Lo que se necesita para salvar la brecha entre el sector empresarial y los derechos humanos

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Image by Pexels from Pixabay 


Había doce personas alrededor de la mesa en una reunión en 2015. Cuatro eran representantes internacionales de la industria militar y de seguridad privada, cuatro eran diplomáticos de diferentes naciones y rangos y los cuatro restantes procedían de organizaciones de la sociedad civil de diferentes regiones. Lo que les separaba era algo más que una mesa, tres idiomas y dos intérpretes dentro de una cabina aislada. ¿Cómo fue posible que todas las partes fueran capaces de debatir juntas las cuestiones relacionadas con los derechos humanos, los conflictos militares, las empresas de seguridad y los negocios responsables?

De alguna manera, la conversación funcionó. Se necesitaron años de interacciones y trabajo duro pero, con el tiempo, las partes desarrollaron un profundo respeto mutuo, a pesar de sus diferencias; un compromiso compartido para hacer avanzar los derechos humanos en uno de los sectores empresariales más delicados que existen; un compromiso sustentado en el reconocimiento de que tenían papeles diferentes pero complementarios que desempeñar en esa misma mesa; y una comprensión de la necesidad de reconocer la existencia de cada uno para poder lograr un cambio sistémico en una realidad ya configurada antes de que entraran en esa sala de juntas.

Crear confianza y una narrativa común para entablar una conversación constructiva es extremadamente difícil. Hay quien sostiene que una relación de confianza entre la sociedad civil y las empresas privadas no sólo es imposible, sino que tampoco es deseable; que la buena fe no se encuentra en ninguna parte de los sectores empresariales en los que pueden producirse, y se producen, violaciones de los derechos humanos.

Afinar nuestras herramientas para el cambio

Ya han pasado diez años desde la adopción de los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos. En el ISHR hemos invertido innumerables horas en conversaciones con empresas privadas, la sociedad civil y los reguladores sobre su aplicación, así como sobre la necesidad de colmar los vacíos normativos, en especial en lo que respecta a la protección de los defensores de los derechos humanos.

La promulgación de leyes a nivel regional y nacional que exigen a las empresas la diligencia debida en materia de derechos humanos, como la recién propuesta Directiva de la UE sobre la diligencia debida en materia de sostenibilidad de las empresas, así como las negociaciones sobre un tratado internacional vinculante sobre empresas y derechos humanos, crean una oportunidad para que las ONG sean creativas, ambiciosas e innovadoras a la hora de poner a prueba nuevas estrategias de defensa para cambiar la conducta de las empresas y promover los derechos humanos.

A pesar de un entendible legado de desconfianza entre la sociedad civil y las empresas, existe un impulso para que las organizaciones de derechos humanos se comprometan de forma productiva con las empresas, los inversores responsables y otros actores privados que tienen un poder de mercado y una influencia cada vez mayores, y que están sujetos a la nueva legislación en materia de derechos humanos. Como escribimos, las empresas globales se están convirtiendo en actores cada vez más relevantes en los conflictos internacionales. En otras palabras, las empresas podrían convertirse en poderosas aliadas a la hora de hacer avanzar las agendas de los derechos humanos ante los gobiernos o ante la opinión pública.

Perdidos en la traducción

No es un misterio que las empresas y la sociedad civil hablan lenguajes diferentes y se comprometen desde perspectivas radicalmente distintas cuando se refieren a cuestiones de derechos humanos.

Es cierto que el activismo empresarial va en aumento, y algunas empresas ahora apoyan causas y campañas importantes como los derechos de LGBTQ+, el antirracismo, la igualdad y la no discriminación. Sin embargo, las empresas no están fundadas para promover y proteger los derechos humanos, aunque deseemos lo contrario. En cambio, las empresas ven las cuestiones de derechos humanos a través de la lente de sus modelos productivos y empresariales. Esto no significa que los trabajadores o las empresas no se preocupen por los derechos humanos. Sí les importan, sobre todo en determinados sectores y culturas empresariales.

Como sociedad civil, tenemos que identificar y comprender la mejor manera de involucrar a nuestros objetivos y audiencias estratégicas. Si queremos atraer de forma constructiva a las empresas, las asociaciones empresariales o los inversionistas en cuestiones de derechos humanos, debemos reconocer quién es nuestro interlocutor. La actividad principal de las empresas es el punto de partida para analizar cualquier cuestión de derechos humanos: su negocio, su gente, sus clientes y su cadena de suministro.

Las empresas tienden a centrarse en la identificación y mitigación de riesgos. Cada vez se reconoce más que los defensores de los derechos humanos pueden desempeñar un papel fundamental a la hora de dar la voz de alarma acerca de los problemas existentes en las operaciones o la cadena de suministro de una organización. En general, el “lenguaje de la ONU” no funciona con las empresas. La sociedad civil debe evitar la jerga cuando se relaciona con los círculos empresariales. Los representantes de las empresas buscan ejemplos y claridad sobre qué cuestiones de derechos humanos preocupan y cómo son relevantes para sus operaciones.

Los derechos humanos en las empresas privadas

La sociedad civil no debería sentirse bien de manera automática por el hecho de que una empresa tenga una persona con “derechos humanos” escrito en su título. Por desgracia, esto suele significar que el puesto se creó con fines de cumplimiento o de gestión de la reputación, para tratar con discreción las cuestiones de derechos humanos o entablar (léase: gestionar) las relaciones con la sociedad civil. Por el contrario, las empresas que se toman en serio los derechos humanos integran el tema en todas las funciones y departamentos, y trabajan para incluir los derechos humanos en el espíritu de la empresa.

Para lograr el cambio, la sociedad civil debe esforzarse por comprender mejor la complejidad de una empresa concreta, su sector económico, su actividad, su gobierno interno, sus valores corporativos y su cultura.  Cada empresa tiene sus propios sistemas y estructura, y avanza en su camino hacia los derechos humanos de forma diferente.

A nivel micro, los antecedentes individuales, las conexiones y las motivaciones del personal de derechos humanos dentro de la empresa tienen una gran influencia en la forma en que se impulsan las cuestiones en una empresa. A nivel sistémico, las ONG deben comprender el funcionamiento de las empresas, la economía, la inversión y el comercio internacionales. 

Lecciones aprendidas y cicatrices recibidas

Para las ONG que consideren la posibilidad de comprometerse con los actores empresariales como táctica de defensa de los derechos humanos, y no serán ni deberían ser todas las ONG, el ISHR ve riesgos que hay que evitar y oportunidades que hay que aprovechar mientras seguimos aprendiendo cada día.

La sociedad civil debe entender y utilizar el mercado. Dado que las empresas deben cumplir la normativa sobre derechos humanos y sostenibilidad, las ONG y los defensores pueden convertirse en piezas clave en los procesos de evaluación de riesgos o de diligencia debida, para influir de manera directa en el comportamiento de las empresas. Tenemos que conocer al “enemigo” y conocernos a nosotros mismos. Como sociedad civil, debemos desarrollar nuestra capacidad técnica para entender y aprovechar los negocios, la economía, la inversión y el comercio internacionales. No cambiaremos la dinámica empresarial si no la entendemos.