En una pandemia, hay que ser factores de disrupción positivos y no dedicarse a perseguir ambulancias

En momentos de crisis, es crucial que los defensores de la justicia social se centren en una labor de promoción ética y transformadora, y no solo en un cambio reactivo a corto plazo.

 



Recientemente, Schools of Equality, una organización sin fines de lucro en la India, fundada por una de las coautoras, se puso en contacto con un donante para renovar su apoyo financiero. El donante sugirió la inclusión de una perspectiva de COVID-19. Schools of Equality tiene como objetivo prevenir la discriminación por motivos de identidad, incluida la violencia de género, mediante programas de actividades en las escuelas para cambiar las actitudes que perpetúan la discriminación, y la violencia de género ha aumentado en la India desde que inició la pandemia. La sugerencia del donante dio lugar a conversaciones internas sobre cómo replantear su trabajo, si convenía hacerlo. La organización decidió que, si bien adaptaría sus programas para responder a las necesidades de la situación actual, su estrategia para hacer frente al aumento de la violencia seguiría determinándose en consulta con las principales partes interesadas, y se mantendría vinculada con su visión a largo plazo.

Esta situación no es única. Los defensores de derechos humanos en todo el mundo se están esforzando por entender las implicaciones de la COVID-19 para su trabajo. La pandemia ha provocado más de 300,000 muertes hasta la fecha, la infección de más de 4 millones de personas en 185 países y alguna forma de restricción de circulación en gran parte del mundo. Sin embargo, en todo momento de crisis, incluido este, es crucial que los defensores de la justicia social se centren en una labor de defensa y promoción ética y transformadora, y no solo en un cambio reactivo a corto plazo. A continuación, ofrecemos algunas sugerencias para orientar el debate sobre los objetivos organizacionales, las estrategias de defensa y promoción, la moral del equipo y la reflexión individual.

No todo el mundo tiene que trabajar con la COVID-19

La COVID-19 ha puesto al descubierto y exacerbado desigualdades estructurales de larga data, y ha propiciado que los Estados cometan nuevas violaciones de los derechos humanos. En partes de los Estados Unidos, hay una escasez crónica de camas de hospital. Los trabajadores migrantes en el Medio Oriente que viven en condiciones de hacinamiento registran las tasas de infección más altas de la región. Los países en situación de conflicto no están preparados para responder a la pandemia. En su respuesta a la crisis, algunos gobiernos promulgaron leyes de excepción draconianas, dejaron más vulnerables a miles de personas o ejercieron una represión brutal con el pretexto de hacer cumplir las órdenes de confinamiento. 

La pandemia no ha borrado otras luchas complejas que se libran desde hace años.

Sin embargo, la pandemia no ha borrado otras luchas complejas que se libran desde hace años. Aún es vital que los defensores trabajen en temas prolongados y poco cubiertos. Tras el estallido de la pandemia, las autoridades en Guinea reprimieron a los manifestantes que se oponían a las elecciones injustas y al menos 25 personas murieron a causa de los combates entre grupos armados en la República Centroafricana, donde trabaja una de las coautoras de este artículo para investigar las atrocidades masivas y apoyar a las ONG nacionales. Cachemira, donde trabaja otra de las coautoras para promover los derechos humanos y la paz, estuvo en confinamiento durante varios meses antes de la pandemia de COVID-19, tras la revocación por parte de la India de su autonomía constitucional en agosto de 2019.

Debemos ser estratégicos y estar atentos a los nuevos desafíos y oportunidades de la COVID-19. Pero sería peligroso que todos se dedicaran a trabajar en el mismo tema. También debemos ser conscientes de que hacer frente a la mayoría de las violaciones de derechos humanos supone años, a menudo décadas, de trabajo arduo y constante. Dentro de cinco años, no deberíamos encontrarnos ante una realidad en la que no se afrontaron las violaciones de derechos humanos ajenas a la COVID-19 y no se previeron otros problemas emergentes o futuros.

Centrar la atención en las causas fundamentales y no solo en los síntomas

En tiempos de crisis, tendemos a apresurarnos a ser parte del equipo de respuesta inicial y, en ocasiones, incluso a “perseguir ambulancias”. Las acciones de algunos financiadores y otros actores del sistema más amplio también pueden incentivar esta tendencia. Sin embargo, la justicia social es un ecosistema amplio y, haya una crisis o no, funciona mejor cuando los defensores de derechos humanos desempeñan diferentes papeles dentro del campo y colaboran con profesionales de otros campos.

Mientras que es necesario que algunos produzcan y entreguen mascarillas y otro material de protección, también es preciso que otros examinen por qué ciertas comunidades se han visto afectadas de manera desproporcionada. Mientras que algunos tienen que entregar víveres a los trabajadores migrantes, otros deben trabajar para lograr cambios jurídicos y de políticas que garanticen una mayor protección para el sector informal. Mientras que algunas personas deben establecer casas refugio y crear líneas directas para hacer frente al aumento de la violencia intrafamiliar y el abuso sexual infantil, otras deben centrarse en desmantelar las estructuras de poder que permiten y perpetúan estas violaciones. Tenemos que satisfacer las necesidades urgentes, pero también tenemos que examinar y transformar las causas fundamentales de las violaciones de derechos humanos, muchas de las cuales se ven exacerbadas por la situación actual.

