Un genuino enfoque basado en derechos humanos para nuestro futuro postpandemia

Cuando muchos gobiernos todavía están dispuestos a entregar las vidas de los vulnerables para mantener las ganancias económicas de los más ricos, necesitamos un enfoque basado en los derechos humanos para nuestro mundo postpandémico.




En memoria del Prof. David Petrasek

La pandemia del COVID-19 ha cambiado el mundo que conocíamos. Forzó a muchos países a sumirse en crisis sanitarias, económicas y sociales. Lejos de terminar, la crisis ofrece oportunidades para que las sociedades, los estados y el mundo en general reconsideren y “reconstruyan de una mejor manera”. Hacerlo requiere ubicar a la vida humana y a los derechos humanos en el centro de las políticas públicas, las leyes, los programas y las prácticas a través de un enfoque que esté basado legítimamente en los derechos humanos.

Al reaccionar ante la pandemia, los gobiernos eligieron entre dos alternativas: introducir medidas estrictas contra el COVID -lo que precipitó una recesión económica inmediata y aguda-, o adoptar medidas laxas contra el COVID -esperando una “inmunidad colectiva” e intentando mantener la economía en movimiento-.

Bajo el escenario de las medidas estrictas, las pérdidas financieras resultantes de la desaceleración económica conducirían a menos muertes inmediatas y darían a los gobiernos tiempo para distribuir de manera pareja (equitativa) los costos económicos inminentes entre la población a través de medidas económicas de emergencia, seguidas de impuestos y políticas de recuperación. Bajo el escenario de medidas laxas, los daños económicos -supuestamente escasos- se pagarían con pérdidas de vidas en el corto plazo y con ganancias a largo plazo (eso era, por lo menos, lo que se esperaba). Estados Unidos, el Reino Unido, Suecia y Brasil, países con regímenes laxos ante el COVID-19, tienen una de las más altas tasas de muertes por millón a nivel regional y mundial; un dolor a corto plazo con el que sin duda cuentan sus gobiernos.

Mientras las vidas perdidas “de más” en países con medidas laxas anti-COVID están siendo pagadas desproporcionadamente por las poblaciones más vulnerables, los “ahorros” económicos están siendo cosechados por el 1% de la población que controla la economía. Esta distribución no solo es evidentemente desigual e injusta, sino que ignora los valores fundamentales de la dignidad humana y las normas relacionadas.

Si, en 2020, muchos gobiernos todavía están dispuestos a intercambiar la vida de los vulnerables por las ganancias económicas de los más ricos, entonces es justo preguntarse si la Agenda 2030 está moralmente en bancarrota.

Ha quedado abruptamente claro que las políticas gubernamentales en respuesta al COVID-19 han tenido efectos desproporcionados y adversos para diferentes grupos. Estas políticas han puesto al descubierto las desigualdades preexistentes y han exacerbado muchas de ellas. Las personas mayores en centros de atención a largo plazo, los individuos con discapacidad en instituciones especializadas, los pobres y los reclusos se encuentran entre las muchas personas gravemente afectadas por la propagación de COVID-19, junto con los pueblos indígenas, los migrantes, los refugiados y las minorías. Muchas mujeres fueron afectadas por la reducción de sus ingresos, el aumento de la carga familiar debido a las nuevas responsabilidades frente al cuidado y la educación de los niños, y el impacto de la violencia doméstica.

Vale la pena recordar que 2015 estuvo marcado por la adopción de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible, que proclama el gran objetivo de “no dejar a nadie atrás”. Sin embargo, la crisis del COVID-19 ha expuesto la fragilidad de esta aspiración. Si, en 2020, muchos gobiernos todavía están dispuestos a intercambiar la vida de los vulnerables por las ganancias económicas de los más ricos, entonces es justo preguntarse si la Agenda 2030 está moralmente en bancarrota.

En todo esto, los derechos humanos han sido con frecuencia una idea de último momento. Sin embargo, el corpus evolucionado de normas y estándares de derechos humanos, junto con las prácticas y opciones efectivas para la gestión gubernamental, pueden proporcionar las respuestas correctas. Para ello, los derechos humanos deben ingresar a la agenda pública como el principal marco de organización tomando la forma de un enfoque profundo y genuino basado en los derechos humanos  (EBDH por sus iniciales en español y Human Rights-Based Approach - HRBA por sus iniciales en inglés).

El EBDH no es una idea nueva. Surgió hace 20 años compartiendo algunos elementos con el enfoque de desarrollo humano de Amartya Sen y la idea de “ampliar las capacidades humanas”.

