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Nuevos rumbos en el financiamiento de derechos humanos en el Sur

Son demasiado pocas las fundaciones que apoyan a los derechos humanos en el Sur Global (paises en vías de desarrollo), y muchos de esos financiadores del norte que sí los apoyan cometen viejos errores. Sin embargo, hay nuevos actores en lugares inesperados que presentan ejemplos prometedores.


By: Christopher Harris
November 14, 2013

Es probable que la siguiente generación de fundaciones del Sur Global represente la vanguardia en materia de experimentación y aprendizaje. Una mirada a través del panorama actual del financiamiento para los derechos humanos y la justicia en el Sur Global sugiere que hay razones tanto para la decepción como para el optimismo. Para esta revisión, dejo fuera la ayuda oficial del gobierno, un tema que da mucho para discutir, y sólo observo el mundo más reducido de las donaciones filantrópicas privadas.

La mayoría de las críticas anteriores sobre el apoyo de las fundaciones en materia de derechos humanos y justicia siguen siendo relevantes. Además del verdadero problema que presenta la insuficiencia de fondos, estas críticas incluyen una preocupación sobre las estrategias de financiamiento débiles, la timidez, la capacidad de concentración reducida, la fijación con las evaluaciones, la rendición de cuentas pobre o inexistente y la ausencia de centros de investigación y aprendizaje comprometidos con el financiamiento de los derechos y la justicia.

La mayoría de los donantes que expresan su preocupación por la pobreza, la injusticia y el abuso de los derechos humanos siguen empleando estrategias que se pueden describir como ‘caridad’: financiar la prestación de servicios para reducir el sufrimiento o una injusticia inmediata. Aunque son importantes para las víctimas, estas estrategias guardan silencio sobre las causas de la injusticia, y las dejan intactas. Como resultado, los enfoques caritativos raramente enfrentan las fuentes estructurales y con frecuencia invisibles de la injusticia, ya sean legales, económicas, políticas o culturales.

Además, las fundaciones a menudo fijan plazos excesivamente cortos y tienen presiones internas para financiar algo nuevo, en vez de seguir con el mismo viejo problema. Sin embargo, si uno está interesado no sólo en documentar un abuso sino en trabajar para erradicarlo, se necesita precisamente lo opuesto. El cambio social cuesta tiempo y esfuerzo, y con frecuencia requiere adaptaciones, valoraciones y evaluaciones estratégicas. Pocas fundaciones, sin embargo, piensan en términos de décadas de apoyo en vez de ciclos anuales.

Otro problema son los esfuerzos, a menudo erróneos, de las fundaciones para medir el nivel de éxito, y una atracción aparentemente ciega hacia las mediciones. Sin duda, la medición y comprensión del éxito pueden ser herramientas exitosas para aprender y corregir. Aun así, la mayor parte del trabajo actual de evaluación centra su atención en temas administrativos y financieros, no mide el impacto social y es profundamente oneroso. Más aún, pocas fundaciones tienen mecanismos de aprendizaje eficaces.

La responsabilidad de los donantes es otro enorme vacío. Un ejemplo mencionado con frecuencia es el de la Fundación Gates, cuyos activos superan el producto interno bruto de 40 de las 52 naciones africanas, pero que sólo responde a tres fideicomisarios, Bill y Melinda Gates y Warren Buffet, ninguno de los cuales es africano. La mayoría de los fondos para los derechos humanos en el Sur Global aún provienen del Norte. Como resultado, ahí es donde los donantes toman la mayoría de las decisiones sobre cómo se plantean los asuntos y sobre la elección y el despliegue de los métodos, frecuentemente sin escuchar voces provenientes de las regiones en las que se hará el trabajo. Aunque es cierto que se debe tener cuidado para no excederse en la reglamentación de las fundaciones y restringir indebidamente sus capacidades creativas, aún hay margen para la creación de reglas más razonadas sobre la administración y la rendición de cuentas. Esto es particularmente cierto ahí donde hay una cantidad tan enorme de poder y riqueza (que ahora es pública) concentrada en las manos de unos cuantos.

Entonces, ¿cuáles son las buenas noticias sobre el financiamiento internacional para los derechos humanos? Hay algunas tendencias emocionantes que vale la pena mencionar, incluyendo nuevos donantes, tipos diferentes de donantes y nuevas redes para fortalecerlos.

En las últimas dos décadas, el panorama de las fundaciones internacionales ha cambiado profundamente, y ahora hay muchas fundaciones nuevas con sede en, y originarias de, el Sur Global. Instituciones nuevas como TrustAfrica (Senegal) y el African Women's Development Fund (Ghana) ahora se dirigen a África, desde África. Aunque siguen dependiendo fuertemente del financiamiento extranjero, estos grupos cada vez recaudan más dinero de parte de los donantes africanos, incluidos los individuos, los grupos de la sociedad civil y las corporaciones. Por ejemplo, varias aerolíneas nacionales africanas incluyen sobres para “donar algo de cambio” en los bolsillos de los asientos. Lo más importante es que estas organizaciones donantes africanas llevan una voz diferente a la conversación entre donantes.

Senegalese citizens demonstrate for human rights in the streets of Dakar. El Korchi Abdellah/Demotix. All rights reserved. 

