El pequeño tejido que no pudo: el papel del himen en la determinación del historial o la agresión sexual

Para ser un pedazo de tejido tan pequeño, el himen ha adquirido un estatus descomunal como árbitro de la virginidad. Pero ¿realmente puede cumplir esa función?


By: Ranit Mishori & Karen Naimer & Thomas McHale
September 26, 2019

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Foto: Cristian Newman/Unsplash


Las conversaciones sobre el cuerpo, los órganos reproductivos, la sexualidad y la virginidad de las mujeres han dominado el discurso cultural durante siglos. Han sido objeto de obras de ficción, arte renacentista, cuentos románticos, misivas religiosas, teorías y contrateorías feministas, narrativas históricas, movimientos políticos, iniciativas mundiales de salud y, por supuesto, artículos científicos.

Este diálogo suele comenzar con amplios conceptos filosóficos, culturales y religiosos, pero cuando se habla de la virginidad, invariablemente gira hacia la biología, en concreto hacia un pequeño tejido membranoso en la abertura vaginal externa que no tiene función biológica conocida: el himen.

Durante siglos, la presencia o ausencia del himen se ha relacionado con la presunción de la virginidad de una mujer y, por extensión, de su pureza, carácter y deseabilidad.

Para ser un pedazo de tejido tan pequeño, el himen y su condición percibida (“roto”, “intacto”, “sucio”) ha adquirido un estatus descomunal como árbitro de la virginidad, la pieza probatoria definitiva que puede determinar si tuvo lugar una relación sexual, con o sin consentimiento. Pero ¿realmente puede hacerlo?

Como se explica en nuestro artículo publicado en Reproductive Health el mes pasado, la respuesta basada en datos empíricos es un enfático “no”. No puede.

Un examen del himen no es una prueba precisa o confiable de la actividad sexual, incluida la agresión sexual.

En nuestro artículo, revisamos docenas de estudios publicados sobre el himen en todo el mundo. Nuestro objetivo era crear un conjunto de pautas para los médicos que detallaran si un examen de himen podría brindar información valiosa para evaluar la violencia o el abuso sexual; y en caso afirmativo, en qué situaciones.

Después de analizar detenidamente la literatura, concluimos que un examen del himen no es una prueba precisa o confiable de la actividad sexual, incluida la agresión sexual. La realidad es que hay muchos factores que complican la cuestión de si los médicos pueden evaluar adecuadamente los cambios en el tejido del himen en varias etapas del ciclo de vida, incluidas las influencias genéticas, de desarrollo, endocrinas y externas.

Sin embargo, esto no es de conocimiento común entre los médicos en ciertas partes del mundo. Muchos aún coinciden con la creencia infundada del público en general de que los cambios en la anatomía del tejido del himen son indicativos de relaciones o agresión sexuales, y siguen recurriendo al examen del himen para ofrecer “pruebas” de virginidad o agresión sexual.

Esas percepciones erróneas han contribuido a la propagación de las pruebas de virginidad, una práctica que la Organización Mundial de Salud (OMS) ha condenado por ser una “violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres”. Las pruebas de virginidad consisten en usar un examen vaginal para evaluar si el himen de una mujer está “intacto”, en un intento por determinar si la mujer ha tenido relaciones sexuales.

En sociedades en donde el historial sexual de las niñas y las mujeres se usa como un determinante significativo de su estatus social, familiar e individual, esto puede ser extremadamente peligroso.

El apego a prácticas como las pruebas de virginidad refuerza inadvertidamente la desigualdad sexual y afianza aún más las ideas estereotipadas de la sexualidad femenina. Además, las palabras que suelen usar los médicos para describir el himen en estas situaciones (“intacto”, “roto”) contribuye a reforzar el estereotipo peligroso y arcaico de que la mujer, y su valor social, se transforman después del coito.

Confiar en una prueba infundada en lugar de en la palabra de la mujer también menoscaba la veracidad e integridad de las mujeres en cuanto a su propio historial sexual.

Por otra parte, confiar en una prueba infundada en lugar de en la palabra de la mujer no solo perjudica la salud, seguridad y posición social de las mujeres; también menoscaba la veracidad e integridad de las mujeres en cuanto a su propio historial sexual.

No obstante, no se debe culpar a los médicos por su falta de conocimiento sobre el tema. Los planes de estudio de las facultades de medicina no suelen prestar especial atención a la anatomía del himen o su papel descomunal en la sociedad. Sin embargo, existen medidas que pueden adoptar los médicos para mejorar esta situación, como describimos en nuestro artículo. En primer lugar, evitar depender únicamente del estado del himen en los exámenes y las denuncias de agresión sexual. En segundo lugar, ayudar a sensibilizar a sus pares sobre el tema, así como a sus colegas en las fuerzas del orden y el sistema judicial. Y, en tercer lugar, fomentar debates basados en hechos sobre las limitaciones de los exámenes del himen con sus colegas y con estudiantes del área de la salud de todas las especialidades relacionadas con la salud sexual y reproductiva de las mujeres y las niñas.

Nuestro artículo deja en claro que los mitos sobre la virginidad, el sexo y la biología básica aún persisten, incluso entre los médicos con buena formación y buenas intenciones.  Cuando estas ideas falsas se ven reforzadas por vacíos de información confiable y mensajes sexistas arraigados en la tradición, pueden tener graves consecuencias para los procesos medicolegales y, por consiguiente, para la salud y el bienestar de las mujeres.

Comprender la omnipresencia y las repercusiones de los mitos sobre la salud reproductiva de las mujeres demuestra que trabajar para eliminar estos mitos y educar al público sobre estos temas es esencial para proteger la seguridad y la dignidad de las mujeres y las niñas en todo el mundo.

El himen no debería ser objeto de tanta presión. No hay que prestarle más atención de la que se merece.

 

Este artículo se publicó originalmente en el blog de Physicians for Human Rights y en BioMed Central .

 


Ranit Mishori es una consultora experta del Programa sobre Violencia Sexual en Zonas de Conflicto de Physicians for Human Rights.

Karen Naimer dirige el Programa sobre Violencia Sexual en Zonas de Conflicto en Physicians for Human Rights, una organización de promoción y defensa con sede en Nueva York que utiliza la medicina y la ciencia para prevenir las violaciones graves de derechos humanos y atrocidades masivas. 

Thomas McHale es oficial sénior del Programa sobre Violencia Sexual en Zonas de Conflicto de Physicians for Human Rights.


 

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