La ayuda “hágalo usted mismo”: ¿una fuente alternativa de financiamiento para el trabajo a favor de los derechos humanos?

El financiamiento para el trabajo a favor de los derechos humanos necesita cambiar; ¿la ayuda “hágalo usted mismo” será la respuesta? A-M Fechter describe este modelo, su financiamiento y las implicaciones relacionadas


By: Anne Meike Fetcher
April 21, 2015

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Como sostuvo recientemente Nora Lester Murad, hace mucha falta contar con modelos alternativos para la ayuda internacional. Junto con los debates sobre cómo hacer las cosas de manera distinta dentro del sector de las ONG y la presentación de modelos de buenas prácticas, hay toda una serie de vías de financiamiento que suelen pasar desapercibidas en los debates académicos y políticos. Esto se debe a que se da un énfasis primordial a las organizaciones, en términos tanto de donantes como de beneficiarios, ya sean locales o internacionales. Este énfasis pasa por alto una amplia variedad de actividades en gran parte inexploradas para las que el periodista Nicholas Kristof acuñó el término “ayuda exterior ‘hágalo usted mismo’” (Do-It-Yourself-Foreign-Aid). Se trata de iniciativas privadas que el sector de las ONG establecidas sigue sin reconocer, a pesar de que canalizan una cantidad nada despreciable de fondos privados hacia proyectos que apoyan asuntos relacionados con los derechos, la educación o la salud a nivel local.

Todavía no se comprenden particularmente bien los contornos de este fenómeno. Sin embargo, es posible mencionar algunas observaciones iniciales a partir de la investigación de campo reciente en Camboya que financió la Fundación Leverhulme, con sede en el Reino Unido. La “ayuda ‘hágalo usted mismo’” describe a individuos de orígenes relativamente ricos que ponen en marcha proyectos en un país en vías de desarrollo para responder a las necesidades particulares que identificaron en ese lugar. También descritas como “iniciativas privadas de desarrollo”, estas iniciativas suelen ser a pequeña escala y de naturaleza personal. Aunque algunas de ellas están registradas como ONG, lo que las distingue son sus enfoques decididamente individualistas. Los promotores de estos proyectos no se basan necesariamente en una capacitación sobre el “desarrollo” convencional, ni se consideran a sí mismos como “trabajadores humanitarios” o “profesionales del desarrollo”, aunque es posible que aprovechen su experiencia profesional o capacitación previa. Por el contrario, perciben sus actividades como iniciativas personales, impulsadas completamente por el deseo de “marcar una diferencia” en su campo.

Es importante señalar que no se trata necesariamente de ejemplos típicos del “complejo industrial del salvador blanco” que critica tan acerbamente Teju Cole. Más bien, en el caso de Camboya, las personas que realizan labores de ayuda “hágalo usted mismo” (DIY, por sus siglas en inglés), no solo son personas de raza blanca o de países “Occidentales”, sino también de las naciones más ricas de la región, como Japón, Corea del Sur o Singapur. Estas iniciativas tampoco son operadas íntegramente por extranjeros: lo típico es que una “iniciativa privada de desarrollo” esté compuesta de un extranjero trabajando con un socio camboyano; y los recursos, capacidades y visiones compartidos son, en muchos sentidos, un elemento central para el éxito de estas iniciativas.


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DIY-Aid projects tend to raise a considerable proportion of their funding through personal social networks, in particular through the activities and connections of the DIY-Aider who made this project their mission.


Una de las razones por las que deben tomarse en cuenta en los debates sobre el financiamiento alternativo para la ayuda internacional es la manera en la que obtienen apoyo. En la medida en que muchos de estos proyectos de ayuda DIY son en pequeña escala, al menos al principio, no suelen estar en condiciones de acceder a donantes multilaterales o de gran tamaño. Por lo general, tienen una combinación de vías de financiamiento, las cuales pueden incluir actividades que generan ingresos, como vender artesanías, ofrecer servicios para turistas y operar pequeñas empresas con fines de lucro que subsidian sus actividades de beneficencia. Lo más importante, sin embargo, es que una proporción considerable de su financiamiento se obtiene a través de redes sociales personales, particularmente mediante actividades y conexiones del activista DIY que hizo de este proyecto su misión personal. Aunque algunos de estos individuos están basados en Camboya de manera más o menos permanente, muchos emprenden un número considerable de viajes a su país de origen.

