Derechos y responsabilidades en la pandemia del coronavirus

Para proteger nuestro derecho colectivo a la salud en la actual situación de pandemia, necesitamos equilibrar nuestros derechos individuales con las responsabilidades colectivas.



Nathan Dumlao/Unsplash


Para implementar plenamente los derechos humanos, debemos poner más énfasis en la responsabilidad de todos los actores, y no solo de los estados, de tomar medidas en conjunto para asegurar el disfrute de los derechos.

Este argumento de mi libro recién publicado: The Hidden Face of Rights: Toward a Politics of Responsibility (La cara oculta de los derechos: hacia una política de responsabilidad), resulta ser particularmente relevante para la pandemia del coronavirus. Aún cuando todos los gobiernos tomasen medidas eficientes, si los individuos no cumpliesen también con su cuota de responsabilidad quedándose en casa y lavándose las manos, no aplanaría la curva de crecimiento del virus.

Sobre la base del trabajo de Iris Marion Young en su libro póstumo, Responsibility for Justice, en The Hidden Face of Rights sostengo que todos los actores socialmente conectados a la injusticia estructural y capaces de actuar deben tomar medidas para encarar la injusticia. Un problema con la palabra responsabilidad es que la gente a menudo la usa con el significado legal común centrado en quién es culpable. Esto es lo que Iris Young ha llamado responsibilidad retrospectiva. Ella se enfocó en una responsabilidad política que es prospectiva. Este tipo de responsabilidad no pregunta "quién tiene la culpa", sino "¿qué debemos hacer?" La responsabilidad prospectiva es necesaria para abordar la pandemia del coronavirus y pensar en qué debemos hacer en el mundo después de la pandemia. También me baso en la idea de Max Weber de la ética de la responsabilidad en La política como vocación para enfatizar que no es suficiente actuar con buenas intenciones. También debemos haber investigado sobre las formas más efectivas de actuar para que nuestros actos tengan el impacto buscado.

Aún cuando todos los gobiernos tomasen medidas eficientes, si los individuos no cumpliesen también con su cuota de responsabilidad quedándose en casa y lavándose las manos, no se aplanaría la curva de crecimiento del virus.

Este marco es útil en el contexto de la crisis del coronavirus porque involucra una serie de derechos y responsabilidades de muchos actores. Está en juego nuestro derecho a la salud, pero también el derecho a la libertad, a la libertad de movimiento, a la educación, a la información, a la alimentación y a la vivienda. A medida que los países aumentan las políticas de viajes y fronteras excluyentes, algunos de estos derechos pueden estar en peligro y los gobiernos deben lograr un equilibrio entre proteger la salud y respetar los derechos humanos, como lo reconoció el Secretario General de la OMS en su informe del 12 de marzo. Una cuarentena es una política estatal legítima en tiempos de emergencia sanitaria, pero el estado debe atender los derechos a atención médica, alimentos y vivienda adecuados de las personas atrapadas en la cuarentena.

Este equilibrio de derechos está previsto en la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), que habla de limitar derechos para "respetar los derechos y libertades de los demás." Sin embargo, la Declaración Universal de Derechos Humanos va más allá y reconoce que cada uno de nosotros tiene "deberes respecto a la comunidad" y su preámbulo convoca a todos a promover los derechos. Los redactores quisieron destacar que llevar a cabo todo el potencial de la Declaración Universal de Derechos Humanos era un esfuerzo colectivo.

Para que todos puedan disfrutar de estos derechos, todos los actores socialmente conectados al problema y capaces de actuar deben ejercer responsabilidades que no están siempre bien definidas. Para proteger nuestro derecho colectivo a la salud, tal vez necesitemos reconocer que tenemos derecho a la libertad de movimiento, pero también la responsabilidad de no viajar en ciertas circunstancias; tenemos derecho a la educación, pero también la responsabilidad de aceptar que este puede ser suspendido temporalmente o proporcionado en línea.

Las instituciones mundiales de gobierno de la salud pueden proporcionar un camino para implementar el derecho humano a la salud. Las organizaciones internacionales, especialmente la OMS, parecen haber asumido esta responsabilidad de manera impresionante en las últimas semanas. Recomiendo a cualquiera que desee estar bien informado de una manera que evite el pánico al tiempo que promueva la acción, que dedique un tiempo a la parte sobre coronavirus del sitio de la OMS. 

Para que todos puedan disfrutar de estos derechos, todos los actores socialmente conectados a este problema y capaces de actuar deben ejercer responsabilidades que no están siempre bien definidas.

Algunos países están haciendo mucho mejor trabajo que otros en el ejercicio de la responsabilidad. El caso de los Estados Unidos es especialmente preocupante, donde la acción del CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades) se ha visto obstaculizada por los instintos políticos iniciales de la administración Trump para minimizar el problema. En este contexto, una de las responsabilidades a las que dedico capítulos en mi libro - la responsabilidad de votar - se vuelve aún más importante. Los peligros de este líder nacionalista narcisista hostil a la ciencia y los hechos no podrían ser más evidentes que en el caso de una verdadera crisis internacional cuando el pobre liderazgo de los Estados Unidos es literalmente un problema de vida o muerte.

Pero las responsabilidades no terminan con los gobiernos nacionales: también existen para los gobiernos estatales y municipales, las instituciones de atención médica, los medios de comunicación, las organizaciones sin fines de lucro, las universidades y hasta para lo individual. A nivel individual, nuestras responsabilidades frente a la crisis de la COVID-19 incluyen la responsabilidad de lavarnos las manos, quedarnos en casa, cubrirnos la boca y la nariz al toser o estornudar, pero también estar informados y no entrar en pánico. ¿Quién hubiera pensado que desarrollar nuevas normas sobre el lavado de manos se convertiría en un problema de gobernanza global? Las responsabilidades individuales pueden incluir negativas a actuar, como por ejemplo negarse a acumular bienes básicos. Por ejemplo, la mayoría de las personas no necesitan mascarillas y deben dejarlas para quienes están enfermos o cuidan a personas enfermas. Pero lo más importante es que las personas no ejerzan sus responsabilidades de manera aislada, sino en coordinación con las instituciones y en conexión social con los demás, aunque cumplamos con la "distancia social" de dos metros necesarios para limitar la transmisión de la enfermedad.

Es un hallazgo constante, pero de alguna manera preocupante, de la teoría de las relaciones internacionales que el cambio de ideas e instituciones es más probable que ocurra a raíz de una crisis. Esta crisis ya está dando una respuesta nacionalista. Los Estados Unidos, por ejemplo, está adoptando políticas unilateralmente y sin ninguna consulta con otros países. Pero un enfoque prospectivo de derechos y responsabilidades sugiere que necesitamos más respuestas nacionales e internacionales bien coordinadas. Se necesita más y mejor gobernanza global para resolver la crisis de la COVID-19 y la recesión económica que podría derivar de ella. Nuestra mayor responsabilidad puede ser descubrir cómo convertir esta crisis en un paso adelante hacia la gobernanza global en lugar de en un paso que nos aleje de ella.

 

 

ORIGINALLY PUBLISHED: March 30, 2020

Kathryn Sikkink es profesora emérita Regents en la Universidad de Minnesota y la profesora Ryan Family de Política de Derechos Humanos en la Escuela Kennedy de Harvard.

 


 

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