Los derechos humanos y la gestión basada en los resultados: adoptar métodos de un mundo distinto

Las organizaciones de derechos humanos se muestran comprensiblemente reacias a utilizar la “gestión basada en los resultados”, pero adoptar este enfoque puede aumentar su impacto. 


By: Vincent Ploton
April 7, 2015

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Las organizaciones de derechos humanos suelen sentirse incómodas con la idea de la gestión basada en los resultados (GBR), una estrategia de administración que trata de identificar los objetivos y resultados esperados durante las distintas etapas de un proyecto. La GBR ayuda a las organizaciones a identificar los procesos y servicios para mostrar cómo contribuyen a los resultados, pero es algo que rara vez se implementa con eficacia en el mundo de los derechos humanos. Como me comentó recientemente un alto directivo de una organización internacional de derechos: “Me hablan sobre desempeño, evaluaciones y gestión basada en los resultados, pero estas palabras no significan nada para mí”.

En efecto, ese es el meollo del asunto: muchos profesionales de derechos humanos ni siquiera saben qué es la GBR o por qué deberían usarla. Una buena parte de las organizaciones de derechos humanos está integrada por juristas y otros tipos de profesionales jurídicos, quienes, si bien suelen hacer un gran trabajo litigando y realizando análisis legales, no se sienten tan cómodos cuando se les pide evaluar metódicamente el desempeño. Sin la capacitación y la orientación adecuadas, de las que carecen la mayoría de ellos, no saben qué hacer cuando se les pide diseñar estrategias de gestión orientadas hacia resultados específicos.

Aunque la GBR requiere esfuerzo y habilidades nuevas, no tiene por qué ser una carga. Y cuando se hace bien, puede ayudar a que los profesionales de derechos humanos hagan un mejor trabajo.

Desde arriba

Muchas organizaciones de derechos humanos tienen recursos restringidos, tanto en términos de tiempo como de dinero. Resulta problemático que tengan que gastar buena parte de estos recursos escasos presentándoles resultados a los donantes. 

La reconocida filántropa de derechos humanos Sigrid Rausing dijo en 2010: “A menudo me preguntan cómo se mide el éxito en la filantropía de derechos humanos. Se ha vuelto una suerte de cliché en los ámbitos de los donantes asumir que no se puede medir el progreso en cuestión de derechos humanos usando datos cuantitativos... La falta de progreso ‘medible’, entonces, es un auténtico desincentivo para las personas que de otra manera podrían tener una actitud favorable hacia los derechos humanos, y estar dispuestas a invertir en organizaciones de derechos humanos”.

Muchas organizaciones de derechos humanos tienen recursos restringidos, tanto en términos de tiempo como de dinero. Resulta problemático que tengan que gastar buena parte de estos recursos escasos presentándoles resultados a los donantes, por lo que muchas de ellas se resisten a adoptar la GBR. Su trabajo es proteger y promover los derechos humanos, y en eso se deberían enfocar, no en recopilar informes para los donantes. Y cuando los donantes determinan el mandato y las actividades de quienes reciben los recursos, algo que ocurre con mucha frecuencia, resultan una cantidad de organizaciones que responden principalmente a los deseos de los donantes, en vez de a los de sus beneficiarios.

Por supuesto que las exigencias de resultados por parte de los donantes no pueden ser irrelevantes para la misión de derechos humanos. Las fundaciones dan informes a sus juntas directivas; los gobiernos, a sus parlamentos, y las organizaciones con financiamiento privado, a los donantes particulares. Aunque resultan pesadas, la legitimidad de este tipo de solicitudes es clara: los donantes quieren saber a dónde va su dinero y cómo se está gastando.

Por otra parte, la necesidad de resultados y transparencia, particularmente cuando está involucrado el dinero de los contribuyentes, se puede plantear en términos de derechos humanos. Después de todo, la rendición de cuentas es un concepto fundamental de derechos humanos. Y se debe aplicar, en primera instancia, a los mismos profesionales de derechos. Entonces, ¿cómo se puede lograr que la creación de informes sea más eficaz y menos onerosa para todos los involucrados?

El desafío del diseño

Uno de los principales desafíos es que resulta difícil diseñar un esquema administrativo que sea capaz de medir el trabajo de derechos humanos. Un informe realizado en 2012 por el antiguo Consejo Internacional para la Política sobre los Derechos Humanos analizó las dificultades de medir el impacto en materia de derechos humanos. Aunque el informe señaló algunos esfuerzos relativamente exitosos de Human Rights Watch (HRW) y Minority Rights Group, en gran medida sirvió para ilustrar que los obstáculos siguen siendo considerables.

