Construcción ascendente versus filtración descendente: los derechos humanos en el Sur de África

¿Hacemos efectivos los derechos humanos promulgando tratados autorizados a nivel legislativo o trabajando a nivel de base? La historia y la cultura de cada país pueden allanar el camino.


By: Kristi Heather Kenyon
November 16, 2017

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Los derechos humanos suelen estar representados por un régimen internacional inflexible y muy técnico, que proclama la universalidad, pero se basa principalmente en las élites. Sin embargo, los derechos humanos están arraigados en experiencias individuales ubicadas en lugares, tiempos, contextos y culturas específicos. Los intentos de vincular estos dos mundos dependen en gran medida del efecto de “filtración” de los tratados escritos principalmente en idiomas coloniales del Norte global. Este enfoque supone que el conocimiento existe en ciertos lugares y no en otros, que se basa en la educación legal o el servicio político en lugar de la experiencia vivida, y que fluye en una sola dirección. ¿Qué sucede si revertimos este flujo? ¿Cómo se podría transformar el enfoque sobre los derechos humanos globales si pasamos de la “filtración descendente” a la “construcción ascendente”?

"¿Los activistas locales en Botsuana y Sudáfrica entienden los derechos humanos de formas similares o diferentes a las del régimen internacional de derechos humanos?"

En lugar de centrarse en la ONU, mi investigación pregunta: ¿los activistas locales en Botsuana y Sudáfrica entienden los derechos humanos de formas similares o diferentes a las del régimen internacional de derechos humanos? Como sostiene Nat Kendall-Taylor, necesitamos “formas de entender cómo piensa la gente sobre los asuntos de derechos humanos” que sean mejores y más detalladas, y como han señalado Carla Sutherland y otros autores, tenemos muy poca información sobre estas “formas de entender” particularmente en los contextos africanos. Botsuana y Sudáfrica son casos importantes para examinar, dado que comparten algunos idiomas y grupos culturales pero tienen historias y escenarios políticos muy diferentes. Para explorar la manera en que estas distintas influencias afectaron la comprensión de los derechos humanos, me centré en organizaciones activistas que se identifican como basadas en los derechos humanos, ya que han dedicado la mayor parte del tiempo a analizar y negociar los derechos humanos en sus contextos locales. A fin de evaluar cómo funcionan los derechos humanos en la práctica, realicé de 5 a 10 entrevistas con el personal de cada una de las cinco organizaciones locales. Las entrevistas incluyeron preguntas abiertas, asociación de palabras y estimulación fotográfica. A continuación se discuten los resultados de las entrevistas con dos agrupaciones de promoción de derechos humanos de alto perfil: Botswana Network on Ethics, Law and HIV/AIDS (BONELA) (Red sobre Ética, Derecho y VIH/SIDA de Botsuana) y SECTION27, llamada así por la sección sobre derechos de salud y educación de la Constitución Sudafricana.

Mientras que el régimen internacional ubica los derechos humanos en las leyes y los tratados, los encuestados de BONELA apenas mencionaron la legislación estatal y en cambio hablaron de los derechos humanos como algo inherente a “ser humano”; en otras palabras, se trata de quién eres y no de cosas que tienes. Para los encuestados de BONELA, los derechos humanos son eternos, algo que siempre ha existido y que siempre persistirá. En lugar de fijarse en las convenciones internacionales, ubicaron las raíces de los derechos humanos en los valores culturales de Botsuana, a menudo traduciendo el concepto a través del principio local de botho (“condición de ser humano“), refutando así las alegaciones de que los derechos humanos son un concepto extranjero. Entendían los derechos como parte de la comunidad y como algo que se disfruta a través de experiencias de pertenencia e inclusión. También se describió la observancia como una cuestión centrada en las personas y no en las instituciones. En palabras de uno de los encuestados: “Creo que en realidad somos nosotros mismos, como individuos y comunidades, los que hacemos cumplir los derechos humanos”.

Kristi H. Kenyon (All rights reserved)

Reflecting the historical and contemporary inequalities in South Africa, for SECTION27 respondents, rights equal equality.


