No hablemos de la reducción del espacio, sino del futuro compartido de la humanidad

Para apoyar a la sociedad civil, tenemos que hablar menos sobre las amenazas que enfrenta y más sobre los valores que representa y sus contribuciones a la sociedad, y mostrarles a las personas cómo pueden generar cambios.




La sociedad civil es una de las grandes historias de éxito del siglo XX.  Por lo tanto, no es de extrañar que los populistas en todo el mundo estén tan ansiosos por atacar no solo su capacidad de funcionamiento, sino también su legitimidad ante el público en general.

Si la sociedad civil quiere ser un factor determinante en el siglo XXI, tiene que dejar de hablar sobre la “reducción del espacio cívico” o los “ataques contra la sociedad civil” y aprender a contar mejor su propia historia.

A continuación, explicaré por qué.

Centrarse en la reducción del espacio permite que los adversarios de la sociedad civil definan la agenda. Implica aceptar un debate sobre si los actores de la sociedad civil son delincuentes o no. Si el público escucha constantemente que los activistas son detenidos, vigilados o regulados, llegará el momento en que piense que algo malo habrán hecho esos activistas.

Y, peor aún, se pierde la oportunidad de recordarle a la gente lo que puede lograr una sociedad civil libre.

Una narrativa que fomenta el desaliento y la desesperación

La narrativa de la reducción del espacio crea una sensación de urgencia temporal a cambio de un desaliento duradero. El sentimiento dominante en la narrativa actual de la sociedad civil, medido según las conversaciones que usan el término en las redes sociales, es la desesperación.

En esta narrativa, la sociedad civil no es más que un personaje en la historia del populismo, donde la primera está en decadencia mientras que el segundo aumenta irremediablemente. Y la gente rara vez se une al bando perdedor. La estrategia lineal de exponer los ataques para detenerlos alimenta una espiral en la que los ataques hacen que la sociedad civil se vuelva menos atractiva y eso, a su vez, hace que las autoridades puedan seguir atacándola con mayor facilidad.

Es necesario documentar, analizar y contrarrestar las nuevas oleadas de amenazas. Sin embargo, tenemos que cambiar el contexto en el que contamos esas historias. Al documentar de manera constante las amenazas que enfrentan los activistas, sin celebrar también sus logros, corremos el riesgo de provocar que la gente acepte como algo común la idea de que quienes desafían al poder siempre serán silenciados.

Mientras que las personas comunes no sientan que el término las incluye, no escucharán que se está reduciendo el espacio para todos nosotros.

El mensaje de la reducción del espacio también refuerza la narrativa populista sobre una sociedad dividida y crea una distancia artificial entre la sociedad civil y el público. Provoca que las personas vean a la sociedad civil (si es que la ven) como una camarilla profesional que se dedica a criticar a los gobiernos, dejando de lado a los grupos comunitarios locales a los que pertenecen los ciudadanos de a pie.

Mientras que las personas comunes no sientan que el término las incluye, no escucharán que se está reduciendo el espacio para todos nosotros; solo escucharán que se está reduciendo para un grupo de activistas de élite. Tenemos que mostrar que los gobiernos están cerrando el espacio cívico para todos. Mejor aún, mostremos todo lo que podemos ganar al tener más espacio cívico.

En lugar de mostrarles las amenazas, necesitamos que las personas vean cuál es la alternativa: una sociedad civil floreciente y lo que puede contribuir a la sociedad en general, como una economía más equitativa, una manera más ecológica de vivir o una comunidad global mejor conectada.

Una nueva narrativa para la sociedad civil

Las narrativas populistas dominan la percepción pública porque la sociedad civil no ha podido ofrecer un discurso alternativo convincente. El primer paso es decidir qué es lo que realmente queremos que piense la gente sobre la sociedad civil.

La mejor manera de proteger a la sociedad civil es hacerla atractiva. Si las personas se interesan apasionadamente por algo, lo defenderán con más fervor.

