Repensando la noción de una crisis de derechos humanos

El marco de crisis constante tiene implicaciones negativas para los derechos humanos, especialmente cuando emergen cuestiones de legitimidad. Pero la esperanza – basada en la evidencia empírica del progreso de los derechos humanos – debería darles a los defensores la motivación para continuar trabajando.


By: Kathryn Sikkink
July 31, 2018

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Photo by Perry Grone on Unsplash

El hecho de que la lucha por los derechos humanos haya siempre enfrentado una oposición considerable no debería desalentarnos. 



Actualmente existe una epidemia de pesimismo que rodea los derechos humanos. Para nombrar solamente algunos ejemplos, el antiguo Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon ha sugerido que no había habido tanto sufrimiento desde la Segunda Guerra Mundial, Eric Posner, profesor de derecho de la Universidad de Chicago ha afirmado que no ha habido una disminución en las violaciones de derechos humanos en el mismo periodo de tiempo, y el académico de relaciones internacionales Stephen Hopgood ha argumentado que estamos siendo testigos de “el fin de los derechos humanos”.

Un punto de vista tan pesimista es entendible por las situaciones preocupantes que enfrentan los activistas de derechos humanos a diario. La idea de peligro y crisis, sin embargo, apuntan no solamente hacia el momento actual, sino que insinúan la existencia de algún conocimiento sobre las tendencias y el cambio a lo largo del tiempo; sugiere que los derechos humanos no eran cuestionados anteriormente y que la situación es peor ahora.

Reconozco que muchas situaciones de derechos humanos alarmantes ocurren actualmente en el mundo, y estoy particularmente preocupada sobre la situación actual en los Estados Unidos, pero no estoy convencida de que el estado de los derechos humanos a nivel global sea peor que nunca. Al contrario, consideremos cómo el marco de crisis constante en sí puede tener consecuencias negativas para los derechos humanos.

Mi reciente libro Razones para la esperanza: la legitimidad y efectividad de los derechos humanos de cara al futuro, propone que las declaraciones pesimistas deben ser sometidas a una examinación rigurosa, tanto histórica como estadística. Este debate es de importancia por los efectos inadvertidos que un marco de crisis y de peligro pueda tener en las percepciones sobre la efectividad y legitimidad del activismo de derechos humanos.

Históricamente, el progreso de los derechos humanos ha ocurrido como resultado de la lucha, y a menudo ha sido liderado por grupos oprimidos. En los lugares donde esto ha ocurrido, el progreso de los derechos humanos no ha sido del todo inevitable, más bien ha sido supeditado a un compromiso y a un esfuerzo continuo. Algunos activistas y académicos temen que si admiten que sí ha habido progreso, la gente se desvinculará o adoptará una actitud complaciente.

Históricamente, el progreso de los derechos humanos ha ocurrido como resultado de la lucha, y a menudo ha sido liderado por grupos oprimidos". 

Una encuesta reciente a 346 individuos quienes actualmente o anteriormente trabajaban en el campo de los derechos humanos encontró que este tipo de trabajo está asociado con niveles elevados de depresión y de trastorno de estrés postraumático. Una de las fuentes de esto parece ser las auto-evaluaciones negativas sobre el trabajo en derechos humanos. Estos hallazgos sugieren que uno de los aspectos más difíciles de ser un activista de derechos humanos es la duda sobre si se está aportando a un cambio positivo. Un marco de crisis excesiva entonces no solo puede contribuir a la impresión de que el movimiento de los derechos humanos ha sido inefectivo históricamente, sino que también puede reducir la motivación y el bienestar de los activistas.

Por su propia definición, los derechos humanos se necesitan cuando las cosas están mal. Yo trabajé con una organización pequeña de derechos humanos, la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos, al final de los años 70 y al comienzo de los 80, una época que es ahora considerada por algunos como la edad de oro del activismo de los derechos humanos. A pesar de eso, nunca sentimos que las metas en temas de derechos humanos eran fácilmente alcanzables. ¿Cómo podríamos haberlo sentido, cuando el gobierno argentino estaba desapareciendo a miles de sus ciudadanos; el gobierno salvadoreño, con el fuerte apoyo del gobierno estadounidense, estaba masacrando gente; y cuando el mundo había ignorado el reciente genocidio en Camboya?

