Cómo educar a la próxima generación de profesionales de derechos humanos

¿Qué se necesita para preparar a una nueva generación de profesionales de derechos humanos para responder a los desafíos actuales y futuros? ¿Cómo serán los nuevos profesionales de derechos humanos?



Ahora que el mundo está abocado al reto de cómo brindar educación en una crisis, es el momento de preguntarnos si el campo de los derechos humanos está preparando adecuadamente a la próxima generación de profesionales para que respondan a los problemas actuales y futuros. Las tendencias que enfrenta el mundo —una pandemia global, movimientos sociales a nivel mundial, desigualdades persistentes y profundasauge del autoritarismomigraciones masivas, cambio climático— son urgentes y penosas, y ponen de manifiesto una intensa fragilidad en todos los países y sistemas. El futuro del movimiento de derechos humanos depende de que prioricemos una educación en derechos humanos que prepare a los profesionales para estar a la altura de estos desafíos.   

El movimiento de derechos humanos ha sido objeto de críticas basadas en principios y ataques políticos con los que ya está familiarizada la comunidad. Antes de la pandemia de COVID-19 y del surgimiento de un movimiento por la justicia racial que se extendió por las calles de los EE. UU. y el mundo, se estaba llegando al consenso de que convenía reformar o redefinir el campo de los derechos humanos, en lugar de rechazar el paradigma por completo. 

Sin embargo, nuestra situación actual exige una estrategia más audaz y progresista que otorgue un papel central a la educación y la preparación profesional para el trabajo de derechos humanos, temas que quedan con demasiada frecuencia en la periferia. Exige que los educadores y académicos —en colaboración con los activistas, instituciones, empresas y organizaciones— cambien, profundicen y amplíen los enfoques e inviertan recursos en educar y capacitar a la próxima generación de profesionales de derechos humanos.  

El momento actual ilustra perfectamente la vigencia del paradigma de que los derechos humanos son normativos, no discriminatorios, universales e indivisibles. Por ejemplo, la crisis de COVID-19 muestra día a día que los derechos a la salud, al empleo, al voto y a la libertad de asociación, expresión y medios se manifiestan de maneras interrelacionadas e interdependientes. La pandemia global afecta a todas las personas y exhibe de manera contundente las repercusiones de la discriminación histórica y las desigualdades persistentes.  

En última instancia, la educación en derechos humanos busca crear una cultura de respeto de los derechos humanos mediante la transmisión de conocimientos, aptitudes y valores, o predisposiciones. Esta serie se centra en la preparación profesional y de educación superior para convertirse en profesionales de derechos humanos, lo que incluye a las personas que trabajan en causas y organizaciones que promueven los enfoques basados en los derechos o los resultados en materia de derechos y justicia, ya sea a nivel local, nacional o internacional. En este ámbito, hay una necesidad imperiosa de cambiar de forma más intencionada la oferta actual de educación y preparación.    

En primer lugar, la comunidad debe ir más allá de la educación y los enfoques jurídicos formales. Aunque son importantes, en general se reconoce que los tribunales y los procesos jurídicos son insuficientes para lograr la plena efectividad de los derechos humanos. Sin embargo, en la educación superior, aún hay pocos programas educativos de derechos humanos fuera del ámbito jurídico. En los EE. UU., por ejemplo, hay ocho universidades que ofrecen una carrera de estudios de derechos humanos como programa multidisciplinario; existen unos cuantos programas de maestría y casi ningún programa específico de doctorado. En general, el sector académico sigue dividido y anquilosado. Los programas interdisciplinarios existentes enfrentan obstáculos para la financiación, el reconocimiento y la profesionalización del profesorado —elementos que corresponden al dominio de las disciplinas académicas tradicionales.

Cada vez es más evidente que el cambio cultural y político está impulsado por movimientos sociales de base que desafían al poder y galvanizan el apoyo y la cultura populares. 

Por otra parte, el aprendizaje sobre derechos humanos ha estado casi completamente ausente de disciplinas tradicionales como ciencias, estadística, informática e ingeniería. Concebir el campo de una manera más amplia, que incluya los temas de la destrucción ambiental y el cambio climático, la administración de cadenas de suministro y los derechos laborales, implica que cada vez es más necesario que se incorporen científicos, estadísticos, ingenieros y tecnólogos a las filas de los trabajadores de derechos humanos. Para lograrlo, se podrían ofrecer asignaturas secundarias, certificados y pasantías especializados, y otras oportunidades para quienes estudian estas disciplinas.     

En segundo lugar, la práctica de derechos humanos se ha basado principalmente en tratar de generar cambios a través de instituciones nacionales y globales, y agrupaciones de la sociedad civil estructuradas y de élite. Cada vez es más evidente que el cambio cultural y político está impulsado por movimientos sociales de base que desafían al poder y galvanizan el apoyo y la cultura populares. Como demuestran las protestas mundiales del movimiento #BlackLivesMatter, los movimientos populares y sociales amplios utilizan la tecnología y las nuevas infraestructuras y tácticas de organización. 