En contraste, reflejando el contexto político sudafricano, los encuestados de SECTION27 entendían los derechos principalmente como “cosas que se pueden reclamar contra el Estado” y mencionaban con frecuencia los tribunales nacionales, el gobierno, las leyes y, en particular, la Constitución de Sudáfrica inspirada por activistas después del apartheid. Sin embargo, estas codificaciones se consideraban más dinámicas y participativas que estáticas. Los encuestados de SECTION27 hablaron a menudo sobre la función de la población sudafricana para dar sentido a los derechos. Para ellos, la Constitución es un marco para la participación: “Como un libro infantil para colorear, ofrece un contorno. El hecho de llenar ese contorno de color y significado depende de la medida en que uno se relacione con el contorno y exija que se le dé alguna definición”.

Para los encuestados de SECTION27, los derechos humanos son una conversación en la que la población puede y debe participar. Como reflejo de una sociedad inequitativa, estos encuestados entendían las violaciones de derechos como experiencias de desigualdad, ya sea en relación con otros o con sus experiencias anteriores. El personal de SECTION27 también ubicó sistemáticamente los derechos humanos en el tiempo; por lo general, hablaban de un pasado en el que no se respetaban los derechos y un futuro idealizado respetuoso de los derechos humanos. A diferencia de las respuestas de los participantes de BONELA, los derechos humanos rara vez se explicaban a través de conceptos culturales; más bien, el recurso a la legitimidad jurídica tenía gran aceptación en una población diversa, así como la legitimidad histórica relacionada con la lucha contra el apartheid.

Sakiko Fukuda-Parr escribió que los derechos humanos siguen siendo significativos en el Sur global. Mi investigación sugiere que este significado difiere en aspectos importantes del régimen mundial de derechos humanos. Mientras que el régimen internacional deriva su legitimidad del universalismo, las agrupaciones que trabajan a nivel local basan su significado en entornos y prácticas específicos. A diferencia del relativismo cultural, que ve la cultura y el contexto como obstáculos a los derechos humanos, estas organizaciones utilizan su contexto para interpretar y explicar los derechos. En Botsuana, la legitimidad está ligada a la cultura, y en este contexto comunitario y de consenso, BONELA interpreta el disfrute de los derechos humanos como una cuestión de pertenencia. En Sudáfrica, la lucha contra el apartheid añade significado a la legitimidad jurídica nacional y la participación popular. Como reflejo de las desigualdades históricas y contemporáneas en Sudáfrica, para los encuestados de SECTION27, los derechos equivalen a la igualdad.

Si, como ha sostenido Stephen Hopgood, estamos presenciando los últimos días de los “Derechos Humanos” como régimen global, ¿alejar nuestra mirada de lo global nos ofrece una perspectiva útil? A pesar de las diferentes respuestas, estos dos estudios de caso muestran la resiliencia y la capacidad de adaptación a nivel local de los derechos humanos y de las personas que los defienden. En ambos casos, los encuestados interpretan los derechos humanos a través de sus contextos y vinculan el concepto con una forma de legitimidad que tiene especial relevancia en su país.

Para “construir de manera ascendente” hasta el nivel global a partir de estas características compartidas, se podría:

  • Usar terminología cultural, acontecimientos históricos y conceptos contextuales para interpretar los derechos humanos, su significado y su legitimidad.

  • Involucrar a una mayor variedad de actores en todas las etapas de creación, promoción y aplicación de tratados e iniciativas de derechos humanos (líderes tradicionales, líderes religiosos, miembros de la comunidad).

  • Descentralizar y reubicar las instituciones internacionales de derechos humanos para que haya más reuniones y sedes fuera de los centros de poder del Norte global.

  • Enfatizar y valorar la conversación y el diálogo constantes con los actores comunitarios y crear de forma deliberada estructuras dentro del sistema de las Naciones Unidas que faciliten su participación central, sustantiva y continua.

Estas sugerencias preliminares implican alejarse de las ideas arraigadas sobre cómo hacer efectivos los derechos humanos. Exigen el reconocimiento de los derechos humanos como experiencias vivas y cambiantes en lugar de normas universales codificadas. Seguir adelante con este proceso incómodo e impredecible puede ser frustrante, pero también puede revitalizar el sistema internacional de derechos humanos desde sus vibrantes pero constantemente ignoradas bases.


Kristi Heather Kenyon es profesora asistente en la Facultad Global de la Universidad de Winnipeg, becaria de investigación en el Centro de Estudios de Seguridad y Desarrollo y académica global del programa CIFAR-Azrieli Global Scholars.


 

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