Algo del pesimismo actual también sugiere que los activistas de derechos humanos fueron populares en algún momento pasado y que ahora son denigrados. Pero los activistas de derechos humanos nunca han sido populares en los países en los que trabajan. Los gobiernos represivos tienen una larga historia de ataques y desacreditación de los grupos de derechos humanos, por medio de campañas difamatorias y otras tácticas represivas. Las organizaciones de derechos humanos a menudo defienden los derechos de minorías impopulares tal como los izquierdistas políticos en Latinoamérica, los Roma en Europa, y las personas transgénero en EEUU.

El hecho de que la lucha por los derechos humanos haya siempre enfrentado una oposición considerable no debería desalentarnos. La historia más extensa de los derechos humanos nos ofrece un mensaje positivo que puede ayudar a sostenernos en el contexto de nuestras luchas actuales. En Razones para la esperanza, exploro qué cambios ha habido a lo largo del tiempo, usando los mejores datos que pude encontrar sobre lo que muchos de nosotros estaríamos de acuerdo en calificar como buenas medidas de derechos humanos diversos.

Observando estos datos cuidadosamente, asunto por asunto, vemos que algunas situaciones están empeorando – como el número absoluto de refugiados desplazados por la guerra o la desigualdad económica en muchos países. Sin embargo, hay muchas más tendencias positivas, incluyendo una disminución del genocidio y el politicidio, un número decreciente de personas matadas en guerra, el uso descendente de la pena de muerte, así como mejorías en pobreza, mortalidad infantil, y esperanza de vida. También hay avances en la igualdad de género, los derechos de minorías sexuales, y los derechos de personas con discapacidades.

Entonces, ¿por qué tantas personas creen que las violaciones de los derechos humanos en el mundo están empeorando en lugar de mejorando? La respuesta corta es que pensamos que el mundo está peor porque los derechos humanos nos importan más y sabemos más sobre ellos que nunca antes. Los medios de comunicación y las organizaciones de derechos humanos han llamado nuestra atención a un incremente rango de violaciones de derechos alrededor del mundo. Su éxito en esto a veces inadvertidamente causa que las personas piensen que no ocurren avances en los derechos humanos. Resultados desalentadores también son generados porque comparamos nuestra situación actual no con el pasado sino con un mundo ideal imaginado, y entonces siempre se queda corto.

Mi punto acá no es para proponer que la situación de los defensores de derechos humanos en el mundo está mejorando. Principalmente quiero recordarles a los lectores que los defensores de derechos humanos han estado en la primera fila desde hace mucho tiempo, y que debemos ser cautelosos al sugerir que existió un mejor periodo para los derechos humanos en la segunda mitad del siglo XX, el que ahora se ha erosionado en el siglo XXI. Algunas de las amenazas – particularmente aquellas que involucran leyes invasivas sobre registros y fondos – son ciertamente nuevas y amenazantes, mientras que otros retos han sido casi constantes para las organizaciones de derechos humanos de la sociedad civil a lo largo del tiempo.

Nada sobre qué tan nuevos o antiguos son estos retos o sobre cualquier tendencia de derechos humanos fundamentales le resta al reconocimiento de los retos atemorizantes a los que grupos e individuos se enfrentan, ni niega la necesidad urgente de desarrollar estrategias para responder a estos retos. Sin embargo, lo que espero es que la información sobre las tendencias históricas, así como una mirada más enfocada en los datos, pueda ser útil como parte de una discusión de tácticas prometedoras orientada hacia la acción y de cómo atender estos retos.

Lo que está en juego en este debate de derechos humanos es mucho. La ira, la esperanza, y el conocimiento de poder hacer una diferencia en el mundo le dan a la gente la energía para continuar trabajando. El saber más específicamente cómo los grupos de derechos humanos han hecho una diferencia nos puede enseñar más sobre estrategias efectivas y tácticas para utilizar en el futuro.

 


Kathryn Sikkink es la Profesora Ryan Family de Políticas de Derechos Humanos en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard, y la Profesora Carol K. Pforzheimer en el Instituto Radcliffe. Sikkink es autora de Razones para la esperanza: la legitimidad y efectividad de los derechos humanos de cara al futuro, que fue publicado recientemente en español.


 

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