Las Naciones Unidas definen el EBDH como un marco para el proceso de desarrollo humano que se basa normativamente en estándares internacionales de derechos humanos y que está operacionalmente dirigido a promover y a proteger los derechos humanos. Bajo el EBDH, las políticas públicas y el desarrollo se conceptualizan en términos de otorgar a los individuos un conjunto de derechos humanos -una elección garantizada de oportunidades y medios para la realización personal. Esta es una obligación del estado y una función central de las autoridades públicas, con los correspondientes derechos de los individuos y de los grupos de exigir el respeto y la aplicación de sus disposiciones. Además, el EBDH exige acciones prioritarias dirigidas a los más vulnerables con el fin de cumplir con la ética de "No dejar a nadie atrás". Finalmente, el EBDH ubica a los mismos titulares de derechos al volante de la acción como los principales agentes en la formulación de las políticas y el desarrollo: “¡Nada sobre nosotros, sin nosotros!”

El EBDH puede ofrecer una dirección clara y concluyente tanto para las medidas en curso como para las posteriores al COVID-19. Proporciona orientación para la acción siendo la igualdad y dignidad los valores más altos. Dirige acciones específicas y desagregadas para incluir a los que han sido dejados atrás. Requiere que aquellos que han sido especialmente o en gran parte afectados se sienten en la mesa de toma de decisiones y co-decidan.

Desafortunadamente, en la crisis prevaleciente, el EBDH escasamente se ha aplicado en ninguno de los escenarios con medidas estrictas o laxas. Es cierto que un EBDH adoptado de manera integral implica cierta complejidad y tiempo, especialmente en lo que se refiere a la toma de decisiones participativas e inclusivas. Se ha criticado por carecer de especificidad y sistemas de medición suficientes, y por la falta de pruebas sobre su eficacia. Pero se podría argumentar que el EBDH no es más complejo ni consume más tiempo que las prácticas habituales y tiene el gran beneficio de contar con el respaldo de un corpus sustancial de normas ampliamente acordadas. Lo que falta es un esfuerzo decidido e integral en su aplicación. Por ejemplo, si el EBDH se hubiera empleado inmediatamente cuando emergió el COVID-19, las pautas de prevención se habrían implementado lo suficientemente temprano, las instalaciones de atención para personas mayores no se habrían “olvidado”, se habrían puesto en vigencia medidas especiales para aliviar las cargas familiares y la violencia doméstica, y las disposiciones económicas de emergencia habrían tenido un enfoque y un impacto diferentes.

Los derechos humanos deben ingresar a la agenda pública como el principal marco de organización tomando la forma de un enfoque profundo y genuino basado en los derechos humanos.

El EBDH no crea “nuevos” derechos humanos, no requiere de la adopción de nuevos instrumentos ni de dinero extra. Tampoco pretende ser una panacea. Más bien, se trata de infundir pleno significado y más vida a los viejos y universalmente adoptados estándares de derechos humanos y a sus promesas, trayéndolos desde los márgenes de debates especializados o slogans populares hasta la maquinaria central de toma de decisiones y gestión gubernamental global, nacional y local.

El EBDH genuino, con todos sus elementos clave: objetivos de derechos humanos, acción prioritaria en los vulnerables para “no dejar a nadie atrás”, agencia en manos de los mismos titulares de derechos ("Nada sobre nosotros, sin nosotros"), debe adoptarse en todos los niveles del gobierno. Esto implica nuevos mecanismos de toma de decisiones inclusivas y participativas, de conducta y responsabilidad, con cambios en las actitudes y en el liderazgo responsable. Conlleva un enfoque global del sistema, más que una etiqueta de “derechos humanos” o incluso  de “incorporación de derechos humanos”. El EBDH no se trata de hacer de los derechos humanos un elemento o una dimensión más de los procesos dominantes; se trata de convertirlos en el marco fundamental y en la base de todo proceso de organización y desarrollo socio-político.

El EBDH puede salvar vidas, mejorar el bienestar y contribuir a la paz y al desarrollo sostenible. Adoptado con determinación y aplicado sistemáticamente, el EBDH ayudará a cada sociedad, estado y comunidad internacional a “reconstruir de una mejor manera”. Su aplicación está en mora.

 

Muchas de las ideas de este artículo fueron inspiradas o discutidas con David Petrasek. Junto con el Prof. Packer y el Prof. Delphine Nakache, hasta sus últimos días, el Prof. Petrasek fue miembro del comité de tesis de doctorado del candidato Slava Balan. Los autores están agradecidos con el Prof. Petrasek por su dedicación y orientación cuidadosa frente al pensamiento y la investigación en derechos humanos.

 

 

ORIGINALLY PUBLISHED: July 27, 2020

John Packer es profesor de la cátedra Neuberger-Jesin en Resolución de Conflictos Internacionales de la Facultad de Derecho de la Universidad de Ottawa y director del Centro de Investigación y Educación en Derechos Humanos de la misma universidad.

Slava Balan es candidato a Doctor en Derecho en la Universidad de Ottawa.


 

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