Cómo hacer (que funcione) una red de acción comunitaria: la organización en la era de la COVID-19

Las redes de acción comunitaria en Sudáfrica involucran a residentes de diversos orígenes en acciones colectivas para encontrar soluciones a problemas relacionados con la COVID.



Adam Niklewicz, United Nations COVID-19 Response/Unsplash


En marzo de 2020, un grupo de profesores, médicos y artistas ideó “Cape Town Together” (CTT), una respuesta comunitaria rápida a la COVID-19 que comenzó en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Su objetivo era alentar e inspirar a personas de toda la ciudad a organizarse, actuar a nivel local y encontrar maneras de compartir recursos. CTT ha generado una red de iniciativas comunitarias locales, conocidas como redes de acción comunitaria (CAN, por sus siglas en inglés), en vecindarios de toda la ciudad y el país.

En nuestro vecindario de Woodstock, la invitación de CTT ha reunido a habitantes que no habrían trabajado juntos en otras circunstancias. Comenzamos con menos de 20 personas. Ahora, el grupo de WhatsApp de nuestra CAN de Woodstock tiene más de 100 personas; los miembros del grupo han iniciado más de 5 grupos de trabajo. Pero, como sucede con todo trabajo de organización comunitaria, y teniendo en cuenta que estamos viviendo una traumática pandemia mundial, también ha habido tensiones y desafíos.

Los miembros de nuestro CAN provienen de entornos, historias y experiencias de vida muy diferentes. Incluyen organizadores comunitarios que han trabajado en esto todas sus vidas, personas privilegiadas que nunca han participado en la organización comunitaria, mujeres que han cuidado de la gente de sus calles durante años, hombres que forman parte de las estructuras de seguridad comunitaria, personas mayores que no saben cómo usar las tecnologías en línea, personas con trabajos de tiempo completo, personas que han perdido sus trabajos, y muchos más: todos en un solo espacio virtual.

Hemos intentado adoptar un enfoque que dice: la organización para crear comunidades debe tener el objetivo de crear pertenencia. La pertenencia genera las condiciones para el cambio, la acción y el pensamiento colectivo.

Debido a esta diversidad, junto con el historial de desigualdad y exclusión del país —y el vecindario—, tenemos que lidiar, como colectivo, con la manera en que estas historias y dinámicas de poder se manifiestan en nuestras interacciones diarias. Esto ha sido especialmente complicado porque estamos en confinamiento total y hemos tenido que depender de los espacios en línea —WhatsApp y Zoom, en específico— para organizarnos.

En un entorno tan cargado como el actual, todos buscamos claridad y respuestas. En consecuencia, muchas personas recurren en automático a los enfoques que valoran el control y la eficiencia, se basan en roles y responsabilidades formales, y se centran en los logros y resultados. Sin embargo, como CAN, tratamos de experimentar con formas nuevas y antiguas de consolidación comunitaria—como lo están haciendo también muchos otros activistas y organizadores—, a fin de crear una transformación en nuestro vecindario que dure más allá de la respuesta a la pandemia.

Creemos que la acción colectiva se vuelve más posible en comunidad. Hemos intentado adoptar un enfoque que dice: la organización para crear comunidades debe tener el objetivo de crear pertenencia. La pertenencia genera las condiciones para el cambio, la acción y el pensamiento colectivo.

Prácticas para la creación de redes de acción comunitaria en línea

A continuación, presentamos algunas prácticas que se han manifestado orgánicamente en nuestra CAN, a través de conversaciones, prueba y error, equivocaciones e intenciones conscientes.

(1) Centrarse en las conexiones críticas más que en la masa crítica

Las relaciones son la base de todo nuestro trabajo. La calidad y solidez de estas es más importante que la cantidad de personas involucradas. En el contexto actual de la COVID, esto ha significado ser conscientes de cómo creamos un espacio en línea solidario.

Lo hemos hecho de varias maneras. En primer lugar, tratamos de cultivar la comunicación uno a uno, dando la bienvenida a las personas con mensajes individuales para crear una sensación de conexión desde el principio. En segundo lugar, al crear espacios para ser humanos, forjamos vínculos más allá de solo “hacer". Las reuniones semanales en línea nos permiten escuchar las voces de los demás y vernos en nuestros “hábitats naturales” (hogares), lo que vuelve todo más personal y humano. En tercer lugar, pedimos a todos los miembros que sus mensajes se basen en la amabilidad, sobre todo en WhatsApp, donde a veces es difícil transmitir el tono, el humor y la personalidad.

