Las elecciones metodológicas en la investigación sobre derechos humanos son políticas, no solamente técnicas

Los métodos que utilizan los defensores y los investigadores de derechos humanos determinan qué injusticias vemos y priorizamos, por lo que la metodología es mucho más que una simple elección técnica.


By: Allison Corkery 
December 21, 2017

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¿Cómo podemos cambiar y entender mejor las estructuras socioeconómicas que son la causa fundamental de tantas violaciones de derechos humanos? Esta se ha convertido en una pregunta casi existencial para el movimiento de derechos humanos y ha sido un tema recurrente en varios debates de OpenGlobalRights sobre cómo enfrentar la creciente desigualdad; afrontar los sistemas socioeconómicos sesgados; contrarrestar el populismo; acabar con la caricatura de un  movimiento elitista y alejado de la realidad, y abordar las fisuras geográficas que existen dentro del movimiento.

Esta pregunta tiene una enorme dimensión metodológica, que a menudo se descarta porque se le considera demasiado complicada; pero la anterior es una profecía que acarrea su propio cumplimiento, ya que entonces no se estudia lo suficiente o, incluso, se pasa completamente por alto. Sin embargo, incorporar nuevas voces y fomentar ideas innovadoras debe ser una de nuestras mayores prioridades en la comunidad de derechos humanos, si es que queremos superar la crisis de confianza que parece estar viviendo el movimiento.

En primer lugar, los métodos que utilizamos determinan qué injusticias vemos, y priorizamos, como violaciones de derechos humanos. En su mayor parte, los métodos centrados en la documentación de sucesos —una serie de desalojos forzosos o casos de ejecuciones extrajudiciales, por ejemplo— siguen dominando el campo de la investigación sobre derechos humanos. Pero los métodos con base en sucesos limitan nuestra capacidad para ver más allá de cadenas causales relativamente simples. Algunas de las injusticias más crónicas y generalizadas —como la pobreza, el desplazamiento, la corrupción, las condiciones de trabajo precarias, la destrucción del medio ambiente y la restricción del espacio cívico— afectan una amplia gama de derechos, pero no encajan en este encuadre. El movimiento de derechos humanos puede y debe contribuir a enfrentar estas injusticias sistémicas. Sin embargo, para ser una voz relevante, tenemos que ampliar nuestro encuadre más allá de las obligaciones negativas de respetar los derechos humanos.

Sin embargo, para ser una voz relevante, tenemos que ampliar nuestro encuadre más allá de las obligaciones negativas de respetar los derechos humanos.

Aprovechar los métodos que se utilizan en el análisis de políticas públicas es un punto de partida útil. En esencia, el análisis de políticas con base en los derechos implica traducir las normas que sustentan las obligaciones positivas en criterios más concretos, objetivos y medibles. De esta manera, los investigadores pueden determinar el efecto de las políticas de distribución de recursos, tanto dentro como entre los países, en la realización de los derechos. En el ámbito de los derechos económicos, sociales y culturales, ya se ha reflexionado mucho al respecto. Por ejemplo, el Centro por los Derechos Económicos y Sociales (CESR, por sus siglas en inglés) desarrolló un marco analítico que agrupa las normas de derechos humanos en cuatro dimensiones: resultados, esfuerzos de política, recursos y evaluación (OPERA, por sus siglas en inglés). Esto ayuda a medir cada dimensión de forma más sistemática. Como se muestra en una reciente serie de casos de estudio, el encuadre multidimensional puede ayudar a los investigadores a articular las cadenas causales complejas entre las políticas mal diseñadas, financiadas o implementadas y las violaciones estructurales de derechos.

En segundo lugar, si no ampliamos nuestros métodos de investigación, no podremos reunir los tipos de evidencia necesarios para fundamentar las afirmaciones sobre violaciones estructurales de los derechos humanos. Para lograrlo, es posible incorporar una gran variedad de métodos, de una amplia gama de disciplinas. Los datos cuantitativos constituyen una herramienta clave, ya que pueden mostrar tendencias y patrones que ayudan a desacreditar mitos, poner al descubierto los supuestos ideológicos y revelar nuevas perspectivas sobre la relación entre las políticas inequitativas y los resultados injustos en materia de derechos humanos. Los datos sobre finanzas públicas desempeñan un papel esencial para analizar de qué manera la distribución de recursos ayuda o dificulta la realización de los derechos. Por ejemplo, en España, el CESR utilizó los datos del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda para calcular que si España redujera su economía sumergida en tan solo 10 puntos porcentuales (de acuerdo con los estándares de la UE), podría generar ingresos superiores al total de los cortes presupuestarios del 2012. Este fue un argumento poderoso para contrarrestar la narrativa dominante de que la austeridad era inevitable.

