La promoción de la libertad de religión o de creencias: lecciones clave

La libertad de religión o de creencias está ganando cada vez más atención, pero las medidas para promover este derecho deben estar ancladas en las normas internacionales, ser pertinentes a nivel local e integrarse en los esfuerzos de reforma más amplios.



Photo: Cyprien Hausen/Flickr (CC BY-ND 2.0)


En los últimos años, ha aumentado notablemente el interés por promover el derecho a la libertad de religión o de creencias (LROC) a través de la política exterior. Los gobiernos nombraron enviados especiales, se creó un Grupo de Contacto Internacional sobre la LROC, la UE formuló directrices al respecto, el Departamento de Desarrollo Internacional (DFID, por sus siglas en inglés) del Reino Unido y otras agencias de desarrollo asignaron fondos para proyectos sobre la LROC y las actividades de las ONG en defensa de este derecho aumentaron, por mencionar tan solo algunos ejemplos.

Aunque este nuevo interés en el que alguna vez se llamó “el derecho huérfano“ es bienvenido, también plantea algunos desafíos. En nuestro informe, The International Promotion of Freedom of Religion or Belief: Sketching the Contours of a Common Framework (La promoción internacional de la libertad de religión o de creencias: esbozar los contornos de un marco común), presentamos recomendaciones sobre formas significativas de responder a estos desafíos.

En primer lugar, se necesita que la LROC tenga el peso adecuado en el panorama de derechos humanos. Durante muchos años, la LROC fue un derecho que se pasó por alto o se descuidó en el ámbito más amplio del trabajo de derechos humanos. “Creo que se le ha visto como un derecho menor”, afirmó el representante de una minoría religiosa de Sri Lanka en entrevista para nuestro informe. El aumento de atención reciente es bien merecido. Sin embargo, tratar a la LROC como el “derecho primordial”, como hacen algunos, puede resultar tan perjudicial como ignorarla por completo. Ninguno de los dos enfoques refleja adecuadamente la compleja realidad sobre el terreno. Los derechos humanos son indivisibles e interdependientes y están interrelacionados entre sí; muy a menudo, sucede lo mismo con las violaciones de estos derechos. La falta de atención a la LROC puede causar brechas de protección, pero un énfasis excesivo en ella puede provocar que se ignoren otros derechos importantes. La discriminación por motivos de religión o de creencias rara vez consiste exclusivamente en la restricción de las prácticas y manifestaciones religiosas; también implica violaciones de varios otros derechos, y una perspectiva basada en la LROC no siempre es la única perspectiva, o la más relevante, para encararlas.

En segundo lugar, la LROC se debe plantear con base en los principios fundamentales de derechos humanos. Las percepciones erróneas, y los usos indebidos, de la LROC constituyen un riesgo considerable, y tienen consecuencias graves para las personas a las que este derecho debe proteger. A menudo, se tiene la percepción errónea de que la LROC solo es un derecho de las personas religiosas. Cuando el Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la LROC enfatizó el año pasado el derecho a no tener religión de los ateos y otros no creyentes, el Vaticano (entre otros) reaccionó fuertemente y declaró que el relator “excedió su mandato”. Sin embargo, la LROC es un derecho universal de todas las personas, incluidas las que no tienen o no practican una religión. En muchas partes del mundo, los no creyentes sufren una grave discriminación y persecución por sus convicciones.

La universalidad también implica que la LROC protege a las personas de todas las comunidades religiosas. Algunos defensores de la libertad religiosa tienden a concentrarse en determinadas minorías religiosas frente a otras, en una especie de “victimización competitiva”. Estos enfoques pueden conducir a la polarización; además, rara vez abordan la raíz del problema. Por lo general, la discriminación y la persecución no se dirigen solo a una minoría. En el Medio Oriente, por ejemplo, las violaciones de la LROC no solo afectan a los cristianos, sino también a los yazidíes, chiitas y otros. Con frecuencia, el problema parece ser una falta de tolerancia y respeto hacia cualquier cosa que no sean las creencias de la mayoría, más que una falta de tolerancia y respeto hacia una minoría en particular.