A través de todo esto, fomentamos las prácticas de autocuidado y resiliencia personal. No podemos verter de un recipiente vacío. Necesitamos reponer lo que se agota por la constante avalancha de noticias, memes y mensajes que nuestros cerebros deben absorber, ordenar y usar para decidir qué hacer, mientras cuidamos de nuestra gente, trabajamos en nuestra CAN y conservamos nuestro empleo cotidiano. El equilibrio es difícil. Esto implica animarnos mutuamente a ser pacientes y respetar los límites energéticos de los demás, creando un espacio libre de culpas para que las personas puedan hacer una pausa cuando se sientan abrumadas.

(2) Practicar la conciencia colectiva:

la organización comunitaria se trata principalmente de la comunidad, así que es muy importante descentrar el ser individual. Queremos crear las condiciones para que las personas piensen de manera colectiva (y no como individuos dentro de un colectivo).

Estamos experimentando con la creación de valores colectivos y “acuerdos grupales” relacionados con nuestro propósito y visión. Por ejemplo, el grupo de nuestra CAN en WhatsApp tiene pautas claras que establecen los horarios en los que se pueden enviar mensajes (de 8 a. m. a 6 p. m.) y piden que no se publiquen noticias generales, artículos, memes y fotos sobre la COVID-19. Estas condiciones de participación se crearon y se moderan colectivamente. Esto crea una responsabilidad colectiva con respecto a nuestra cultura grupal, ayuda a que las personas se concentren en el trabajo y evita una inundación de información innecesaria. Vemos a nuestros administradores de grupo como “mapas” más que guardias. Es decir, nuestro objetivo es canalizar, y no acaparar, contactos, información, amor, conexión y sabiduría. Por lo general, hacemos esto poniendo en contacto a personas que tienen intereses similares (sin interferir ni mediar en la relación). Esto ha dado lugar a la formación de redes de afinidad, que son subgrupos en los que las personas pueden tener discusiones más profundas sobre temas específicos y desarrollar actividades y planes estratégicos. Un ejemplo es el grupo Sew4Safety, que es una iniciativa de elaboración y distribución de cubrebocas que comenzó como un grupo de afinidad apasionado por este tema. Otro es el grupo Feeding Scheme, que moviliza voluntarios, consigue donaciones y hace entregas de alimentos diarias para cientos de personas en la zona.

Aprendimos rápidamente que un grupo comunitario grande no siempre es el mejor lugar para organizar debates o hacer planes. Pero esto significa que tenemos que hacer espacio para las ideas de los demás y para que se desarrolle el liderazgo. Si el líder siempre está ahí, no hay espacio para que las demás personas exploren sus ideas y posibilidades.

(3) Moverse al ritmo de la confianza

En la organización, el instinto es moverse rápido y responder con urgencia; pero, cuando las relaciones son una prioridad y elemento central, la confianza se convierte en la métrica que determina la acción.

Este enfoque en la confianza significa que compartimos la responsabilidad al alentar a más personas a que asuman roles de coliderazgo y administren espacios de WhatsApp, de modo que el grupo no esté escuchando la voz de solo una persona. Significa que dejamos espacio para que distintas personas respondan a las preguntas, recordándonos que hay otras personas en una mejor posición para responder, si existe un espacio para que lo hagan. Además, hemos aprendido que está bien dejar algunas preguntas sin respuesta. Y, por último, algunas personas se irán del grupo y no podemos tomarlo como algo personal. De hecho, a veces puede ser bueno para todos.

Sembrar semillas de pertenencia

Estas son solo algunas de las prácticas organizacionales con las que estamos experimentando en nuestro espacio comunitario en línea. Lo que comenzó como una respuesta reactiva a una crisis sin precedentes se ha convertido en un espacio proactivo para la organización y consolidación comunitaria. A través de la intención consciente de crear pertenencia, tenemos la esperanza de que estas relaciones en línea que cultivamos y nutrimos sigan arrojando semillas fuera de línea.

 


If you would like to support the Woodstock Community Action Network or donate, please visit https://www.woodstock.org.za/fundraising/.


 

 

ORIGINALLY PUBLISHED: May 15, 2020

Ella Scheepers es una facilitadora organizacional y alteradora de sistemas radicada en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

Ishtar Lakhani es una radical libre y estratega de defensa y promoción radicada en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. 

Kasey Armstrong es una facilitadora, agente de cambio y guardiana de procesos grupales radicada en Massachusetts, EE. UU.


 

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