Tenemos que satisfacer las necesidades urgentes, pero también tenemos que examinar y transformar las causas fundamentales de las violaciones de derechos humanos.

Además, debemos asegurarnos de que nuestros esfuerzos se adapten al contexto; no hay que aplicar en Nairobi los programas que son eficaces para Nueva York. Es posible que el distanciamiento social no funcione de la misma manera cuando las poblaciones viven en zonas abarrotadas. El confinamiento sin apoyo económico del gobierno puede resultar ineficaz, e incluso perjudicial, en comunidades pobres que no tienen dinero para pagar la renta del mes siguiente. Nuestros esfuerzos deben estar diseñados para responder a las necesidades complejas y entrelazadas de las poblaciones diversas en todo el mundo.

Reimaginar el funcionamiento actual del campo

El campo de los derechos humanos siempre está respondiendo a alguna crisis. Si bien existe un ímpetu para responder con eficacia a los riesgos de derechos humanos derivados de la COVID-19, es vital garantizar que conservemos nuestros valores fundamentales.  La necesidad de actuar con urgencia no es una excusa para olvidar los valores que subyacen a la defensa ética y transformadora de los derechos humanos: centrarse en las prioridades de las personas afectadas y formar alianzas equitativas.

Debemos ver la crisis como una oportunidad para reimaginar cómo funciona el campo. A medida que surgen oportunidades para aprovechar y aumentar la labor de defensa y promoción durante la crisis, es crucial que las decisiones para actuar se tomen en colaboración con las comunidades y personas afectadas, que son las que mejor comprenden sus propias necesidades y, con frecuencia, constituyen un factor de disrupción positivo en sus propias comunidades. Se presenta aquí la oportunidad de construir un campo de derechos humanos que dé prioridad a las alianzas, trabaje en solidaridad con las comunidades y esté abierto a la innovación. Y esto no se limita al momento actual. La necesidad de una labor de defensa y promoción basada en valores antecede a la COVID-19 y durará más que ella.

Dar prioridad a las relaciones

Mantener equipos fuertes cuando se responde a situaciones en constante evolución y mientras estamos distanciados físicamente es una labor difícil pero necesaria. La COVID-19 no afecta a todas las personas de la misma manera; las experiencias previas, el entorno doméstico y las circunstancias individuales determinarán la capacidad de respuesta de cada persona.

Se presenta aquí la oportunidad de construir un campo de derechos humanos que dé prioridad a las alianzas, trabaje en solidaridad con las comunidades y esté abierto a la innovación.

Es posible que también se vean afectadas las personas que suelen acompañarle en solidaridad. Por lo tanto, es importante estar en contacto con sus colegas, celebrar las victorias pequeñas y reconocer el trabajo de los demás. Puede parecer que esto no tiene mucho sentido dada la perenne sensación de “crisis” que muchos estamos experimentando, pero es vital para la moral del equipo. Ser colegas amables y atentos, especialmente en momentos de incertidumbre y estrés intenso, propiciará movimientos más eficientes, sostenibles y alegres.

Darse tiempo para tomar una pausa y reflexionar

El tiempo para tomar una pausa y reflexionar es tan vital como el tiempo para actuar. De hecho, permite una acción más creativa y eficaz. Los defensores de derechos humanos siempre estamos respondiendo a desafíos urgentes y quizás necesitemos transformar radicalmente nuestra manera de definir la productividad.

Ha sido durante los momentos de pausa y “menos” trabajo en nuestras propias vidas cuando hemos tenido espacio para pensar más allá de los patrones imperfectos y las trayectorias dependientes, e imaginar nuevas posibilidades. Por ejemplo, Schools of Equality surgió a partir de la decisión deliberada de tomarnos un tiempo para reflexionar sobre las limitaciones de los litigios y de los mecanismos de respuesta puramente jurídicos y pensar en soluciones para afrontar las causas fundamentales que subyacen a la discriminación basada en la identidad.

Una barrera crucial para la innovación en el campo de los derechos humanos es su definición estrecha de la productividad y el cambio eficaz, que suele centrarse en resultados a corto plazo en lugar de cambios incrementales a largo plazo. Para que el campo de los derechos humanos salga fortalecido de la pandemia de COVID-19, los defensores deben tratar de redefinir y transformar el campo, y no solo reaccionar ante las emergencias.

 

 

ORIGINALLY PUBLISHED: May 20, 2020

Anjli Parrin es una defensora de derechos humanos de Kenia y directora asociada del Proyecto sobre Crímenes de Guerra y Fosas Comunes del Instituto y Clínica de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Columbia. El proyecto tiene como objetivo promover la justicia en la República Centroafricana.

 

Gulika Reddy es una defensora de derechos humanos de la India, fundadora de Schools of Equality y docente clínica en la Clínica de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de Columbia, donde dirige un proyecto sobre educación y consolidación de la paz en Cachemira.


 

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