujeres son invisibles en el proceso de planificación urbana. En IHC, queremos ayudar a que eso cambie.

La revolución de los datos es un factor clave en la evaluación e implementación de políticas eficaces para mejorar la vida de las personas y las comunidades urbanas. En la Nueva Agenda Urbana (NAU), presentada por ONU-Hábitat en Hábitat III y adoptada por 167 Estados miembros de las Naciones Unidas, se afirma: “La inteligencia de datos y el Internet de las cosas [IoT] permiten que los dirigentes de las ciudades obtengan una imagen más detallada, en tiempo real, de lo que sucede dentro de sus ciudades”. Las principales metrópolis, desde Barcelona hasta Dubái, Kigali y Baltimore, han asumido el estatus de “ciudades inteligentes”, dando prioridad a las tecnologías de información y comunicación (TIC), el IoT y la recopilación de datos para afrontar los desafíos urbanos.

El vínculo entre la urbanización y la revolución de los datos puede parecer evidente. Sin embargo, mientras que la revolución de los datos puede ayudar a superar los desafíos y propiciar una toma de decisiones sensata, es fácil ignorar algunas de sus desventajas, sobre todo las que se relacionan con la tecnología inteligente. Además, hay una tendencia a “enamorarse” de la tecnología como un fin en sí misma. Pero la tecnología debe ser una herramienta para lograr objetivos de políticas significativos.

Con esto no quiero decir que no se estén llevando a cabo debates sofisticados e inteligentes sobre cómo se recopilan los grandes volúmenes de datos y cómo se utiliza la tecnología inteligente. Pero es crucial evaluar el impacto social. Cuando se utiliza sin cuidado o congruencia, la tecnología inteligente también puede exacerbar la desigualdad social en las ciudades.  Como señaló la NAU: “Las investigaciones sugieren que [las TIC] tienen más probabilidades de exacerbar las desigualdades existentes que de remediarlas, porque quienes ya ejercen el poder tendrán mejor acceso a estas tecnologías y control sobre ellas”.

En algunos casos, las inversiones en ciudades inteligentes han causado daños comprobables a las poblaciones urbanas marginadas. En India, la Misión de Ciudades Inteligentes del primer ministro Modi pretende crear 100 ciudades inteligentes en el país para el año 2020. Sin embargo, la organización de la sociedad civil Housing and Lund Rights Network detectó desalojos forzosos y demoliciones de viviendas que guardan relación directa con la Misión de Ciudades Inteligentes. Muchos pactos internacionales bien conocidos condenan los desalojos forzosos por considerarlos violaciones de los derechos humanos.  En algunas ciudades de los Estados Unidos, las comunidades temen que la tecnología inteligente de vigilancia urbana diseñada para reducir la delincuencia en los vecindarios aumente la discriminación, el deterioro de los vecindarios o la vigilancia predictiva. En un estudio de investigación reciente realizado en West Baltimore sobre los beneficios de la inversión en tecnologías inteligentes para la habitabilidad de las ciudades, los residentes de West Baltimore, en particular los de edad más avanzada, expresaron su preocupación sobre la recopilación masiva de datos, con el argumento de que se reducirá la delincuencia, y sobre el destino de dicha información.

Estos ejemplos aluden a la tensión entre las “ciudades inteligentes” y las “ciudades justas”. Muy a menudo, las “ciudades inteligentes” se centran casi exclusivamente en la tecnología, en detrimento de las comunidades marginadas y las poblaciones vulnerables. Por otro lado, el enfoque de las “ciudades justas”, que se centra en los seres humanos, muchas veces no tiene en cuenta la posible contribución de las tecnologías inteligentes a la promoción de la equidad y la justicia social. Nuestra iniciativa “Ciudad inteligente. Ciudad justa“ (SCJC, por sus siglas en inglés), presentada en el noveno Foro Urbano Mundial, reúne estos dos enfoques para demostrar que la “tecnología” y la “centralidad del ser humano” no se excluyen mutuamente. En cambio, la tecnología y la digitalización pueden servir para impulsar una mayor inclusión e igualdad de oportunidades en las ciudades, a la vez que contribuyen a mejorar la eficiencia. SCJC hace hincapié en la necesidad de tener siempre presentes a las mujeres, los niños y los miembros marginados de la sociedad en las deliberaciones sobre el empleo de la tecnología inteligente en las ciudades.

