Qué podemos aprender de lxs feministas que se autofinancian

Hoy más que nunca, las organizaciones feministas necesitan profundizar la búsqueda de modelos de obtención de recursos autónomos en nuestros propios términos y que resulten eficaces para nuestros movimientos.


By: Tenzin Dolker
January 15, 2019

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Eddy Milfort/Flickr (Some Rights Reserved - CC BY-SA 2.0)

Autonomous resourcing is one of the transformative ways in which movements are mobilizing financial, human, and material resources that directly support the liberatory aims of feminist political projects


Un banco cooperativo de más de 20.000 trabajadoras sexuales[1] de Calcuta, la India, otorgó más de USD 4,7 millones en préstamos a 7.231 trabajadoras sexuales[1]  en un periodo de un año, mientras que una organización de captación de subvenciones para mujeres[2] en Katmandú, Nepal, movilizó a más de 600 embajadorxs voluntarixs. Estos son solo dos de los muchos ejemplos en los que los grupos feministas de todo el mundo sostienen sus procesos de organización a través de cuotas de afiliación y financiamiento colectivo. Los grupos feministas y por los derechos de las mujeres están adoptando nuevas tecnologías y revitalizando estrategias organizativas de larga data para sostener su trabajo vital. También arrojan luz sobre el poder político y financiero de lo que llamamos «recursos autónomos».

La Cooperativa Usha de la India se fundó cuando los principales bancos se negaban a prestar servicios a las trabajadoras sexuales de Sonagachi durante años. Esto obligó a muchas a depender de prestamistas predatorios y explotadores que les cobraban más de 300% de tasas de interés, reteniendo los ingresos logrados con muchísimo esfuerzo. Usha señala que[3] «las trabajadoras sexuales se encontraban en una profunda deuda económica y se veían obligadas a realizar trabajos riesgosos e inseguros». Durante el trabajo de la cooperativa con programas de intervención sobre salud sexual y VIH, las trabajadoras sexuales se autorganizaron para dar prioridad a sus preocupaciones económicas. A partir de estas reuniones, decidieron crear su propia institución financiera[4] para proporcionar una forma de ahorrar y mantener sus ingresos segura y libre de explotación.

Actualmente, la cooperativa Usha no solo es sostenible, sino que también ha convertido en realidad los derechos económicos de las trabajadoras sexuales y sus familias. Con una membresía conformada íntegramente por trabajadoras sexuales, el banco proporciona la titularidad e influencia real sobre el gobierno y la administración de la cooperativa, innovando con formas pioneras para que las personas y las comunidades marginadas puedan construir el poder económico en sus propios términos.

Este tipo de recursos autónomos es uno de los instrumentos transformadores con los que los movimientos están movilizando recursos financieros, humanos y materiales como apoyo directo para los objetivos liberadores de los proyectos políticos feministas.

Si bien pueden complementar el financiamiento proveniente de diversas instituciones, los esfuerzos de generación de ingresos u otras formas de financiamiento, los recursos autónomos se distinguen de tres maneras:

  1. No tienen expectativas o requisitos externos a los propios movimientos;
  2. La movilización de recursos es en sí misma una herramienta de construcción de movimientos: expande la base de adherentes, facilita la acción de la membresía de los movimientos e, idealmente, sostiene relaciones a largo plazo;
  3. Ofrecen a los movimientos la libertad financiera y política para organizarse con agilidad y autodeterminación.

En resumen, son recursos generados por los movimientos y para los movimientos, colocando en el centro su propio poder y prioridades.

La necesidad de recursos autónomos es clara. En AWID, hemos documentado el escaso financiamiento institucional proveniente de fundaciones o gobiernos que llega a los movimientos feministas. Solo el 1,4% de la asistencia oficial para el desarrollo[5] se destina a aquellas organizaciones de la sociedad civil centradas expresamente en la igualdad de género. Se estima que el 13,8% de las subvenciones[6] concedidas por fundaciones estadounidenses benefician a mujeres y niñas, y solo el 5% del total de fondos proporcionados por fundaciones europeas promueven los derechos humanos de las mujeres. Muchos de los fondos que llegan a los movimientos feministas son de corto plazo o no logran cubrir lo necesario para el trabajo transformador y capaz de cambiar la realidad que llevan adelante los movimientos feministas sobre el terreno y en comunidades de todo el mundo. Mientras continuamos abogando por un financiamiento de mayor volumen y mejor calidad para los movimientos feministas, los recursos autónomos cambian nuestro pensamiento y estrategias más allá del dinero y las divisas, pues se centran en la confianza, la solidaridad y las relaciones, que son los vínculos fundamentales para un cambio social significativo y a largo plazo. 