Por el lado del progreso, HRW desarrolló un concepto teórico y práctico llamado “monitoreo, aprendizaje e impacto” (MLI, por sus siglas en inglés), que tiene el objetivo de integrar una cultura de aprendizaje dentro de la institución con base en evaluaciones y encuestas sistemáticas sobre los proyectos, además de la identificación y el uso de indicadores pertinentes. Minority Rights Group ha demostrado cómo la evaluación y el mapeo de alcances pueden supervisar e influir sobre el diseño de los programas, estudiar y evaluar el impacto de los proyectos y, finalmente, mejorar la cultura de aprendizaje institucional.

Sin embargo, la insuficiente literatura sobre la evaluación del trabajo de derechos humanos constituye un desafío. Una cuestión clave es la escasez y las limitaciones de los indicadores de derechos humanos. Se han realizado varios esfuerzos para desarrollar indicadores específicos, mensurables, alcanzables, orientados hacia resultados y con plazos establecidos (SMART, por sus siglas en inglés) pertinentes al trabajo de derechos humanos, pero son pocos los que han sido utilizados y medidos por una cantidad suficiente de actores como para dotarlos de credibilidad. Por ejemplo, los órganos de tratado de Naciones Unidas, como el Comité contra la Tortura, frecuentemente solicitan estadísticas sobre las víctimas de tortura. Sin embargo, hay muy pocas instancias de monitoreo eficaz, constante, exhaustivo y equilibrado de las denuncias de tortura. La mayoría de los esfuerzos para recopilar indicadores sobre tortura y otras violaciones de derechos humanos a gran escala, como la Escala de Terror Político o el proyecto de datos sobre derechos humanos CIRI, resultan problemáticos por una variedad de razones.


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"Aunque resultan pesadas, la legitimidad de este tipo de solicitudes es clara: los donantes quieren saber a dónde va su dinero y cómo se está gastando."


Cómo puede ayudar la GBR

Hace algunos años ayudé a encargar una iniciativa de varios años sobre la prevención de la tortura en varios países, con un enfoque en la medición de resultados de las intervenciones para prevenir la tortura. Participó un equipo de académicos e investigadores independientes de 16 países, y el análisis se basó en una serie de variables relevantes durante un periodo de 20 años. Estas variables se midieron a través de una gama muy amplia y especial de fuentes diversas. Aunque el estudio acarrea de manera intrínseca algunos desafíos relacionados con la confiabilidad de la información, actualmente representa uno de los esfuerzos más avanzados de medir la prevalencia de la tortura en una variedad de países de distintas regiones del mundo. Se espera que esta investigación lleve a la creación de un nuevo índice de prevalencia de la tortura, el cual debería permitir de identificar nuevas evidencias sobre los factores que influyen en el aumento o la reducción de la tortura y otro tipo de malos tratos a lo largo del tiempo. Esta es una manera de medir los resultados del trabajo de derechos humanos y su efecto sobre los niveles de abuso, pero necesitamos muchas más.

En la Red de Desarrollo Institucional de Derechos Humanos de Ginebra, los integrantes del grupo utilizan todo tipo de herramientas de gestión basada en los resultados, incluidos los planes estratégicos y los esquemas de monitoreo y evaluación. Aun así, el grupo está integrado principalmente por profesionales del desarrollo y la recaudación de fondos, en vez de profesionales de derechos humanos. Queda un largo camino por recorrer antes de que estos actores centrales de derechos humanos, incluidos los profesionales jurídicos, adopten herramientas de un mundo profesional distinto.

Si bien es cierto que contar con mejores indicadores es clave para impulsar la GBR en los derechos humanos, otro paso fundamental es demostrar lo eficaz que puede ser cuando se utiliza bien. Para ello, los defensores de la GBR necesitan ejemplos concretos, explicaciones sencillas y una capacitación ágil para suavizar la curva de aprendizaje. No cabe duda de que la GBR puede ayudar a los actores de derechos humanos a lograr mejores resultados, pero únicamente si la asumen como propia.

 


Vincent Ploton dirige las relaciones exteriores del Centro para los Derechos Civiles y Políticos con sede en Ginebra. Antes de eso, trabajó en la Asociación para la Prevención de la Tortura y en otras organizaciones involucradas en labores humanitarias y de derechos humanos. Sígalo en Twitter: @vplotonccpr.


 

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