Hay un gran margen para la innovación metodológica en el uso de los datos. Por un lado, la cantidad de bases de datos de código abierto a gran escala está creciendo a un ritmo notable. Por otro lado, las tecnologías innovadoras basadas en la red y en dispositivos móviles están acelerando la difusión de las iniciativas de recopilación de datos de ciudadanos. Pero para fomentar esta innovación, es necesario impulsar la alfabetización y las prácticas responsables en el uso de datos. Experimentamos esto cuando trabajamos con la Initiative for Social and Economic Rights (Iniciativa por los Derechos Sociales y Económicos) en Uganda. Las estadísticas oficiales mostraban una reducción impresionante de la población que vive por debajo del umbral nacional de pobreza. Sin embargo, una vez que encontramos la definición de este indicador, quedó claro que no concordaba con las definiciones internacionales: utilizando estas últimas, casi dos tercios de la población aún se considerarían pobres.

En tercer lugar, si no colaboramos entre disciplinas, tenemos una capacidad limitada para traducir los hallazgos de la investigación en un activismo con base empírica. La “teoría del cambio” detrás de la defensa de los derechos humanos centrada en la estrategia de la “denuncia y el descrédito” suele ser lineal: al exponer las violaciones, las personas responsables se verán presionadas a cambiar. Pero ejercer la presión suficiente para influir en el cambio de políticas a nivel sistémico no es un proceso lineal en absoluto. Los métodos de teoría social, que cada vez se utilizan más en el campo de desarrollo para comprender cómo ocurren los cambios, pueden ser especialmente útiles en este tema.

Flickr/Fatimeh Nadimi/(CC BY-NC-ND 2.0-Some Rights Reserved)


La diversidad y el dinamismo de las personas, los grupos, las organizaciones y las redes que constituyen el movimiento de derechos humanos son una ventaja tremenda. Gracias a estas características, el movimiento de derechos humanos puede involucrar a las numerosas instituciones que conforman el ecosistema de la rendición de cuentas en materia de derechos humanos: ya sean legales, administrativas, políticas o sociales; formales o informales; o de alcance local, nacional, regional o internacional. Pero para involucrar a estas instituciones de manera efectiva, tenemos que buscar maneras más creativas de utilizar la evidencia.

Una vez más, los datos pueden ser la herramienta clave, aunque hay implicaciones de poder en esta clase particular de “producción de conocimientos”. Junto con técnicas de narración que les den significado, los datos pueden conmover a públicos distintos, e incluso movilizarlos. En particular, las herramientas de visualización de datos contribuyen cada vez más a que la información compleja se pueda comunicar de forma rápida y clara, lo que nos permite contar relatos más convincentes sobre las violaciones de derechos derivadas de las injusticias estructurales.

A pesar de su importancia, la metodología de la investigación es un tema que difícilmente causa entusiasmo. Las conversaciones sobre metodología pueden volverse técnicas con gran rapidez. Temas como los indicadores, los puntos de referencia, las estadísticas y el análisis presupuestario se suelen percibir como abstractos, complejos o ajenos a la lucha por el cambio social. Pero nuestras elecciones acerca de los métodos que utilizamos para hacer nuestro trabajo son políticas, no solamente técnicas. Un primer paso fundamental para ver esto con más claridad es popularizar el tema de los métodos de investigación, más allá del grupo relativamente pequeño de profesionales y académicos que lo abordan en la actualidad.

La investigación metodológica ha recorrido un largo camino desde los tiempos en que implicaba una difusión unidireccional, de arriba hacia abajo, de herramientas uniformes del Norte al Sur global. Pero debemos reconocer aún más la diversidad de métodos innovadores que están ideando las personas, en una amplia gama de contextos, a fin de utilizar las normas de derechos humanos para articular, debatir y tomar medidas sobre los problemas estructurales que más les preocupan. Esto, a su vez, puede ayudar a expandir los canales de colaboración dentro del movimiento de derechos humanos, y más allá del mismo, para fomentar una apreciación compartida del valor de la investigación en el trabajo de defensa y promoción. Este cambio también podría estimular la experimentación con nuevas maneras de combinar los conocimientos localizados y de primera mano con la pericia de los especialistas. Finalmente, podría facilitar el intercambio y el aprendizaje entre pares para ir más allá de los síntomas y llegar a las causas fundamentales de la injusticia socioeconómica.


Allison Corkery es la directora del programa de Reivindicación de Derechos y Rendición de Cuentas del Centro por los Derechos Económicos y Sociales (CESR).

 
 


 

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