Los futuros profesionales necesitan una formación que les permita desarrollar infraestructura y capacidades de organización social, así como una predisposición a colaborar con otros movimientos y actores nuevos, basándose a menudo en las realidades locales y los procesos de cambio a nivel micro. Las instituciones nacionales y globales pueden actuar como facilitadoras al apoyar estos procesos de cambio. Los movimientos de ciudades de derechos humanos y ciudades CEDAW en los EE. UU. son ejemplos recientes de esta clase de estrategia.  

En tercer lugar, los jóvenes profesionales deben estar preparados para crear y utilizar nuevos métodos de activismo y de política prescriptiva, que vayan más allá de las estrategias tradicionales de monitoreo y denuncia de violaciones. Este cambio requiere nuevas capacidades para formular narrativas positivas sobre los derechos humanos e integrar la creatividad en las campañas mediante la colaboración con las artes y los medios de comunicación para moldear la cultura y la imaginación. Las vías de formación tradicionales no han incluido esfuerzos específicos para cultivar la flexibilidad, la resiliencia, la innovación y la creatividad. Los defensores de derechos humanos no se han atrevido a generar soluciones de política a problemas complejos. Impartir conocimientos específicos sobre el pensamiento de sistemas y su aplicación, así como el análisis de la economía política, a los futuros profesionales puede prepararlos para que formulen políticas prescriptivas para el cambio.  

En cuarto lugar, el campo de derechos humanos aún tiene mucho por hacer en términos de lidiar con el alcance del poder empresarial y la globalización económica y abordar la función de los actores no estatales. Para lograr resultados favorables para los derechos humanos, es preciso reconfigurar los espacios laborales, empresariales, fiscales y económicos para hacer frente a las desigualdades. Las tendencias actuales en el sector privado, donde se han adoptado estándares globales y universales basados en los derechos humanos, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible, han abierto las puertas a nuevas normas y vocaciones relacionadas con los derechos humanos en la esfera empresarial. Los nuevos modelos de negocio para la acción, como las empresas sociales, aumentan el potencial para crear organizaciones de derechos humanos más autosostenibles, aunque también suponen riesgos de captura y apropiación. Hay que poner énfasis en un aprendizaje que promueva la familiaridad con el desarrollo sostenible, las empresas, las políticas fiscales y la economía y que ofrezca experiencias y pasantías para los jóvenes profesionales en diversas estructuras organizativas y métodos de trabajo, como el trabajo en los laboratorios de innovación.   

En quinto lugar, las tecnologías en rápida evolución (como las redes sociales y otras plataformas, tecnología geoespacial, inteligencia artificial, cadenas de bloques) y los métodos alternativos de financiamiento —que suelen ser propiedad del sector privado u obtener recursos de y a través de este— afectan y suponen un reto para los resultados de derechos humanos. Aumentan las herramientas a disposición de los gobiernos y los poderosos para violar los derechos humanos, a la vez que revelan nuevas vías para la protección de esos derechos. Los profesionales de derechos humanos necesitan adquirir habilidades y herramientas tecnológicas para impulsar el activismo, el financiamiento, la investigación y la prevención, y para contribuir a la toma de decisiones de regulación y gobernanza con respecto a la función de la tecnología, la mano de obra y las empresas tecnológicas en la sociedad.  

Por último, el poder y el privilegio han condicionado a la comunidad de derechos humanos en sí. La economía global y las desigualdades de poder, fundamentadas en el colonialismo y otras injusticias históricas, se entrecruzan con varias identidades lingüísticas, étnicas, raciales y de género y con los grupos indígenas de diversos espacios y países. Los grupos privilegiados, principalmente de personas blancas o de ascendencia europea, de sexo masculino y de países ricos, han controlado las narrativas de derechos humanos, sus prioridades y su financiamiento, lo que ha debilitado a las organizaciones y activistas interseccionales y de base, y fracturado las comunidades de derechos humanos. Los nuevos profesionales deben contar con la humildad y los conocimientos específicos en materia de investigación y teoría organizativa necesarios para desplazar de manera deliberada el poder y los recursos mediante enfoques de colaboración nuevos y más transformadores, como los procesos participativos de investigación, otorgamiento de donativos o inversión de impacto. 

Para educar y preparar adecuadamente hoy a los profesionales de mañana, se necesita atención, recursos, modelos nuevos e innovación. En estos momentos de intensa incertidumbre en todo el mundo, es imperativo que el campo de derechos humanos responda con rapidez a las circunstancias que impulsan estas tendencias negativas para los derechos humanos. Sin embargo, centrarse únicamente en respuestas a corto plazo podría tener consecuencias perjudiciales de gran alcance para la pertinencia y relevancia continua de los derechos humanos. Es importante brindar una educación de largo plazo, que amplíe y profundice las prácticas de derechos humanos.

 

ORIGINALLY PUBLISHED: September 1, 2020

Shelley Inglis es directora ejecutiva del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Dayton y profesora de derecho y derechos humanos.


 

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