Convertir la ira en energía positiva a favor de la igualdad de género en el deporte

Las futbolistas enfrentan discriminación, acoso y desafíos de financiamiento todos los días. Pero ¿qué es más poderoso: enumerar todos los problemas o usar la esperanza y el optimismo para delinear un posible futuro?


By: Maggie Murphy
March 19, 2019

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Foto: Aluira/Wikimedia


Estoy enojada.

Como mujer futbolista, he vivido más de veinte años de canchas terribles, árbitros de segunda categoría, uniformes de segunda mano y en tallas demasiado grandes, acoso, peleas para obtener fondos y oportunidades, presencia mínima en las columnas de los medios y misoginia disfrazada de “bromas”. Mucho peores que mis propias experiencias han sido las de Khalida Popal, quien enfrentó amenazas de muerte por establecer el primer equipo nacional femenino de futbol en Afganistán, donde el propio presidente de la Asociación de Futbol (AF) fue suspendido hace poco por horrendas acusaciones de violación y abusos. Mientras tanto,  la AF de Somalia fue acusada de haber desaparecido los fondos de la FIFA destinados al desarrollo del futbol femenino. Tan solo en los últimos años, las jugadoras de los equipos nacionales de Irlanda, Dinamarca, Brasil, Australia y Noruega se han declarado en huelga, cansadas de que se les diga que deberían estar agradecidas por las malas condiciones de trabajo, el salario mínimo y que se les trate con poco respeto. 

Al mismo tiempo, estamos en la antesala de un cambio realmente importante para el futbol femenino. La Copa Mundial de este verano será la mejor de la historia en cuanto a calidad y visibilidad, ya que la FIFA aspira a alcanzar mil millones de espectadores. Noruega les paga igual a los jugadores de sus equipos nacionales masculino y femenino, y Lewes FC se convirtió en el primer club del mundo en hacer lo mismo. El año pasado, Francia utilizó las ganancias de la copa mundial masculina para fortalecer las ligas femeninas. Arabia Saudita incluso dejó de prohibir que las niñas hagan deporte en las escuelas públicas y ha permitido que algunas mujeres entren a los estadios para ver los partidos.

Tanto el panorama positivo como el negativo son reales. Pero ¿cuál nos deja con más optimismo para el futuro?

Mi trabajo con Equal Playing Field, una red mundial de mujeres en el futbol que están presionando para lograr un cambio en el futbol femenino, tiene que manejar con cuidado este dilema todos los días. ¿Debemos señalar los problemas? ¿O aportar soluciones?

Elegimos unirnos bajo un eslogan que resalta el camino a seguir: “Oportunidad, Igualdad, Respeto. Ni más ni menos”. Descubrimos que esta visión positiva y progresista (y sí, algo desafiante) tocaba una fibra sensible para todas las mujeres de nuestra red, ya fueran jugadoras profesionales de élite en los EE. UU. o jugadoras en las comunidades en la India. El deporte no es un punto de entrada frívolo para la lucha por la igualdad de género, sino que desbloquea toda una variedad de derechos adicionales: a la educación, la salud, el empleo. Además, cuando negamos al 50 % de la población mundial el derecho al ocio, les negamos la libertad de ser personas “plenas”. También descubrimos que es mucho más difícil sostener que las mujeres y las niñas no deberían tener la oportunidad de jugar que justificar o desestimar los problemas que enfrentan las mujeres.

Pero ahí radica una segunda pregunta. ¿A quién le estamos hablando? Cuando se toma en cuenta la intensidad de las manifestaciones negativas en torno a la participación de las mujeres en los deportes, es comprensible querer refutar y discutir en contra de los comentarios sexistas, infundados o inútiles. Pero tenemos que apretar los dientes y no perder de vista a nuestras dos audiencias clave: las mujeres y las niñas que quieren jugar y las personas que pueden hacer que eso suceda. Desafortunadamente, se requieren enfoques distintos para comunicarse con esas dos audiencias.

En primer lugar, queremos inspirar y animar a las mujeres y a las niñas a que jueguen, mostrando a través de nuestras imágenes y videos que tienen el derecho de hacerlo y que se les valorará y respetará si lo hacen. De esta manera, estamos tratando de normalizar el deporte, así que compartimos historias de modelos a seguir con los que es posible identificarse y relatos positivos que muestran todo lo que se puede lograr.

Nuestro segundo público objetivo son las personas que pueden hacer que esto suceda, quienes generalmente son hombres (que participan en la gestión del futbol o dirigen los clubes) y, a menudo, padres. La mayoría de las mujeres en nuestra red tienen padres muy positivos y solidarios, y esto no es un accidente. Los hombres siguen desempeñando un papel decisivo en el control del acceso al mundo del deporte, así que tenemos que demostrarles que el futbol femenino es un espacio válido en el que pueden querer que estén sus hijas. Para convencer a los hombres de la validez del futbol femenino, queremos mostrarles que el futbol femenino puede ser exquisito, brillantemente técnico, de ritmo rápido y emocionante, lleno de modelos excepcionales a imitar.

Equal Playing Field nació cuando un grupo de mujeres de más de 20 países estableció un récord mundial Guinness por el partido de futbol de mayor altitud jamás jugado, al completar un agotador juego de 90 minutos, acreditado por la FIFA, en la cima del monte Kilimanjaro, entre rocas, hielo y cenizas volcánicas; después de un ascenso de 6 días. Lo hicimos para hacer algo inesperado, inspirador y excepcional que nadie podría quitarnos diciendo que se trata una versión más ligera y menos significativa de lo que hacen los hombres. En efecto, algunos de nuestros principales partidarios y defensores en las redes sociales fueron hombres.

Pero, al establecer y romper récords mundiales Guinness, ¿estamos debilitando nuestros esfuerzos para normalizar el deporte para las niñas? Nuestra esperanza es que un día, cualquier niña en cualquier lugar pueda jugar futbol sin enfrentar el escrutinio que se enfrenta hoy en día, y sin tener que demostrar que es digna de respeto. Cualquier niña, en cualquier lugar, debería poder jugar simplemente porque es divertido; justo como se permite a los niños. Así que elegimos el punto medio de compartir imágenes y mensajes sobre la excelencia y sobre la inclusión. Tratamos de normalizar la participación cotidiana de las niñas y las mujeres en el deporte, pero también tratamos de inspirar a las niñas para que apunten tan alto como deseen, a la vez que creamos un espacio válido para quienes controlan el acceso.

Sin embargo, los mensajes positivos no siempre aciertan. A pesar de lo mucho que admiro los mensajes orientados a las mujeres de las redes sociales de la FIFA, no me encanta el eslogan “Dare to Shine” (Atrévete a brillar) designado para la Copa Mundial Femenina de 2019. Sugiere que las mujeres aún no han sido lo suficientemente valientes como para mostrar al mundo de lo que son capaces. Esto oculta la realidad de que jugar es mil veces más difícil y “atrevido” para las mujeres y las niñas en todo el mundo que para sus hermanos hombres.

En última instancia, queremos mostrar que el mundo que deseamos es posible. Así que encontramos las luces brillantes y positivas donde ocurren, y las arrastramos a la vista del público y les damos el respeto y el perfil que merecen. Pero no se confundan. Seguimos enojadas. Solo estamos canalizando esa ira para construir el mundo que deseamos.


Maggie Murphy es la directora de comunicaciones y cofundadora de Equal Playing Field, una iniciativa mundial para promover oportunidades, igualdad y respeto para las mujeres y las niñas en el futbol.


 

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