Este tipo de apoyo está motivado, al menos parcialmente, por una conexión personal o experiencia práctica en los proyectos en cuestión. 

La reducida escala de los proyectos les permite recaudar contribuciones de individuos y empresas privadas, tanto en Camboya como en su lugar de origen. A nivel local, los donantes incluyen turistas y empresas locales operadas por extranjeros, mientras que a lo lejos, son los individuos, comunidades y negocios en sus países de origen que se han integrado a su red social. Las contribuciones pueden ser de muchas formas, que incluyen tanto dar apoyo económico como donar su tiempo y conocimientos prácticos, así como proporcionar bienes o mano de obra. Más importante aún, este tipo de apoyo está motivado, al menos parcialmente, por una conexión personal o experiencia práctica en los proyectos en cuestión. Esto es algo que las organizaciones de ayuda de mayor tamaño y más establecidas no pueden ofrecer de manera ocasional, a pesar de ejemplos clásicos como el patrocinio de niños o la práctica más actual de los préstamos de persona a persona, como en kiva.org.

Esto no quiere decir que todas las personas que apoyan las labores de ayuda DIY cuenten con el mismo nivel de conocimientos o experiencia en estos proyectos. Para algunos, su participación puede implicar simplemente dejar su autobús turístico durante una hora para detenerse en una escuela rural y donar artículos de papelería, mientras que para otros, significa realizar viajes anuales a la misma escuela para ofrecer capacitaciones para maestros especializados o ayudar a desarrollar los planes de estudios.

La pregunta es qué importancia pueden tener estas iniciativas discretas, dispersas y a veces efímeras en relación con las nuevas maneras de obtener recursos para el trabajo a favor de los derechos humanos. En primer lugar, es importante reconocer que existen: la evidencia preliminar sugiere que pueden ser conductos importantes para flujos de financiamiento privado que no se han incluido en análisis más amplios. Un análisis más sistemático y cuantitativo de estos flujos económicos, parecidos a las remesas, podría revelar qué tan importantes son; y qué se pasa por alto en el panorama general al no reconocerlos. Además, este tipo de investigación serviría como punto de partida para un análisis sobre si los activistas DIY participan en el trabajo a favor de los derechos humanos con mayor autonomía, gracias a su modelo de financiamiento no convencional.

En segundo lugar, tal vez las iniciativas DIY son más prometedoras que otros modelos de entrega de ayuda debido a “los recursos, capacidades y visiones” compartidos entre los individuos extranjeros y locales que se observaron en el caso de Camboya. Como sostuvo Okeoma Ibe, los actores de derechos humanos del Norte a menudo tienen un éxito limitado a causa de su distancia cultural y geográfica de las comunidades en las que trabajan. En cambio, parte de la ayuda DIY tiene como base las ideas de individuos camboyanos, quienes piden el apoyo de extranjeros para poner en marcha sus iniciativas. De manera más general, tienden a integrarse en los contextos locales no solo por razones políticas, sino también por causas prácticas. Muy pocos activistas DIY pueden tener éxito como individuos solitarios en un contexto social y cultural muy distinto al suyo sin contar con el apoyo que les ofrece colaborar estrechamente con la población local.

En tercer lugar, estas iniciativas son relevantes por la manera en la que atraen fondos. Mediante el uso de las redes sociales, estas iniciativas facilitan los contactos personales entre posibles simpatizantes y sus beneficiarios: la promesa, o la materialización, de la participación individual surge como factor esencial para obtener apoyo. Los activistas DIY tienen el potencial para reclutar seguidores nuevos, y más leales, utilizando este “anzuelo”.

Por otro lado, dado que la ventaja clave de estas iniciativas consiste en su tamaño reducido y naturaleza personal, es posible que aumentar la escala de las actividades sea precisamente lo que no permite este modelo.

 


Anne-Meike Fechter es catedrática de Antropología en la Facultad de Estudios Globales de la Universidad de Sussex, en el Reino Unido. Actualmente está realizando un proyecto de investigación sobre “Actores alternativos en las labores de ayuda”, y escribió el libro The personal and the professional in aid work (Lo personal y lo profesional en las labores de ayuda), Routledge 2013.

 
 


 

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