Cada vez son más visibles otras fundaciones independientes en África, Asia, América Latina y el Medio Oriente; aunque no todas están comprometidas con los derechos humanos y la justicia. Varios grandes fondos en el Golfo Pérsico, por ejemplo, parecen estar más interesados en comercializar el nombre del donante. Pero, en otro fascinante ejemplo, la Welfare Association en Palestina ha pasado, a través de los años, de la prestación de servicios al financiamiento de programas centrados en los derechos y la justicia. En Israel, el New Israel Fund está siendo atacado por los conservadores por su decidido apoyo a los derechos humanos y la justicia social. En la India la Dalit Foundation está dirigida para, organizar, capacitar y defender los derechos de los dalits (los llamados intocables) ante circunstancias notablemente adversas.

También ha habido un crecimiento acelerado de los fondos destinados explícitamente a los derechos humanos y la justicia. Algunos, como el Brazil Human Rights Fund y el Arab Human Rights Fund, fueron diseñados específicamente para prestar servicios a una región en particular o, en el caso del Fund for Global Human Rights, para ofrecer becas de manera más amplia. Otros, como el Astraea Lesbian Fund for Justice, que ofrece becas en 39 países, y la Santamaría Fundación GLBT en Colombia, pertenecen a un grupo cada vez mayor de fundaciones que apoyan los derechos LGBT y que se pueden encontrar en casi cada rincón del planeta.

Otra tendencia importante es el crecimiento de los fondos comunitarios a lo largo del Sur Global. A diferencia de sus contrapartes en Estados Unidos y Reino Unido, donde las fundaciones comunitarias a menudo son tímidas en materia de política, muchos de estos grupos de donantes comunitarioscontribuyen a la creación de bases electorales  entre los grupos marginados y negocian con el Estado por sus derechos. La Kenya Community Development Foundation (Nairobi), la Waqfeyat al Maadi Community Foundation (Cairo) y la Fundación Amazon Partnerships (Ecuador), entre muchas otras, representan una nueva visión para el desarrollo de comunidades más fuertes. También cuestionan muchos supuestos de la asistencia extranjera para el desarrollo, como la imposición de estrategias y problemas identificados y la falta de participación de la comunidad. La mayoría de las principales fundaciones en EE. UU. y Europa, así como la mayor parte de los organismos bilaterales de asistencia, no son conscientes de este fenómeno que va en aumento. 

Tal vez el conjunto de fondos más impresionante es el que centra su atención en los derechos de las mujeres y las niñas. Mientras que el Global Fund for Women (EE. UU.) y MamaCash (Holanda) funcionan en todo el mundo, cada vez más fondos para mujeres están anclados en las comunidades locales y nacionales. De Serbia a Mongolia y de Bulgaria a Bangladesh, la International Network of Women’s Funds (INWF) cuenta con casi 50 integrantes. Este número no incluye los fondos para mujeres en los Estados Unidos. Aunque muchos de estos fondos tienen presupuestos muy limitados, representan un nuevo movimiento de donación filantrópica. Un ejemplo particularmente impresionante es Tewa, el fondo para mujeres de Nepal, que ha recaudado fondos de más de 3,000 donantes nepalíes, la mayoría de medios muy modestos. Aunque las grandes fundaciones a menudos desprecian este tipo de donaciones pequeñas, no han comprendido la crucial importancia de desarrollar las potencias locales y el sentimiento de responsabilidad de la comunidad. Tewa y los otros fondos para mujeres están fuertemente vinculados a través de la INWF y han evidenciado un alto nivel de trabajo colectivo y aprendizaje conjunto, a diferencia de la mayoría de las fundaciones principales. En algunos casos, los fondos para mujeres forman coaliciones regionales, como en el caso de América Latina, para tratar temas comunes.

La INWF es sólo una de varias redes dinámicas de donantes que apoyan a los derechos humanos y a la justicia en el Sur Global. Estas nuevas redes tienen una vitalidad y firmeza en sus propósitos que son casi inexistentes en el Norte. Entre las excepciones se encuentran grupos como Ariadne en Europa, que se asoció con el International Human Rights Funders Group para trabajar en el financiamiento de los derechos humanos en todo el mundo. Varios grupos que se enfocan en un sólo asunto (por ejemplo, las Foundations for Peace) o que trabajan con una sola región geográfica (por ejemplo, la African Grantmakers Network) promueven la participación de sus miembros en iniciativas relacionadas con los derechos humanos, la justicia social y temas de consolidación de la paz; de esa manera, están cambiando el rol tradicional de las fundaciones.

Así, mientras algunos viejos problemas permanecen, están emergiendo donantes nuevos que tienen un compromiso explícito con la justicia y los derechos. Estos donantes cuestionan los discursos filantrópicos dominantes y, en algunos casos, experimentan con prácticas radicalmente distintas. En un ejemplo de las nuevas formas de pensar, algunos grupos están hablando en dejar de depender únicamente del apoyo de las fundaciones y ver la posibilidad de acceder a pequeños porcentajes de los flujos masivos de recursos financieros internacionales en vez de buscar subvenciones definidas. Ideas como éstas señalan el papel de la nueva generación de fundaciones del Sur como una probable vanguardia en materia de experimentación y aprendizaje.

 


Christopher Harris was Senior Program Officer for Philanthropy in the Peace and Social Justice Program of the Ford Foundation for a decade. He now works as a consultant to foundations, and works with the international Working Group on Philanthropy for Social Justice and Peace, which he founded. 

 
 


 

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