¿Qué se necesita para reducir la dependencia de la ayuda extranjera?

Realizar inversiones modestas en la capacidad de recaudación de fondos a nivel local podría transformar la comunidad mundial de derechos humanos en una fuerza realmente sustentable y autónoma, en lugar de un sector asediado y dependiente de la ayuda extranjera.


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EFEMEX/Sáshenka Gutiérrez

Las organizaciones de DDHH en el Sur global muchas veces prefieren recaudar fondos a nivel internacional porque la lejanía de los donantes extranjeros les da autonomía. En la imagen, activistas y familiares de los 43 estudiandes de Ayotzinapa realizan una procesión en honor de los jovenes desaparecidos en 2014, en México. 


Las organizaciones de derechos humanos del Sur global dependen fuertemente de la ayuda extranjera, mientras que los gobiernos de todo el mundo están tomando medidas enérgicas contra este financiamiento. Al menos en un caso, Etiopía, estas nuevas restricciones dieron pie al colapso de todo un sector nacional de ONG de derechos humanos. Muchos países están sintiendo los efectos de la creciente oleada de presión normativa gubernamental sobre las ONG, lo que ha inspirado a los activistas y donantes a imaginar nuevas soluciones.

Hay varias razones posibles para la dependencia del financiamiento extranjero generalizada en el Sur global. En primer lugar, dados los diferenciales mundiales en materia de riqueza y divisas, a las ONG locales les resulta más sencillo solicitar aportaciones modestas del exterior que invertir la enorme cantidad de tiempo, recursos y esfuerzo que se requiere para recaudar dinero a nivel local.

La represión política también contribuye: las ONG de derechos humanos suelen operar en países políticamente represivos y, a menudo, los posibles donantes locales no se atreven a dar dinero a estas organizaciones por miedo a las represalias del gobierno. Y el miedo no es la única actitud pública que afecta el financiamiento. Algunas personas en el Sur global (y el Norte global) no se sienten atraídas a los principios de derechos humanos, por una multitud de razones, lo que se traduce en una base de donantes débil para los derechos menos populares, como los temas de la población LGBTQI.

Además, las organizaciones de derechos humanos en el Sur global muchas veces prefieren recaudar fondos a nivel internacional porque la lejanía de los donantes extranjeros les da mayor autonomía. Cuando las ONG reciben dinero a nivel local, les resulta más difícil mantenerse independientes.

Sin embargo, esta relación con los donantes extranjeros suele crear choques entre los repertorios filantrópicos en el Norte y el Sur: los donantes particulares e institucionales del Sur global suelen preferir programas y proyectos tangibles de servicios humanos —como la construcción de escuelas y hospitales, o los programas de alimentación— en lugar del trabajo de promoción y de incidencia política.

Por último, el comportamiento de los donantes extranjeros es una influencia importante. Los donantes extranjeros no dan muchos estímulos, incentivos o apoyo a las ONG locales del Sur global para que desarrollen sus capacidades de recaudación de fondos a nivel local. Los donantes extranjeros presumen que las cinco razones anteriores predominan y que, por lo tanto, la recaudación local de fondos no es realista.

Si las primeras cinco razones explican por completo la dependencia de la ayuda extranjera, no podemos hacer mucho en el corto plazo. Pero si la última razón—el comportamiento de los donantes extranjeros— explica al menos una parte de la situación, sí se puede hacer algo, y rápido. En los países en los que se puede modificar el comportamiento de los donantes —donde es posible recaudar fondos localmente— los donantes extranjeros pueden ayudar a que las ONG locales desarrollen su capacidad de recaudación de fondos a nivel local.

 

El experimento: ¿cuánto darán las personas para los derechos humanos?

En 2016, nuestro equipo de investigación obtuvo una subvención para explorar si la gente común donaría dinero a las organizaciones locales de derechos en la Ciudad de México, México, y Bogotá, Colombia. Comenzamos con una encuesta a una muestra representativa de 960 adultos en la Ciudad de México y descubrimos que, de hecho, muchas personas están dispuestas a hacer pequeñas donaciones, si se les pide de la forma correcta. Con el paso del tiempo, estas pequeñas aportaciones podrían sumar una cantidad considerable.

Obtuvimos los resultados más emocionantes en un experimento en el que nuestros más de veinte encuestadores dieron una pequeña bolsa con MXN 50 (alrededor de USD 3.5 en ese momento), en monedas de cinco pesos, a cada uno de los 960 encuestados. Dado que el salario mínimo diario en la Ciudad de México es alrededor de 72 pesos, esa cantidad no era insignificante. Les dijimos a los encuestados que podían quedarse con el dinero, pero que, si lo deseaban, podían donar una parte, o todo, a “una organización mexicana de derechos humanos”.

Para averiguar qué tipo de organización era probable que apoyara más el público, dividimos aleatoriamente a los participantes en cuatro grupos de 240; cada grupo recibió una descripción organizacional distinta. Para el primer grupo, describimos una “organización mexicana de derechos humanos” que era fiscalmente confiable, con auditorías rigurosas. Para el segundo grupo, describimos una organización altamente eficaz para cambiar leyes y políticas, poniendo de relieve su capacidad de hacer las cosas. Para el tercer grupo, describimos una ONG que había ayudado con sus problemas a un ciudadano mexicano común en específico, al que identificamos con su nombre. Para el cuarto grupo, el control, describimos una organización genérica de derechos humanos sin atributos específicos.

