El potencial transformador de la economía de los derechos humanos

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Desde la perspectiva de los derechos humanos, la economía nos está fallando. Las desigualdades crecen; consumimos más de lo que los sistemas naturales de la Tierra pueden proporcionar; los cálculos económicos descuidan gran parte de lo que muchos de nosotros apreciamos, como la comunidad, las tradiciones o el cuidado de la vida; y las decisiones económicas se toman a menudo sin el adecuado escrutinio democrático.

Los derechos humanos tienen respuestas a estos fallos.

El potencial concreto de los derechos humanos para transformar la economía

Algunos principios de derechos humanos de larga data, como la no discriminación, la participación y la responsabilidad, tendrían un potencial transformador si se incorporaran a la economía.

Estos principios no son abstractos: los organismos de derechos humanos han concretado cómo deben aplicarse. Establecen la orientación necesaria para reorientar la política económica de modo que los procesos y resultados económicos sean más justos para las personas y el planeta.  Todos los Estados del mundo han reconocido el peso jurídico de estos principios. Su aplicación ha permitido a los grupos históricamente discriminados reclamar y lograr cambios hacia una sociedad más justa.

En la elaboración de la política económica, los principios de igualdad y no discriminación, por ejemplo, nos orientan a realizar nuestras investigaciones desde el punto de vista de los segmentos más vulnerables de la sociedad y a considerar cómo los distintos grupos, en especial los que viven en la pobreza, pueden verse afectados de forma diferente por las políticas económicas. Esto difiere de gran parte del pensamiento económico, que generalmente parte de la perspectiva de los actores más grandes e influyentes y suele medir los resultados en términos agregados.

Los derechos humanos reconocen y defienden las diferencias de creencias, cultura y convicciones de las personas. Además, los principios en los que se basan los derechos de los pueblos indígenas y su aplicación, así como los derechos a la salud, a la vida y el hace poco reconocido derecho humano a vivir en un ambiente limpio, sano y sostenible, ayudan a establecer políticas económicas que respeten la capacidad natural de carga de la Tierra.

La economía ignora esta diversidad, pues tiende a operar dentro de una estrecha visión del mundo de relaciones mediadas en esencia por el mercado y a ignorar los diferentes enfoques de valoración y gestión del mundo vivo. Los derechos humanos pueden llamar la atención sobre este y otros defectos de los principios fundacionales de la economía al afirmar el derecho a las diferentes culturas y visiones del mundo, y así centrarse en los grupos más vulnerables y recordar que el debido proceso es tan importante como la eficiencia económica —o incluso más—.

Para parafrasear al Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU, un paso esencial para garantizar los resultados sociales positivos de una determinada política económica es hacer un balance de la situación existente. Una evaluación inadecuada de toda la gama de impactos de una política económica propuesta es incompatible con la obligación de derechos humanos de adoptar medidas deliberadas, concretas y específicas para el cumplimiento de los derechos humanos. También desafía el sentido común.

Mecanismos únicos de responsabilidad y reparación en materia de derechos humanos

Y lo que es más importante, los mecanismos de derechos humanos conceden reparación a los individuos o grupos que sufren discriminación u otras formas de denegación de sus derechos. Estos mecanismos de reparación y rendición de cuentas son los que distinguen a la Economía de los Derechos Humanos de otras ramas de la economía que también buscan un mundo más justo y sostenible.

Existen otros enfoques para hacer que la economía sea más justa. La economía del donut, la economía feminista, la economía de la estratificación y la economía ecológica comparten valores, principios y objetivos de derechos humanos, al igual que otros discursos económicos alternativos como la economía poscolonial, ReThinking Economics o la economía del bienestar.

Sin embargo, lo que les falta son los mecanismos globales para responsabilizar a los actores económicos que sí existen en el ámbito de los derechos humanos. La aplicación de estos mecanismos puede reforzar de manera significativa los esfuerzos en favor de una economía más justa. Además, el poder de movilización social de los derechos humanos puede dar un peso formidable a estos esfuerzos.

"El poder de movilización social de los derechos humanos puede dar un peso formidable a los esfuerzos en favor de una economía más justa".

Un reto para la comunidad de derechos humanos

Los defensores de los derechos humanos han presentado con éxito casos contra empresas económicas privadas y han hecho que los gobiernos rindan cuentas de sus obligaciones en materia de derechos humanos.

Sin embargo, podrían hacer mucho más.

La comunidad de derechos humanos no ha sido proactiva de manera sistemática a la hora de trabajar para garantizar que los principios y valores de los derechos humanos se reflejen en la política económica, a pesar de haber aumentado su atención a las dimensiones de derechos humanos de las políticas económicas en los últimos años.

Para tener un mayor impacto en el pensamiento y la práctica económica, los defensores de los derechos humanos deben ir más allá de las descripciones de los problemas y las soluciones. Deben cuestionar los sistemas, no los síntomas, y poner en marcha actividades que garanticen que los resultados económicos, así como el proceso de formulación y aplicación de la política económica, sean coherentes con los derechos humanos.

"El poder de movilización social de los derechos humanos puede dar un peso formidable a los esfuerzos en favor de una economía más justa."

Esto podría implicar la disipación de los malentendidos comunes sobre los derechos humanos, como que no son adecuados para las opciones políticas. También habría que señalar los defectos conceptuales, jurídicos y sociales de los principios económicos dominantes y cuestionar el enfoque demasiado estrecho de la economía dominante sobre la eficiencia y el crecimiento. Los defensores de los derechos humanos deberían trabajar más deliberadamente con los economistas progresistas en el marco ético y de responsabilidad ampliamente aceptado de los derechos humanos.

La comunidad de los derechos humanos podría quizás emprender una labor concertada para demostrar la aplicabilidad práctica de los principios de los derechos humanos en la economía. Entre los ejemplos de cómo los derechos humanos pueden informar e influir en la política económica se encuentran iniciativas como los estudios sobre el impacto distributivo de las reformas fiscales y de bienestar social en las personas vulnerables a la discriminación, la defensa de la justicia económica basada en los derechos humanos en Sudáfrica y las evaluaciones del impacto en los derechos humanos de los acuerdos comerciales previstos.

Los derechos humanos tienen el potencial de transformar el pensamiento y la práctica económica y lograr un sistema económico más justo para las personas y el planeta, que promueva la justicia social y económica, que integre una pluralidad de puntos de vista y tradiciones, y que sea coherente con los derechos humanos tanto en sus procesos como en sus resultados.

Ese potencial puede y debe ponerse en práctica.