La incertidumbre radical y los derechos humanos

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Si usted siente aprensión por el futuro, no está solo. Hoy en día, la humanidad se enfrenta a un flujo continuo de advertencias sobre los crecientes riesgos existenciales. A medida que aumenta la sensación de urgencia, también aumentan las dudas sobre la idoneidad de nuestra capacidad colectiva para modelar nuestro futuro. ¿Por qué los gobiernos no nos protegen? ¿Y por qué las protecciones de los derechos humanos son aparentemente inadecuadas?

Resulta especialmente desconcertante que los avances de la humanidad en materia de conocimiento y comunicación parezcan aumentar, en lugar de aliviar, la aprensión hacia el futuro. Por mucho que la ciencia nos enseñe sobre las causas y los efectos, y las probabilidades de los distintos resultados, parece que estamos menos preparados para influir en el futuro y darle forma.

Para entender qué está pasando aquí, es útil mirar una crítica reciente de los economistas John Kay y Mervyn King sobre el mal uso del razonamiento probabilístico en el contexto de la incertidumbre radical. Según los autores, la teoría económica, tal como la desarrollaron Knight y Keynes, solía distinguir entre riesgo e incertidumbre. Para ellos, el razonamiento probabilístico sólo podía aplicarse a las distribuciones de frecuencia conocidas o conocibles, que es lo que llamaban riesgo, y no a las incognoscibles, que denominaban incertidumbre.

Cómo y por qué la teoría económica abandonó la distinción entre riesgo e incertidumbre, o como Kay y King prefieren llamarla, entre incertidumbre resoluble y radical, tiene que ver con la naturaleza inherentemente subjetiva del comportamiento económico. Con el fin de desarrollar modelos para predecir el comportamiento económico futuro, los economistas consideraron útil asumir que los seres humanos generalmente basan sus elecciones en cálculos racionales, ya sean consumidores, comerciantes, trabajadores o inversores. Aunque esta suposición sobre el comportamiento humano es a menudo obviamente falsa, muchos teóricos de la economía insisten en que sus modelos pueden, no obstante, aportar valiosas ideas.

Redescubrir el concepto de incertidumbre radical nos resulta útil por dos razones. En primer lugar, nos alerta sobre la falta de fiabilidad de la aplicación del razonamiento probabilístico en contextos en los que se desconoce la gama de resultados potenciales, lo que conlleva una advertencia implícita contra la suposición de que el libre mercado puede prever y valorar adecuadamente todos los riesgos. Por lo tanto, abogar por la adopción de la democracia de libre mercado como marco de gobierno preferido, sin reconocer el papel vital de otras formas de toma de decisiones, incluida la planificación central, es una invitación al desastre. Esto explica probablemente parte de la creciente reacción contra la globalización y el neoliberalismo.

En segundo lugar, y quizá lo más importante, al reconocer los límites del razonamiento probabilístico, la humanidad puede apreciar mejor el valor de otras formas de toma de decisiones más allá de los números. En concreto, Kay y King describen los procesos de toma de decisiones que se basan en lo que llaman una narrativa de referencia. Hay ocasiones en las que el pasado simplemente no puede decirnos lo que nos depara el futuro. En esos momentos, los seres humanos hemos aprendido a utilizar estrategias y planes de futuro para guiar y dar forma a nuestros esfuerzos. Un ejemplo muy sencillo es la inspiración de Martin Luther King: El arco de la historia es largo, pero se inclina hacia la justicia.

Según John Kay y Mervyn King, una narrativa de referencia es una historia que expresa nuestras expectativas realistas sobre el futuro. Una forma de entender cómo las narrativas de referencia dan forma a los resultados es compararlas con las profecías autocumplidas. Esto se debe a que lo que complica la objetividad científica, la subjetividad humana, ha demostrado ser un factor relevante para influir en los acontecimientos. Es más probable que el futuro salga como los humanos quieren si compartimos expectativas colectivas y realistas sobre él.

Hay ocasiones en las que el pasado simplemente no puede decirnos lo que nos depara el futuro.

¿Qué tiene que ver todo esto con los derechos humanos?

En primer lugar, debemos tener cuidado con la tendencia a asociar con demasiada facilidad la defensa de los derechos humanos con la del capitalismo de libre mercado y el neoliberalismo globalizado. Los derechos humanos y la democracia van de la mano, pero no necesariamente van con las teorías económicas que, de manera errónea, se suponen que tasan y gestionan adecuadamente todos los riesgos. Los líderes autoritarios ya están explotando a fondo los efectos negativos de esta asociación para socavar el apoyo a los derechos humanos.

En segundo lugar, en lugar de asociar los derechos humanos con modelos económicos que exceden los límites del razonamiento probabilístico, haríamos mejor en profundizar en nuestra comprensión de los derechos humanos como una especie de narrativa de referencia que puede ayudar a guiar la toma de decisiones ante la incertidumbre radical.

Los seres humanos desarrollan narrativas de referencia en respuesta a los acontecimientos que les obligan a enfrentarse a la pregunta de qué está pasando aquí. Con el tiempo, estas narrativas se acumulan y se convierten en sabiduría colectiva que puede competir en un mercado de ideas donde pueden ser alteradas o sustituidas por nuevas ideas más válidas en una especie de evolución del conocimiento humano.

De forma implícita, no todas las narrativas resultarán buenas para la humanidad, y algunas pueden llevar dentro prejuicios dañinos que pueden conducir a resultados destructivos, como la guerra, la persecución, los crímenes contra la humanidad y el genocidio. De hecho, fue exactamente este tipo de consecuencias lo que llevó a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos tras la Segunda Guerra Mundial. En cierto sentido, los derechos humanos pueden entenderse como una especie de relato de referencia para toda la humanidad, una historia que es expresión de nuestras expectativas colectivas realistas.

El reto al que se enfrenta la humanidad hoy en día es averiguar cómo adaptar nuestra narrativa de referencia compartida de forma que sea más sólida y resistente frente a las amenazas existenciales

El reto al que se enfrenta la humanidad hoy en día es averiguar cómo adaptar nuestra narrativa de referencia compartida de forma que sea más sólida y resistente frente a las amenazas existenciales. Como primer paso, la narrativa de los derechos humanos debe desvincularse de su asociación con el capitalismo de libre mercado y el neoliberalismo globalizado. Al hacerlo, puede resultar más fácil ver los límites del razonamiento probabilístico y la falsa confianza que puede inspirar cuando se sobrepasan los límites. Aunque esto no hará que el futuro sea menos incierto ni eliminará todas las amenazas existenciales, dará a los seres humanos una mayor capacidad para hacer una respuesta colectiva de manera que sea más probable que nos dé algún control sobre los riesgos compartidos a los que nos enfrentamos.