Los resultados fueron prometedores. En general, casi el 80 % de los encuestados donaron al menos parte del dinero a una de las “organizaciones mexicanas de derechos humanos”, y el 22 % donaron todo el dinero. La donación promedio, controlando todos los demás factores pertinentes, fue de 21.6 pesos, o el 43 % del regalo de 50 pesos que le dimos a cada encuestado.

Nuestro análisis indica que el relato de la “transparencia fiscal” tuvo el efecto más fuerte, ya que los encuestados de ese primer grupo donaron cuatro pesos más, en promedio, que la cantidad de referencia. Es importante mencionar que incluso los encuestados más pobres donaron algo de dinero. Los ricos donaron más dinero en términos absolutos, pero los pobres donaron mucho más en términos relativos, tomando en cuenta su base de activos más reducida.

No cabe duda de que recaudar fondos de donantes individuales cuesta dinero: las ONG de derechos humanos tendrían que contratar personal nuevo, crear nuevos mensajes de promoción y recaudación de fondos, entablar relaciones nuevas con la comunidad, desarrollar nuevos sistemas informáticos y contables, y mucho más. Sin embargo, los donantes internacionales pueden ayudar a que las organizaciones locales dejen de depender del extranjero al invertir precisamente en esta clase de nuevas capacidades.

 

Resultados: ¿qué están haciendo las organizaciones locales de derechos en la actualidad?

Después de que terminamos la encuesta de opinión pública, nos acercamos a la comunidad de ONG de derechos humanos en la Ciudad de México y les preguntamos si querían utilizar nuestros resultados para motivar sus propios esfuerzos de recaudación de fondos a nivel local. Al final, pudimos reunirnos en persona (o vía Skype) con 12 agrupaciones, o alrededor del 30 % de todo el sector de ONG de derechos humanos en la Ciudad de México, y muchos de los grupos locales de derechos con los que interactuamos estaban interesados en explorar estrategias de recaudación de fondos a nivel local.

Por ejemplo, una organización nos pidió que escribiéramos una nota conceptual sobre el desarrollo de capacidades de recaudación de fondos a nivel local. Después de hacerlo, trabajamos con esa ONG para redactar una propuesta de financiamiento completa, que planea enviar a un donante extranjero. Otra agrupación de derechos organizó su primer evento de recaudación de fondos para ciudadanos locales en la Ciudad de México, inspirado en nuestro trabajo.

Además, una de las principales organizaciones de derechos de las mujeres en México nos pidió un análisis demográfico de posibles donantes en la Ciudad de México. Con base en nuestro análisis, se dirigió a un subconjunto de la población —mujeres mayores en vecindarios específicos— para la venta de boletos para un evento de recaudación de fondos local. Otra ONG mexicana de derechos humanos de gran tamaño nos pidió que redactáramos una propuesta para realizar una encuesta sobre la donación filantrópica en todo México. Lo hicimos, y la organización ahora planea presentar esa propuesta a entidades específicas, como USAID, el gobierno mexicano y otras más.

Algunos integrantes de un grupo están formando su propia organización y nos pidieron realizar una reunión para hablar sobre cómo incorporar la recaudación de fondos a nivel local como parte integral de su estrategia financiera; otra agrupación nos pidió que presentáramos nuestro estudio en un taller de desarrollo institucional. Por último, un grupo nos pidió que presentáramos nuestros resultados ante otros integrantes de su organización.

 

Conclusiones

Para prosperar, las organizaciones de derechos humanos en el Sur global tienen que desarrollar una rica combinación de recursos, incluidos los fondos externos e internos. Muchas agrupaciones han pasado al menos 20 años desarrollando su capacidad de recaudación de fondos a nivel internacional; es hora de desarrollar la capacidad y los fundamentos de investigación para apoyar la recaudación de fondos en casa. Por supuesto, los recursos locales no son apropiados en todo momento, para todos los temas y en todos los lugares, pero deben ser una parte más importante del conjunto de herramientas presupuestarias de derechos humanos.


James Ron es el titular de la Cátedra Harold Stassen de Asuntos Internacionales en la Universidad de Minnesota. Es editor sénior de OpenGlobalRights y supervisa el Human Rights OpinionHub.

José Kaire es estudiante de posgrado de ciencia política en la Universidad de Minnesota. Cursó la maestría en la Universidad de Purdue y actualmente trabaja en el proyecto de Encuestas de Percepción sobre Derechos Humanos.

Archana Pandya es la codirectora de OpenGlobalRights. Supervisa y administra las operaciones de OpenGlobalRights, que incluyen publicación, difusión, seguimiento de avances, elaboración de informes y desarrollo de asociaciones.

Andrea Martínez está cursando la maestría en Derechos Humanos en la Escuela Humphrey de Asuntos Públicos de la Universidad de Minnesota. Antes de sus estudios de posgrado, trabajó durante tres años en la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, en proyectos destinados a mejorar la situación de migrantes en condiciones vulnerables.


 

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