El valor de la diversidad en la creación de un cambio sistémico para los derechos humanos

El sistema de derechos humanos debe valorar y movilizar los conocimientos especializados de todos los actores, del nivel local al internacional. Este es un trabajo en curso que apenas comienza.


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La globalización ha dado lugar a una situación en la que la violación de los derechos humanos de dos personas en diferentes partes del mundo puede deberse a las acciones de una sola corporación transnacional o gobierno, con sede en cualquier parte del mundo. Como representante de la Ford Foundation para África del Sur, Nicolette Naylor declaró recientemente: “El ascenso del nacionalismo y el populismo, acompañado de las políticas de exclusión y ‘alterización’, ha llevado a la ‘alterización’ del propio movimiento de derechos humanos. Junto con estas tendencias, existen intentos deliberados de reducir los espacios de acción para la sociedad civil en el Norte y en el Sur”.

Por estos y otros motivos, Ford emprendió la iniciativa de Fortalecimiento de los Derechos Humanos en Todo el Mundo (SHRW, por sus siglas en inglés) en 2012: una inversión de cinco años y $54 millones de dólares para fortalecer y diversificar el movimiento de derechos humanos. Este año, al final de la iniciativa, Ford contrató a un equipo independiente para llevar a cabo una revisión a fin de evaluar qué logró (o no logró) la iniciativa y qué enseñanzas se pueden extraer de la experiencia.

Pixabay/Reisefreiheit_eu/(Some Rights Reserved).

The human rights movement has to more explicitly identify how to maximize the value of all players, from local to international levels.


Una de las primeras conclusiones clave fue que las agrupaciones de derechos humanos deben concentrarse en la parte del “sistema” (las políticas, prácticas o perspectivas de los gobiernos, ya sean locales o nacionales, y los organismos intergubernamentales regionales o internacionales) que es responsable del problema que están abordando, o que está en una posición óptima para influir sobre los responsables. La experiencia de la iniciativa SHRW de Ford ha demostrado que para mover una agenda, es necesario que haya un flujo bidireccional de estrategias, entre los niveles local, nacional, regional y global.

De hecho, el movimiento internacional de derechos humanos se puede traducir en términos operativos y comprender mejor como un mosaico de grupos diversos que hacen aportaciones diversas, en lugar de como una escalera en la que las violaciones ocurren a nivel local y se llevan “hacia arriba” para que las ONG internacionales busquen resolverlas a nivel internacional.

El modelo de la “escalera” solo es aplicable en situaciones en las que llevar el litigo al nivel internacional requiere agotar primero los recursos locales. En casi cualquier otra circunstancia, quién está en la mejor posición para mover una agenda y, por lo tanto, a quién hay que dirigir los esfuerzos de incidencia, es cuestión de estrategia.

Dada la pérdida general de valor moral de Occidente, ahora es más importante que nunca que las agrupaciones de derechos humanos de otras partes del mundo fortalezcan aún más su capacidad de influir sobre sus propios y otros gobiernos e instituciones regionales, así como los movimientos sociales.

A partir de las conferencias mundiales de las Naciones Unidas de la década de 1990, una amplia gama de organizaciones, incluidas las organizaciones no gubernamentales (ONG) y las organizaciones basadas en membresía que representan a diversos grupos, se han involucrado activamente en la interacción con los organismos de derechos humanos regionales e internacionales, un ámbito que anteriormente pertenecía de manera casi exclusiva a las ONG internacionales. Sin embargo, la ecología del movimiento de derechos humanos sigue dividida, ya que las ONG internacionales con sede en Occidente aún controlan la mayoría de las agendas, así como los procesos de participación de las agrupaciones nacionales en los espacios internacionales. La mayor parte del financiamiento para el trabajo de derechos humanos proviene de instituciones filantrópicas en EE. UU. y Europa, y la mayoría de los fondos para el trabajo a nivel global se dirige a las ONG internacionales con sede en Occidente.

"A medida que más agrupaciones nacionales y agrupaciones del Sur global trabajan en el ámbito global, es posible que enfrenten los mismos desafíos que enfrentan las ONG internacionales."

A medida que más agrupaciones nacionales y agrupaciones del Sur global trabajan en el ámbito global, es posible que enfrenten los mismos desafíos que enfrentan las ONG internacionales: que su profesionalización las convierta en guardianas que no dejen entrar a las perspectivas, las maneras de entender los problemas y las posibles soluciones de los grupos, las comunidades o los movimientos sociales con menos recursos. Estas ONG nacionales necesitan crear procesos que escuchen y las responsabilicen, y mantenerlos en sus métodos de trabajo.

Muchas de las agrupaciones que participaron en la iniciativa de la Ford Foundation han sido invitadas a los espacios gubernamentales, de ONG y académicos de toma de decisiones a nivel nacional, regional y global. Esto es indicativo del surgimiento de voces potentes a favor de los derechos humanos fuera de la lente occidental. Algunas agrupaciones también han establecido oficinas en ciudades donde concentran gran parte de sus actividades de promoción con la ONU. En general, las agrupaciones del Sur global han observado que tener a su propia gente en lugares como Ginebra, por ejemplo, les da una mayor ventaja estratégica que depender de la colaboración con el personal de las ONG internacionales en esos espacios. Según la experiencia de Forum-Asia, contar con una oficina también aumenta la legitimidad percibida de esas agrupaciones ante los delegados gubernamentales e incluso las ONG internacionales.