Si los grupos de la sociedad civil de todo el mundo se unen en torno a una visión compartida de la sociedad civil, tendrán el poder para dar forma a una nueva narrativa, la cual se basaría en historias audaces, sorprendentes e inspiradoras que atrapen la imaginación y ofrezcan una narrativa más atractiva que la de los populistas.

Esto implica transmitir con un enfoque inquebrantable que la sociedad civil apoya cosas que le importan a la gente: sus familias, sus comunidades, su entorno local. En Polonia, por ejemplo, la campaña Sociedad Civil: ¡Funciona! cuenta relatos de grupos locales que han logrado mejoras tangibles en la vida de miembros de la comunidad.

Cuando se cierre un espacio para la sociedad civil, abramos nuevos espacios. A lo largo de la historia, la sociedad civil rara vez tuvo acceso a espacios en los medios de comunicación, el derecho y la política. De hecho, el punto de la sociedad civil en momentos como el régimen comunista en Europa Oriental en la década de los 1980 fue que, cuando las autoridades intentaban controlar todos los aspectos de la vida, funcionaba de forma clandestina para ofrecer un espacio fuera de ese control, aunque ese espacio fuera solo un concierto de punk rock.

Tenemos que convertir a la sociedad civil en un espacio deseable en el que la gente quiera pasar el tiempo. Un espacio floreciente y emocionante, no un “espacio en reducción”.

El camino por seguir: valores y visión

La creación de nuevos espacios mediante estrategias basadas en la cultura, la comunidad y la cooperación debería ser un fin en sí misma para las organizaciones de la sociedad civil que quieren transformar la narrativa. Esa es la conclusión de Be the Narrative (Sé la narrativa), un documento de JustLabs y el Fondo para los Derechos Humanos Mundiales que destaca maneras en que los grupos de la sociedad civil pueden contrarrestar las narrativas populistas de crisis, conflicto y controversia, en lugar de fomentarlas.

Es preciso hablar sobre los valores que la sociedad civil representa. Con demasiada frecuencia, defendemos nuestra posición mediante la negación. Incluso las palabras “organización no gubernamental” o “sin fines de lucro” definen nuestra identidad a partir de lo que no somos.

Es preciso hablar sobre los valores que la sociedad civil representa

No obstante, los valores de la sociedad civil son fundamentalmente unificadores. Llegan a la esencia de lo que significa ser humanos y las cosas que hacen que la vida sea especial: la unión, la generosidad y la empatía. La sociedad civil puede usar estos valores compartidos para llegar a las personas en un plano emocional, si aprende a escuchar mejor a sus partidarios, sobre todo adaptando las herramientas digitales de inteligencia sobre los consumidores que ahora son comunes en los negocios y la política.

El relato de la sociedad civil se podría basar en nuestra creencia de que los grandes momentos de progreso en la historia, los grandes saltos de empatía y apertura, fueron posibles gracias a personas que se unieron para mejorar sus comunidades; es decir, a través de la sociedad civil.

Lo que asusta a los adversarios de la sociedad civil son las alternativas. Las autoridades cierran el espacio cívico porque le temen al poder de la sociedad civil para cuestionar su narrativa, ofrecer otras visiones de lo posible y cambiar lo que se considera sentido común dentro de la sociedad.

Como escribió Rebecca Solnit en su libro Hope in the Dark (Esperanza en la oscuridad): “La violencia es el poder del Estado; la imaginación y la no violencia, el poder de la sociedad civil”.  

En la próxima década, la sociedad civil debe aprovechar su herramienta más poderosa: la capacidad de imaginar un mejor futuro para todos nosotros.

 

ORIGINALLY PUBLISHED: January 8, 2020

Thomas Coombes es el fundador de la comunicación basada en la esperanza. Es un experto en comunicaciones y estrategia en materia de derechos humanos. También es parte del colectivo JustLabs.


 

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