Si bien la mayoría de los defensores de la LROC no limitan su atención a una minoría específica, muchos consideran que la protección de los derechos de las minorías religiosas es una parte esencial de la LROC. Y sí lo es. Sin embargo, a pesar de la importancia de los derechos colectivos, la LROC es ante todo un derecho de los individuos a practicar o no practicar su religión o creencia de la manera que elijan, incluso cuando esto va en contra de la ortodoxia del grupo o la comunidad religiosa a la que pertenecen. Las minorías religiosas perseguidas también pueden ser muy discriminatorias y opresivas con respecto a las personas que difieren de los puntos de vista convencionales, ya sean las feministas religiosas, las personas LGBTI, las personas que abogan por una reforma religiosa o las personas que no practican una religión.

En tercer lugar, se necesitan alianzas más amplias. La mayoría de los principales defensores de la LROC trabajan a partir de los Estados occidentales o en ONG internacionales, y suelen estar asociados con el cristianismo. Esta peculiar conformación del campo no solo provoca que la LROC se perciba como una “agenda Occidental” o “misión cristiana”, sino que también hace que las intervenciones no sean tan eficaces o adecuadas como podrían serlo. La cooperación basada en alianzas amplias parece ser la estrategia más propicia para impulsar la LROC. A nivel internacional, la presión política sobre los Estados que violan derechos es más eficaz cuando la ejerce una amplia gama de actores. Las diferentes relaciones con los Estados infractores ofrecen una variedad de canales de influencia. A nivel local, las coaliciones de varias comunidades religiosas o de creencias, así como la cooperación con actores no religiosos, pueden apoyar agendas más incluyentes y minimizar el riesgo de acusaciones de sectarismo. Por lo tanto, se necesitan esfuerzos deliberados y continuos para ampliar y diversificar el conjunto de actores involucrados, incluidos los Estados no occidentales, los actores de derechos humanos seculares y una mayor variedad de actores religiosos.

En cuarto lugar, las intervenciones para promover la LROC deben ser pertinentes y resonantes a nivel local. El escepticismo generalizado sobre la LROC, y los derechos humanos en general, que existe en muchos contextos supone importantes desafíos. La crítica puede tener una motivación estratégica o política, dirigida a desviar la atención de las violaciones de derechos humanos cometidas por los actores poderosos. Sin embargo, también puede reflejar una genuina sensación de distanciamiento, cuando el lenguaje de los derechos humanos, y de la LROC en particular, se percibe como “extranjero” o “importado”. Como una manera de superar este escepticismo, un activista asiático entrevistado para nuestro informe señaló la “necesidad de alejarse de las percepciones e interpretaciones negativas [y usar] un lenguaje más aceptable y creativo a la vez que se afirman los principios detrás de la LROC y sus fines”. Esto requiere esfuerzos deliberados para presentar las iniciativas sobre la LROC con un lenguaje apropiado, incorporando valores, conocimientos y prácticas locales.

En quinto lugar, la promoción de la LROC debe estar integrada en los esfuerzos para promover la democracia, el desarrollo y la consolidación de la paz, y no separada de ellos. Es evidente que los conflictos violentos, la pobreza y la desigualdad, las instituciones estatales débiles o autoritarias, el nacionalismo religioso (o el ateísmo estatal) y las culturas de intolerancia y exclusión contribuyen a las violaciones de la LROC. Por lo tanto, es mejor concebir los esfuerzos para promover la LROC como parte de estrategias más amplias para la democratización, el desarrollo y la consolidación de la paz. Se necesitan con urgencia formas prácticas de aumentar las sinergias y una integración mutua en la implementación de estas estrategias.

El interés actual en la LROC implica desafíos, sobre todo para salvar las brechas que han separado a la LROC de los esfuerzos más amplios en materia de derechos humanos. Pero también ofrece nuevas oportunidades para reafirmar esos esfuerzos y evitar los puntos ciegos que han ocultado problemas y tensiones importantes (por ejemplo, en torno a los derechos de las mujeres). Tiene especial relevancia para las comunidades minoritarias que sufren discriminación y persecución; sin embargo, en términos más generales, el interés en la LROC destaca la importancia de las estrategias sólidas para fortalecer los derechos cívicos en las sociedades dinámicas de nuestros días.

 

ORIGINALLY PUBLISHED: December 18, 2019

Marie Juul Petersen es investigadora principal del Instituto Danés de Derechos Humanos.

Katherine Marshall es investigadora sénior en el Centro Berkley de Religión, Paz y Asuntos Mundiales.


 

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