Si bien estos esfuerzos aumentan la legitimidad y el poder de las organizaciones del Sur global frente a las instituciones internacionales, también devoran recursos. De hecho, muchos de estos cambios se están logrando gracias al acceso a los recursos de esta iniciativa, que no suelen estar a disposición de las agrupaciones del Sur global. Para enfrentar este desafío, CELS y Conectas juntaron recursos para contratar a una persona que represente los intereses de sus comunidades sin establecer oficinas. Esto les ha ayudado a poner de relieve los problemas locales en tiempo real, al vincular las acciones locales e internacionales de forma simultánea, a la vez que reducen los costos.

Las instituciones regionales están adquiriendo cada vez más importancia geopolítica y necesitan la atención constante de las agrupaciones de derechos humanos. Con frecuencia, los Estados acusan al sistema internacional de derechos humanos de tener un sesgo occidental y de no entender el contexto local. En la ecología tradicional de los derechos humanos, los esfuerzos de promoción de las agrupaciones nacionales se dirigen a sus propios gobiernos y los de las ONG internacionales se dirigen a otros gobiernos. Pero la revisión de la iniciativa demuestra que las agrupaciones del Sur global, incluidas las agrupaciones nacionales de derechos humanos, están apoyando a los activistas para que desafíen el sistema en otros países sin la ayuda de ONG internacionales intermediarias.

Tanto las organizaciones beneficiarias como otros expertos argumentaron que para ser eficaces del nivel local al internacional se requieren espacios para que las organizaciones y las personas del movimiento de derechos humanos puedan llevar sus problemas, datos empíricos y experiencias al movimiento más amplio, y puedan aprender de los demás. Esto plantea preguntas acerca de cómo puede el movimiento mejorar su capacidad de aprender y compartir, dada la persistentemente desproporcionada distribución de recursos (fondos, acceso a bibliotecas, generación de conocimientos, relaciones con los medios y relaciones con los tomadores de decisiones de influencia internacional, entre otros) entre las organizaciones internacionales en el Norte global y las agrupaciones regionales o nacionales.

Es evidente que el “sistema” debe entablar una conversación más cercana con las luchas locales, para que la población local pueda utilizarlo de manera efectiva, especialmente a medida que los gobiernos de todo el mundo refuerzan su control sobre los defensores y las organizaciones de derechos humanos. Las agrupaciones que trabajan a nivel local y nacional necesitan recursos (fondos, vínculos con los medios y con los actores poderosos a nivel internacional) para que puedan pensar y formular estrategias en un contexto global; a su vez, las ONG internacionales necesitan formar alianzas significativas con las agrupaciones locales para el encuadre y el desarrollo de estrategias, y deben reconocer la posibilidad de que sus voces ya no tengan mayor peso, ni deban tenerlo, ante los gobiernos y el público en general. En conjunto, la revisión sugiere que el movimiento de derechos humanos debe identificar de manera más explícita cómo maximizar el valor de todos los actores, desde el nivel local hasta el internacional. Este es un trabajo en curso que apenas comienza.

Casi siete décadas después de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ¿el sistema internacional sigue siendo efectivo para proteger las personas más vulnerables y marginalizadas? Líderes de organizaciones de derechos humanos alrededor del mundo describen las estrategias y alianzas que están adoptando para responder a los desafíos globales actuales.

Este video es un producto de la  revisión independiente de la iniciativa global de Fortalecimiento de los Derechos Humanos en Todo el Mundo de  la Fundación Ford.


Barbara Klugman es una profesional autónoma sudafricana que trabaja en temas de evaluación y estrategias. Anteriormente, dirigió el portafolio internacional de proyectos de derechos sexuales y reproductivos de la Ford Foundation y fundó y dirigió el Proyecto de Salud de las Mujeres, en Sudáfrica. Barbara es profesora visitante a tiempo parcial en la Facultad de Salud Pública de la Universidad del Witwatersrand, Sudáfrica, y presidenta de la mesa directiva del Urgent Action Fund-Africa.

Ravindran Daniel es un abogado de derechos humanos de la India. Se desempeñó como director de la División de Derechos Humanos en las misiones de paz de la ONU en Timor Oriental, Libia y Sudán. En 1991, estableció el Asian Forum for Human Rights and Development y fue miembro del comité que inauguró la Red Internacional para los Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Denise Dora es abogada y activista de derechos humanos en Brasil. Fue miembro fundador de Themis - Gênero Justiça e Direitos Humanos en 1993 y actualmente es socia principal en un despacho jurídico especializado en organizaciones de la sociedad civil, el derecho a la igualdad y el derecho socioambiental.  Forma parte de la mesa directiva del Fundo Brasil de Direitos Humanos y Terra de Direitos.

Maïmouna Jallow es una consultora y narradora de relatos con sede en Kenia. Anteriormente, dirigió el equipo de comunicaciones regional de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el Cuerno de África y trabajó como productora y corresponsal de BBC World Service. Es cofundadora del grupo de medios Positively African.

Marcelo Azambuja es abogado y activista de derechos humanos en Brasil. Durante los últimos diez años, ha trabajado con movimientos sociales, incluido el movimiento de trabajadores rurales sin tierra y el movimiento nacional por la vivienda. Actualmente, es socio principal de un despacho jurídico especializado en la libertad de asociación y los derechos humanos.


 

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