Financiamiento de las comunidades locales: ¿qué es posible en América Latina?

Un caso en Argentina muestra claramente que es posible obtener financiamiento de la comunidad local en América Latina. ¿Podrán más organizaciones cambiar a este modelo de financiamiento de una manera sostenible?


By: Gastón Chillier
August 21, 2018

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Photo by Michael Longmire on Unsplash

Cultivar donantes locales es importante tanto a nivel político como financiero, ya que es una herramienta para aumentar la participación, el compromiso y la rendición de cuentas.



Se ha escrito mucho en este foro sobre el financiamiento extranjero, participativo y local para las organizaciones de derechos humanos. Un interrogante fundamental es si esta clase de organizaciones puede centrar su sostenibilidad financiera en el apoyo de donantes individuales locales y liberarse del modelo tradicional de financiamiento extranjero. En el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), contamos con pruebas concretas que demuestran que esto es posible en América Latina. A la par de los cambios en nuestro modelo de sostenibilidad financiera, y en parte debido a ellos, nuestro modelo de activismo ha cambiado, para centrar mucha más atención en la movilización de nuevos actores sociales y la creación de alianzas con ellos. Y cada vez hay más sinergias entre ambos modelos.

En 2019, CELS celebrará su 40º aniversario, y durante casi todos esos años dependimos del financiamiento de gobiernos y fundaciones internacionales. Sin embargo, hemos notado que una cantidad desproporcionada de los fondos se dirige a las ONG del Norte e internacionales. Durante los últimos 15 años, hablamos mucho sobre cambiar nuestro modelo financiero, pero hasta hace poco no respaldamos esas palabras con acciones. Algunas de nuestras propias resistencias, incomodidades y dudas sobre el éxito de la iniciativa fueron producto de la reacción de nuestros aliados cercanos en Argentina y Estados Unidos, quienes cuestionaron la viabilidad de recurrir a donantes locales. 

Entonces, el escenario cambió. Primero, perdimos un donante institucional clave que nos había brindado la oportunidad excepcional de recibir una importante subvención de cinco años. Al mismo tiempo, surgieron evidencias de que nuestro viejo modelo de activismo centrado principalmente en incidir sobre las estructuras tradicionales de poder —el ejecutivo, el Congreso, los tribunales, las leyes y la política pública— no siempre estaba produciendo resultados sostenibles; se necesitaba un mayor énfasis en la movilización social para mantener los logros en el largo plazo. Era el momento de recalibrar nuestras estrategias, optimizar nuestras acciones de investigación, litigio e incidencia en políticas públicas y dar mucho mayor peso a las alianzas con movimientos sociales y otros actores que fuimos construyendo desde la crisis de 2001. Estos movimientos incluyen, por ejemplo, los potentes colectivos feministas y las organizaciones estudiantiles que han desencadenado cambios históricos en el debate sobre la violencia de género y el derecho al aborto, las organizaciones indígenas y campesinas, los sindicatos y otras agrupaciones similares.

Nos dispusimos a hacer estos cambios convencidos de la complementariedad entre movilizar apoyo en favor de la agenda de derechos humanos y transformar nuestro modelo de financiamiento en uno que mantenga un equilibrio saludable entre los financiadores internacionales y los donantes individuales locales. Estamos construyendo una “Comunidad CELS”: un espacio para la articulación y el activismo de individuos y movimientos sociales que genera un sentido de pertenencia y el propósito compartido de hacer avanzar los derechos humanos.

Sin embargo, la cultura de la donación es débil en Argentina. Históricamente, la mayor parte de la filantropía se ha destinado a organizaciones de carácter religioso, y en tiempos más recientes, aumentaron las donaciones a organizaciones internacionales como Greenpeace, Médicos sin Fronteras o Amnistía Internacional. Las donaciones a organizaciones nacionales de derechos humanos, como CELS, reflejan un cambio incipiente.

En este contexto, a mediados de 2017 lanzamos una campaña en dos frentes: 1) una estrategia digital para generar contactos que apoyen a CELS a través de las redes sociales y 2) una campaña de telemarketing que consistió en llamar a esas mismas personas, quienes ya habían mostrado interés en respaldar nuestro trabajo. Un año después, nuestros esfuerzos han producido 2400 donantes mensualizados que proporcionan más de $21 000 cada mes, un monto que va en aumento. Si podemos mantener esta tendencia, en seis años, el 50 % de nuestro presupuesto vendrá de donantes individuales en Argentina, que esperamos complementar con donaciones del exterior.