Los recursos autónomos fundamentalmente devuelven a los movimientos el poder de establecer prioridades, agendas y objetivos. Por ejemplo, grupos como la Red Confiando en Mujeres de Chile, la Asociación Fanm Soley Ayiti[7] de Haití, y redes y colectivos feministas como Voice of Women Initiative[8] [«Iniciativa voces de mujeres»], entre otros, cultivan fuentes locales de ingresos, incluidos los provenientes de donantes individuales y cuotas de membresía.

Tewa Nepal[9] es otro ejemplo de cómo las mujeres están trabajando para cambiar el poder y la influencia de sus subvenciones a lxs miembrxs de la comunidad como sus donantes y embajadorxs. Su modelo moviliza una amplia gama de recursos para financiar los programas de subvenciones para los derechos de las mujeres: la autogeneración y el financiamiento autónomo es una parte significativa del rompecabezas y permite a lxs beneficiarixs desempeñar un papel como donante.

«Se recaudaron fondos de nepalíes para el centro comunitario, y nuestrxs beneficiarixs, voluntarixs, personal y miembros han hecho su contribución», explica Urmila Shrestha, de Tewa Nepal. El propósito es «romper la jerarquía de poder» y «poner a todxs en un plano de igualdad», declara. «Nuestrxs socixs beneficiarixs se han convertido en donantes».

Como se ha analizado anteriormente en OpenGlobalRights, la organización ha creado un programa de voluntariado para la recaudación de fondos que moviliza a más de 600 personas como embajadorxs que colectan fondos y se organizan en torno a varios temas relacionados con los derechos de las mujeres en el país. Este tipo de estrategia de recursos tiene el potencial no solo de aportar fondos cruciales, sino también de abrir la conversación y colocar las cuestiones relativas a la herencia, la propiedad y la tierra como temas centrales para los derechos de las mujeres locales.        

La elaboración de estrategias para sostener nuestros movimientos no es un desafío nuevo para lxs actorxs del cambio social y los derechos humanos. Lxs activistas siempre han aportado sus propias habilidades (a menudo de forma no remunerada o mal remunerada), conocimientos, contactos y financiamiento personal para el cambio social. A lo largo de los años, se han explorado y utilizado diferentes modelos de recursos para financiar los temas que consideran críticos. «Queremos ser independientes y definir nuestras propias prioridades [...] utilizar menos fondos externos y explorar la economía solidaria para ser financieramente independientes», explica Yldiz Temurturkan, activista feminista de Turquía.

Ahora más que nunca existe una necesidad crítica de que los movimientos feministas profundicemos nuestra búsqueda de modelos de obtención de recursos autónomos en nuestros propios términos y que resulten eficaces para nuestros movimientos. Por supuesto, también existen preocupaciones reales sobre el tipo de renuncias que los movimientos tendrían que hacer al confiar únicamente en recursos autónomos, como los recursos de mayor volumen provenientes de otras fuentes de subvenciones. Dada la flexibilidad de los recursos autónomos, los grupos feministas se están organizando a través de intersecciones entre movimientos para cofinanciar actividades de diversos movimientos, sacando provecho de las alianzas estratégicas con sindicatos, partidos políticos y otros grupos comunitarios.

Los ejemplos compartidos aquí están provocando un creciente interés que plantea una pregunta crucial acerca de cómo sostener nuestros movimientos, al tiempo que se hace un balance de los viejos modelos organizativos que pueden ayudarnos a innovar nuevas modalidades y prácticas de obtención de recursos para crear conjuntamente realidades feministas transformadoras. 

AWID trabaja con nuestrxs socixs para generar modelos que amplifiquen el diálogo (incluidos los que facilita la tecnología) y plantear la necesidad de comprender estos recursos como una propuesta financiera y política.

**Si estás interesadx en ser parte de las conversaciones para establecer estrategias sobre cómo podemos apoyar los movimientos feministas para generar recursos más autónomos, puedes comunicarte con AWID.

Este artículo tiene una deuda de gratitud con lxs muchxs activistas feministas que han brindado su tiempo y sus ideas acerca de la manera en que obtienen los recursos para sus procesos de organización. La autora también agradece al personal de AWID que contribuyó a este artículo, especialmente a Kellea Miller, Nana Darkoa Sekyiamah y Laila Malik, y a Fenya Fischler y Kamardip Singh, cuyas entrevistas y trabajos previos sentaron las bases para este análisis. El artículo forma parte de una investigación más amplia de AWID sobre recursos autónomos para el cambio social feminista.

 


Tenzin Dolker es coordinadora de recursos para los movimientos feministas de la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo (AWID). También trabajó como analista de derechos y gobernabilidad en la Fundación Ford y como oficial de programas en Machik.


 

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