En particular, las mujeres aportan una perspectiva acerca de los temas urbanos fundamentales, como la seguridad, que puede salvar algunas de las brechas entre la tecnología inteligente y la justicia social en las ciudades. Las investigaciones demuestran que invertir en las mujeres tiene efectos multiplicadores en el desarrollo a nivel mundial. En su libro, Invisible Women: Data bias in a World Designed for Men (Mujeres invisibles: El sesgo informático en un mundo diseñado para los hombres), Caroline Criado Perez señala una iniciativa de salud fallida en Sudáfrica. Una empresa de tecnología con sede en Ciudad del Cabo creó una aplicación para ayudar a los proveedores de salud comunitarios a vigilar la condición de los pacientes VIH positivos. Aunque la aplicación “reunía todos los requisitos de usabilidad... era fácil de usar [y] se podía adaptar a los idiomas locales”, fue un fracaso. La empresa solo entendió el porqué de dicho resultado después de agregar una diseñadora al equipo. Un teléfono inteligente cabe bien en los bolsillos de la ropa masculina, pero la ropa para mujeres muchas veces no tiene bolsillos o tiene bolsillos demasiado pequeños para un teléfono. Las proveedoras de salud a las que se les indicó que utilizaran el teléfono tenían que atravesar zonas inseguras para llegar a su trabajo, por lo que ocultaban los objetos de valor en su ropa interior. Y resulta que el teléfono era “demasiado grande para acomodarlo en sus brasieres”. Se perdió la oportunidad de vigilar el avance de los pacientes VIH positivos porque los diseñadores no integraron una perspectiva de género.

El hecho de que fuera necesario incorporar una diseñadora al equipo para descubrir los motivos del fracaso de la aplicación de Ciudad del Cabo apunta a una importante tendencia en el diseño urbano y tecnológico. Las mujeres particulares y las empresarias encabezan la lucha contra los problemas de desigualdad de género a través de las innovaciones tecnológicas, como la colaboración masiva para la recopilación de datos y las aplicaciones para celulares. En India, la aplicación SafetiPin fomenta la seguridad de las mujeres al permitir que las usuarias califiquen las calles y zonas según criterios de seguridad. La libertad de circulación no solo es un derecho humano, sino también es un elemento clave para el empoderamiento económico de las mujeres. Resulta alentador que SafetiPin ahora abarque ciudades como Hanoi y Bogotá. HarassMap en El Cairo permite a las mujeres denunciar casos de violencia y acoso sexual y brinda a las usuarias acceso a más recursos de apoyo e información.

Es claro que las iniciativas de colaboración masiva y las aplicaciones para celular ayudan a fomentar la igualdad de género y, por extensión, los derechos humanos cuando permiten que las mujeres y las comunidades participen en la planificación urbana. Y a menudo, las mujeres que introducen estas innovaciones lo hacen corriendo un gran riesgo personal. Pero, como sucede en todo el activismo y los esfuerzos de defensa y promoción, los avances solo podrán consolidarse plenamente si van acompañados de cambios en las políticas y estrategias deliberadas para aprovechar los datos y la tecnología. Nuestro ideal es que las herramientas de las ciudades inteligentes se utilicen para alcanzar los objetivos de las ciudades justas. Con esto, habrá mayor inclusión, seguridad, resiliencia y sostenibilidad, lo que permitirá a las ciudades prosperar y brindar oportunidades para que todos sus residentes puedan vivir vidas productivas. 

 


Natalie Gill es auxiliar de programas de investigación y políticas en IHC Global.


 

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