Casi el 70 % de nuestros donantes tienen 50 años de edad o más, por lo que para mantener este crecimiento tenemos que ampliar nuestro trabajo en temas que interesan a personas más jóvenes, como el aborto y los derechos de los migrantes. Nuestro trabajo se complica por la incertidumbre que provoca la crisis económica argentina y su impacto sobre las decisiones asociadas con la donación. También enfrentamos el reto de ayudar a transformar la cultura argentina para que las personas se comprometan a apoyar a las instituciones locales.

Casi el 70 % de nuestros donantes tienen 50 años de edad o más, por lo que para mantener este crecimiento tenemos que ampliar nuestro trabajo en temas que interesan a personas más jóvenes, como el aborto y los derechos de los migrantes".

Cultivar donantes locales es importante tanto a nivel político como financiero, ya que es una herramienta para aumentar la participación, el compromiso y la rendición de cuentas. Por mencionar solo un ejemplo: ocho años después de que vendiéramos obras de arte originales donadas por destacados artistas argentinos para recaudar fondos para CELS, hemos desarrollado todo un programa de Arte y Derechos Humanos que atrae a nuevos donantes individuales y amplía nuestra base social. El programa ofrece experiencias prácticas a través del arte callejero y en una variedad de museos, centros culturales y festivales de cine, y también inspira más activismo.

Esta clase de trabajo implica un cambio en nuestra identidad y nuestras capacidades a la fecha. Estamos implementando los cambios estructurales necesarios para cultivar y fidelizar donantes individuales, desde el desarrollo de sistemas de gestión hasta cambios importantes en nuestras habilidades para la comunicación. Estos cambios no siempre son fáciles: algunos son técnicos y otros culturales, como superar los recelos internos o la resistencia a avanzar en un territorio desconocido.

Un primer paso es crear conciencia de que la organización no puede seguir dependiendo del financiamiento internacional y debe explorar fuentes locales. Esto ha implicado conversaciones con la mesa directiva y todo el personal. Las iniciativas pequeñas que rinden fruto, como nuestra venta de obras de arte, muestran que este cambio es posible y beneficioso. Una vez que se ha logrado generar apoyo interno, hay que dedicar tiempo a fidelizar a los donantes conseguidos y descubrir formas de llegar a nuevas audiencias. Invitamos a nuestras organizaciones colegas a animarse a hacerlo, conscientes de que el proceso implicará ensayo y error.

Este modelo entraña mayores niveles de rendición de cuentas ante la comunidad local, así como diálogo continuo, escucha activa, aprendizaje y adaptación.  Estamos incorporando nuevas capacidades organizativas y formas de activismo para promover la comunidad CELS, como las colaboraciones con grupos de estudiantes que van desde movilizaciones en las calles y proyectos de video sobre derechos reproductivos hasta denuncias conjuntas de violaciones de la libertad de expresión de los adolescentes. Incorporar estas actividades mientras se preserva la calidad de las estrategias más tradicionales no es poca cosa. Esperamos que nuestra experiencia inspire a otras organizaciones a avanzar en esta dirección. También esperamos que los financiadores internacionales no rehúyan este cambio, sino que se vuelvan parte activa del mismo, apoyando a las organizaciones del Sur mientras emprenden esta transformación desafiante pero innovadora.

Esta iniciativa ocurre en un mundo marcado por muchos cambios geopolíticos. Las violaciones graves de derechos humanos ya no son algo característico principalmente del Sur. Pensemos, por ejemplo, en la crisis migratoria en Europa y Estados Unidos, o en la criminalización y represión de la protesta social en todo el mundo. Del mismo modo, las soluciones a las crisis de derechos humanos ya no se asocian principalmente con el Norte. Por el contrario, los gobiernos y la sociedad civil deben ejercer un mayor liderazgo de una forma cada vez más concertada entre el Norte y el Sur.

Esta no es la primera ocasión en la que CELS adapta su visión, mandato y estrategias para responder a las diversas realidades políticas y necesidades sociales, sin desviarse de sus valores fundamentales. A medida que nos acercamos a nuestro 40° aniversario, estamos cada vez más preparados para seguir adelante con esta minirevolución en nuestra organización, conscientes de los riesgos y desafíos, pero convencidos de los beneficios que aportará a nuestra causa.

 


Gastón Chillier es el director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), con sede en Buenos Aires.


 

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